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Aplausos y lágrimas causó el discurso que dio este viernes el secretario de Salud de Bogotá, Guillermo Alfonso Jaramillo, en las instalaciones del hospital San Juan de Dios. Durante la charla Jaramillo definió los parámetros para la reapertura del centro de salud del hospital, uno de los 22 edificios que hacen parte del complejo hospitalario. Directivos de la Universidad Nacional y del Hospital Rafael Uribe Uribe, encargados junto con la Secretaría de liderar la intervención, explicaron que para el 10 de diciembre el centro de salud se convertirá en una unidad de primera calidad en atención primaria para los bogotanos de menos recursos.
Jaramillo abrazó a sus colegas de la Universidad Nacional y se despidió de los antiguos trabajadores del San Juan de Dios instalando un poster con el logo de Bogotá Humana. Los que fueron empleados del hospital, y que todavía esperan su liquidación, se quedaron discutiendo sobre las dificultades que tiene el Distrito para abrirlo completamente. ¿Son suficientes los $7.000 millones que destinará la administración Petro para adecuar todo el centro de salud? ¿Cómo va a pagar la Nación, el Distrito y Cundinamarca el pasivo pensional del hospital? ¿Si podrán trabajar en el centro de salud como empleados de planta en diciembre? Se preguntaron los trabajadores que llevan viviendo 13 años en el complejo hospitalario en espera de una indemnización que está en entre dicho.
Aunque no está definido el monto del pasivo pensional que se debe pagar a los empleados que trabajaron en el hospital hasta el 2001, algunos cálculos indican que puede rondar los $2 billones.
Gran parte del problema es que la liquidadora encargada, Anna Karenina Gauna, no ha tenido une buena relación con los trabajadores y muchos ellos la acusan de no haber pagado las acreencias laborales.
Para solucionar esta dificultad el secretario de Salud, quien ya se ha quejado ante la Procuraduría por los supuestos incumplimiento de Gaunna, le contó a El Espectador que está en espera de un nuevo liquidador. “En estos días le hicimos una solicitud al gobernador de Cundinamarca para que designe otro liquidador con el que nos entendamos mejor. Si ella sigue será necesario acudir a entes como la Contraloría para que verifiquen qué es lo que ha pagado y lo qué no. Antes de pagar es necesario mirar si hay irregularidades en el proceso de liquidación”.
Durante el discurso alguien interrumpió y preguntó: “¿Qué va a pasar con Anna Karenina? Ella dijo que la fundación bajo la cual liquida es dueña de estos predios”. Jaramillo levantó la mano y respondió: “Anna Karenina no tiene nada que ver con el San Juan de Dios. La Fundación en la que se ampara no existe y ella no es dueña de nada. El San Juan es propiedad del pueblo”.
A la salida los directivos de la facultad de Medicina de la Universidad Nacional y del hospital Rafael Uribe Uribe explicaron los propósitos de la reapertura. “En esta primera etapa de readecuación vamos a realizar un centro de excelencia en atención primaria a salud. Aunque no tenemos definido los equipos médicos todavía estamos analizando el espacio para ir acomodando la intervención. Lo que si tenemos claro es que con la Universidad vamos a hacer de este espacio una unidad de excelencia. Si queremos tener hospital de cuarto nivel, el primer paso es ser excelentes en la atención primaria” indicó Héctor Quiñones, director del Hospital Rafael Uribe Uribe, entidad encargada de vigilar y propender por la adecuación del centro de salud.
Para Carolina Corcho, presidenta de la Asociación Nacional de Internos y Residentes, el proyecto será fundamental para todos los estudiantes de medicina de la Universidad Nacional. “Hay un compromiso con toda la comunidad académica. La idea es que este sea un centro comunitario en donde los profesionales de la Nacional puedan aplicar sus conocimientos en psiquiatría, pediatría, ginecología. Actualmente estamos realizando reuniones con la decanatura para asesorar la entrada de la Universidad Nacional acá al centro hospitalario”.
El evento terminó cuando le entregaron las llaves del centro de salud a Jaramillo. Pero el funcionario distrital no fue el último en salir; un joven de 23 años con su abuela esperaban a que el lugar se desocupara para sacar sus pertenencias. Habían vivido 13 años en el centro de salud.
Cuando el hospital entró en una crisis financiera a finales de los noventa, aproximadamente cien trabajadores se fueron a vivir al complejo hospitalario en forma de protesta por su liquidación. Alba Guzmán Murcia trabajaba en al área de nutrición, y cuando le dejaron de pagar los salarios, se unió a los trabajadores que tomaron decisión de vivir en el hospital.
Por la radiación de los equipos médicos del hospital, Alba desarrolló un cáncer uterino que la llevo a la muerte en el 2011. Su hijo, Freddy Varón Guzmán, quedo a cargo de su abuela y sus dos hermanas. Trabajando en el día y estudiando en la noche, Freddy se las arregló para sacar adelante su ideal de estudiar derecho.
Vivir allí no fue fácil. Guzmán comenta que las plagas y los habitantes de la calle que invadían el lugar en la noche no les permitían vivir con tranquilidad. Pero a pesar de todo, se acostumbraron a este tipo vida: “Ya era normal vivir con 20 gatos para que ahuyentaran a las ratas, o tirarle baldados de agua a los indigentes par que se salieran de mi casa”.
A la salida del lugar, pasado el mediodía, Freddy Guzmán salió con su abuela en busca de una pieza barata que arrendar: “A mí nadie me va a reponer la vida de mi madre, pero por lo menos es justo que me indemnicen para vivir dignamente con mi familia. Adiós, Hospital San Juan de Dios”.