Para quien piensa pasar de un vehículo tradicional a uno eléctrico y vive en un conjunto residencial, la transición empieza con una pregunta tan sencilla como incómoda: ¿Y dónde lo voy a cargar? En Bogotá, ciudad con más de 36.000 conjuntos de apartamentos, la respuesta es compleja, pues no basta con buscar la forma de extender un punto de la red de su inmueble, sino que se debe tener en cuenta a la asamblea de copropietarios y contemplar la capacidad eléctrica de la unidad. Si vive en un conjunto antiguo, el tema se puede convertir en una discusión entre vecinos.
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Estas situaciones ya se viven en la capital, debido a la transición hacia la movilidad sostenible. Solo en 2025 se matricularon casi 10.000 carros eléctricos, pasando de 2.826 en 2021 a 33.527 en 2026. Estos números y el ritmo de crecimiento, según la Secretaría de Movilidad, obligan a ampliar la infraestructura de recarga de la ciudad, principalmente en el norte y el centro ampliado. La situación muestra cómo el carro eléctrico está llegando más rápido que algunas soluciones, trasladando la discusión a las copropiedades, los talleres, los organismos de emergencia y las aseguradoras.
Primer lío: el parqueadero
Johan Ballesteros, CEO de Balcam, empresa que acompaña procesos de asambleas de propiedad horizontal, tiene una ventana privilegiada para mirar ese conflicto. Aunque instalar puntos de carga de vehículos eléctricos se ha vuelto una necesidad, en los conjuntos aún hay temor. Este año su compañía participó en 77 asambleas en Bogotá, en la gran mayoría se discutió el tema y en el 90 % de los casos se desestimó la propuesta con dos preguntas ¿qué pasaría si un residente instala un cargador y después otros 100? ¿la red del conjunto lo puede soportar?
El lío puede ser más complejo en edificios antiguos. Pedro Vela cuenta que en el conjunto que administra hay 426 parqueaderos privados y que un administrador anterior autorizó instalar un cargador junto a zonas comunes, sin contemplar su efecto en al resto de espacios, lo que llevó el caso a los tribunales. Claudia Espinosa, quien administra dos propiedades horizontales en el norte, resume la dificultad: Los manuales de convivencia y las reglas internas necesitan actualizarse.
Frente a estas dificultades, Vela y Espinosa dicen que hay propietarios que han optado por realizar conexiones por su cuenta. Y, si bien, en principio esto no parecería un problema, resaltan que un cableado mal dispuesto puede generar violaciones de la política interna y riesgos para los residentes. Por esta razón, la norma y las empresas especializadas en instalar estos puntos de recarga, no solo exigen la autorización de la asamblea, sino detalle para diseñar el punto.
El enchufe necesita una ciudad detrás
La discusión de los conjuntos tiene una escala mayor: cada cargador consume energía de una red que debe responder simultáneamente al crecimiento de hogares, industria y desarrollos urbanos. Pese a eso, en Bogotá todo está dado para que los carros eléctricos sigan con un crecimiento exponencial. La regulación distrital ofrece incentivos como descuentos del 60% en impuestos, en los primeros cinco años después de su matrícula, y están exentos de pico y placa.
ProBogotá proyectó que la demanda en Bogotá y Cundinamarca pasaría de 3.990 MVA en 2025 y 5.550 MVA en 2030, un crecimiento en el que la movilidad eléctrica representa el 55 %. Ante esto, ENEL tiene en marcha el plan Bogotá-Región 2030, con nuevas subestaciones, líneas de transmisión y circuitos, que en el que invirtió $1,29 billones en 2025 y en junio inició la construcción de la subestación Intexzona, en Cota (Cundinamarca), con la que, a partir de 2027, busca atender la demanda industrial de Cota y Tenjo. El trabajo apunta a mejorar la capacidad y la confiabilidad de la red en la región, acorde con las proyecciones.
Carro nuevo, riesgos nuevos
El aumento de carros eléctricos también está cambiando el mercado de los seguros. A mayo de 2026 había 45.409 vehículos eléctricos con seguro voluntario en Colombia, 81,36 % más que un año antes. En ese mismo periodo, las reclamaciones pasaron de 2.518 a 4.829 anuales, las cuales, en promedio, son 10,5% más costosas que las relacionadas con un carro tradicional.
Según, Fasecolda (gremio de las aseguradoras), la compañías están teniendo que incorporar nuevos riesgos como la combustión de baterías por sobrecalentamiento, incendios complejos de controlar, asistencia para recarga en carretera, reciclaje de baterías de litio y riesgos cibernéticos, asociados con mayor conectividad, lo que aumenta el costo de las primas. Esto obliga, entonces, a pensar en algo más que el precio de un carro y dónde cargarlo. También hay que saber cuánto cuesta repararlo, quién puede hacerlo, cómo se atiende un incendio de batería, cómo se calculan los riesgos y fijar los protocolos de atención.
La transición más allá de la compra
Todo esto, en Bogotá, tiene una particularidad: las decisiones que determinarán cómo se vive la electromovilidad se siguen tomando a pequeña escala. Si un propietario quiere instalar un cargador, una asamblea debe autorizar; el administrador debe establecer cómo se hace la conexión; una empresa de energía debe garantizar que exista la capacidad; una aseguradora calcula el riesgo, y los organismos de emergencia analizan cómo responder ante una eventualidad.
Es claro que la ciudad ya está avanzando en la adaptación. La Secretaría de Movilidad dice que trabaja en diagnósticos sobre la demanda; la cobertura de infraestructura pública, y en ampliar la red hacia zonas que con menor oferta. Señala como reto de los próximos cinco años ampliar la red, acelerar la transición tecnológica y coordinar con la Nación, empresas de energía, academia y sector privado.
Pero la discusión de los conjuntos sigue estancada, pues la tecnología avanza más rápido que las norma. Ballesteros considera que parte del problema está en que la propiedad horizontal toma decisiones con una norma desactualizada frente a nuevas tecnologías. De igual manera, menciona que se debe adoptar una política pública a nivel distrital o nacional para resolver este problema.
En este sentido, el Gobierno emitió a finales de junio una normativa que obliga a los nuevos desarrollos inmobiliarios a contemplar estas conexiones en los parqueaderos. Sin embargo, la pregunta es: ¿de dónde saldrá la energía? Por eso, el dilema que deja la llegada de los eléctricos a Bogotá empieza en un parqueadero, pero va más lejos. La ciudad está aprendiendo a convivir con una nueva forma de mover los carros y, para hacerlo, tendrá que adaptar también la forma de cargarlos, asegurarlos, repararlos y responder cuando algo salga mal.
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