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Comenzando el siglo XX, la Bogotá de las calles adoquinadas y las casas coloniales , que más que una ciudad parecía una aldea, comenzó su proceso de transformación. Con la llegada de nuevos habitantes, provenientes del campo, la capital comenzó a ensancharse y por primera vez los bogotanos establecieron sus diferencias socioeconómicas a partir del tamaño y la forma de sus viviendas.
“A finales del siglo XIX Bogotá atravesaba la peor crisis higiénica de toda su historia y la densificación obligaba a ricos y pobres a vivir dentro del mismo espacio urbano, inclusive a compartir las mismas casas en razón del empobrecimiento general de la ciudad”, explica el historiador Fabio Zambrano.
Los espacios se convirtieron en símbolos de prestigio y para los años veinte las familias más adineradas comenzaron a contratar sus propios arquitectos, que diseñaron las quintas y residencias más lujosas de la ciudad. En ese entonces las licencias de construcción eran firmadas por el Alcalde Mayor, y después, archivadas en la Secretaría de Obras Públicas con sus respectivos planos originales.
Precisamente este miércoles, en el Archivo de Bogotá, se inaugurará la exposición “Casas bogotanas de los años veinte”, que recoge 66 planos de las licencias otorgadas entre 1914 y 1949. “Los planos de estas casas, que son los testimonios de la concepción de vida que tenían en ese entonces los bogotanos, serán expuestos en tamaños gigantes para que la ciudadanía se pueda hacer una idea de la forma como se concebía el espacio privado a principios de siglo”, aseguró uno de los organizadores de la muestra.
Este proyecto es un intento por recuperar y organizar el archivo de las licencias de construcción de la ciudad, que fue transferido al Archivo de Bogotá. Entre los planos se encuentran las quintas de la época, lujosas residencias, casas de clase media y obrera, que para ese entonces comenzaban a nacer, inquilinatos, regaderas y lavaderos públicos.
Una de las cosas que más sorprendió a los investigadores fue la manera como los constructores, ante la carencia de un acueducto público, encaminaban las aguas negras a los pozos y ríos, como el caso del San Francisco, empeorando las condiciones de salubridad de la ciudad.
En los planos se evidenció que las escalinatas exteriores, las puertas alargadas construidas en madera y vidrio, los balcones y los ventanales con abundancia de luz eran sinónimo de bienestar, prestigio y suficiencia económica. Las casas de las familias acaudaladas también contaban con amplios salones para el esparcimiento social, como salas de piano, comedores, cuartos de recibo, vestíbulos y despachos.
La exposición estará abierta hasta el 30 de abril y es organizada por la Secretaría General de Bogotá. Según los investigadores del Archivo, durante los próximos meses se codificarán los más de seis mil planos que conforman la serie documental de licencias de construcción, con el fin de establecer cómo era la distribución en el interior de las casas de los bogotanos de principios de siglo XX.