Bogotá cuenta con una amplia red de humedales urbanos. Oficialmente, se han reconocido 17 reservas distritales, que están incluidas dentro de la Estructura Ecológica Principal de la ciudad. De estos, 11 cuentan con protección Ramsar.
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Los humedales son extensiones de tierra que se inundan de manera temporal o permanente, contribuyendo a la regulación hídrica de la capital. A esto se suma que estos espacios son importantes refugios de vida silvestre y aves migratorias que tienen en su paso una parada por Bogotá.
Estas son algunas cosas que tal vez no sabía de estos espacios de Bogotá. Aunque en la actualidad solo el humedal Córdoba cuenta con un circuito de senderismo, alrededor de ellos se han tejido redes comunitarias que han sido importantes para su protección.
Rastros de comunidades indígenas
Además de los hallazgos arqueológicos que se han hecho en las obras viales de la ciudad, en humedales como el Jaboque se conservan monolitos prehispánicos muiscas, que guardan evidencias de las técnicas agrícolas ancestrales.
Algo similar ocurre en La Conejera, donde se han encontrado camellones en los que los indígenas conservaban semillas. Estructuras similares se han encontrado en reservas como la Van der Hammen, en el norte de la ciudad.
Una especie extinta que fue redescubierta
Un particular hallazgo se hizo en el humedal La Conejera. Aunque se creía extinta desde 1998, en 2018 se empezaron a evidenciar ejemplares de la “margarita del pantano”, una planta de hojas largas y color verde oscuro, con bordes dentados, que tiene unas flores de color amarillo brillante parecidas a las margaritas que tradicionalmente se conocen.
Su hallazgo permitió evidenciar en los últimos años que la especie endémica ha logrado sobrevivir dentro del humedal.
El humedal más grande
Con alrededor de 225 hectáreas, el humedal de Tibabuyes (o Juan Amarillo) se extiende entre las localidades de Suba y Engativá. Además de contar con gran variedad de plantas acuáticas, es el hogar de mamíferos y aves endémicas, así como de otras migratorias como la garza azul, el chirlobirlo o el pájaro carpintero.
Por su extensión, el humedal se ha visto afectado por varios proyectos, como la construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) y de un puente en concreto, que uniría a las dos localidades y quedó a medias por el rechazo que generó el proyecto.
Espacios recuperados por las comunidades
Varios humedales como el de la Tingua Azul, que fue incluido dentro del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), o el de La Vaca, han atravesado procesos de recuperación en los que las comunidades han sido clave. En ambos fueron cruciales comunidades de jóvenes, LGTBI, ambientalistas y animalistas.
Paso importante para aves migratorias
Los humedales son importantes esponjas hídricas de Bogotá, pero además son relevantes corredores biológicos para más de 65 especies de aves migratorias (boreales y australes). Estas aves viajan miles de kilómetros prácticamente todo el año, pues se pueden ver en la ciudad entre diciembre y febrero.
Se destacan algunas como la tingua azul, el cuco americano, la tangara roja migratoria (que aparece en octubre), el gavilán aliancho y la reinita gorjinaranja (que mide 13 centímetros), entre otros.