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La Alianza Verde (la fusión del Partido Verde y Progresistas) decidirá mañana cómo va a enfrentar la carrera por la Presidencia de la República. Aunque las mayorías dan por hecho que el próximo 9 de marzo, simultánea a las votaciones al Congreso, habrá una consulta ciudadana para elegir al candidato verde, existe la posibilidad de que la mesa directiva de la colectividad termine designando de forma cerrada a su representante. Cualquiera de los dos caminos tiene serias implicaciones en el futuro político de la administración de Bogotá pues, por ahora, la destitución e inhabilidad que le impuso la Procuraduría a Gustavo Petro es uno de los temas centrales de la política nacional y, seguramente lo sea, de la batalla por la Presidencia.
Así el secretario de Gobierno de Petro, Guillermo Jaramillo, se empeñe en decir, como lo afirmó ayer en este diario, que el alcalde no está vinculado oficialmente con la Alianza Verde, está claro que el mandatario de los bogotanos sí tiene intereses en las disputas internas de ese partido. Cuando apenas era un proyecto la fusión entre Progresistas y el Partido Verde, el petrismo movió todo su poder para que en el acto de unión quedara consignado un apoyo irrestricto a la administración progresista, mientras que los antiguos verdes preferían una expresión más moderada. Finalmente, hubo un punto medio con un marcado matiz de victoria progresista.
Por ese entonces, en septiembre de 2013, todos los análisis políticos y de prensa daban cuenta de una derrota del ala de centro derecha del antiguo Partido Verde, representada en gran medida por Enrique Peñalosa. Los expertos decían que, con la fusión, Antonio Navarro y Gustavo Petro eran los grandes beneficiados, que los antiguos Progresistas habían colonizado el partido y que de ahora en adelante actuarían como jefes de partido. Sin embargo, hoy ese análisis perdió toda validez. Peñalosa parece ser el único candidato fuerte para entrar en la carrera presidencial, aunque John Sudarsky y Camilo Romero sostengan lo contrario y se autoproclamen figuras viables.
El pasado domingo, en entrevista con este diario, Enrique Peñalosa dijo: “Soy el único que cumple con los requisitos para ser candidato de la Alianza Verde”, el único que tiene más del 10% de imagen positiva en las encuestas. Una opinión que ha sido validada por figuras de la mesa directiva del partido que dicen que esperar a una consulta en marzo le restaría tiempo vital de campaña al partido. Pero ni Sudarsky ni Romero dan por hecho que esa afirmación sea cierta y dicen tener más del 10%, lo que, según los acuerdos a los que llegó el congreso verde de septiembre, los convierte en candidatos válidos.
Para Romero, las condiciones para una consulta abierta están cumplidas. “Espero que podamos ir a consulta el 9 de marzo. Espero que en la reunión del miércoles respeten los acuerdos a los que llegamos y no se apruebe a ‘pupitrazo’ una candidatura que no nos represente a todos”. Sudarsky, por su lado, dice que dar por hecho que Peñalosa es el único candidato viable es un grave error. “A mí, de Enrique, me preocupa que termine siendo aliado de Uribe, como en la campaña a la Alcaldía de 2011, así hoy lo niegue. Con él hay que estar pendiente de lo que hace, no de lo que dice”, afirmó el precandidato.
En ese panorama, una figura del petrismo en la mesa directiva, que no quiso revelar su nombre, dijo: “Si nos llegan a meter a Peñalosa, preferimos que vaya de candidato único y que nos den libertad de voto para considerar opciones ajenas al partido. No podemos estar con un candidato que va a votar la revocatoria contra el alcalde Petro”. Una de esas opciones sería Aída Avella, candidata presidencial de la Unión Patriótica que, en un escenario remoto, podría ser invitada a una consulta interpartidista que se realizaría el mismo día de las elecciones al Congreso.
Y es que el escenario no es importante para el petrismo sólo por la oposición que Peñalosa ha hecho a la gestión del alcalde, sino también porque es necesario que la destitución y la pérdida de los derechos políticos de Petro sean un tema central en la agenda electoral. Y, están seguros, Peñalosa no estará dispuesto a llevar esas banderas. Algunos rumores en la Alianza Verde dan cuenta de la relevancia que ha adquirido Camilo Romero para el petrismo. Una importancia que tendría una doble forma de canalizarse: o apoyar su campaña presidencial o volverlo un candidato viable para suceder a Gustavo Petro en el gobierno de Bogotá, ya sea en unas elecciones atípicas o en una terna de la cual Santos deberá escoger al nuevo alcalde. Un escenario que, ante el pantano jurídico en el que se metió Petro, no deja de ser posible.
csegura@elespectador.com
@CamiloSeguraA