Bogotá

11 Apr 2021 - 6:33 p. m.

¿Cuánto tiempo y dinero donaría para conservar las quebradas de Bogotá?

Un grupo de académicos de la Universidad Nacional evaluó la relación económica y sociocultural de los capitalinos con la quebrada La Vieja, ubicada en la localidad de Chapinero. Mediante una encuesta, indagaron por la disposición de tiempo y dinero que tendrían los visitantes para conservarla.

Agencia UN

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Los visitantes de la Alameda de Quebrada Vieja, una zona de descanso y avistamiento de aves ubicada en los Cerros Orientales de Bogotá, respondieron una encuesta sobre si están dispuestos a renunciar a parte de su tiempo y dinero para conservarla. Un visitante promedio donaría 14,46 horas al mes y aportaría unos $13.540 mensuales para apoyar estrategias de conservación.

La quebrada está dentro de la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, un área de suelo de protección pues forma parte de la estructura ecológica principal de la ciudad, por lo que conservarla es fundamental para el funcionamiento de los ecosistemas y la preservación de la biodiversidad.

Juan Sebastián Valle Parra, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), señala que “un ejemplo de este tipo de relaciones es cuando las personas se conectan con la experiencia de ‘respirar campo’, a lo que le atribuyen un valor tan especial, que sienten la necesidad de volver a hacerlo con frecuencia a través de actividades como el senderismo o el ecoturismo”.

Menciona además que “desde hace un tiempo se ha propuesto la ‘disposición de donar tiempo’ como un método de valoración no monetario que sobrepone las limitaciones de los métodos de valoración económica, en el cual se mide el tiempo que las personas están dispuestas a contribuir a conservar o restaurar servicios ecosistémicos, un aspecto que en Colombia debe ser más estudiado”.

De ahí su interés por aplicar este criterio en su trabajo de maestría a través del estudio de la relación económica y sociocultural de las personas con la quebrada La Vieja, que forma parte de la localidad de Chapinero.

Donar tiempo para conservar áreas verdes urbanas

La primera relación estudiada por el magíster Parra se centró en observar cuánto tiempo para actividades de conservación están dispuestas a donar las personas y la capacidad de su servicio ecosistémico. Para ello utilizó dos variables: dinero (valoración económica) o tiempo (valoración instrumental).

“Cuando se hace referencia a valorizar la naturaleza nos vemos en un dilema porque no sabemos con qué unidad medirla, es decir si la medimos en tiempo o en dinero”, agrega el magíster.

Mediante un método cualitativo (entrevistas) y cuantitativo (encuestas), la muestra se seleccionó a partir de la población de interés como los visitantes mensuales de la Quebrada (incluyendo los 3 senderos: Claro Luna, La Cruz y La Virgen), que son máximo 51.628 personas. Así se estableció que la muestra significativa es de 382 visitantes.

Quebrada en conflicto

Desde hace algunos años la Quebrada afronta un conflicto de conservación asociado con la creciente masificación del senderismo en la ciudad, lo que está provocando tensiones entre las comunidades aledañas.

El magíster explica que “este ocurre especialmente en las zonas de frontera urbano-rural, donde las personas de fuera comenzaron a apropiarse del entorno, en este caso de lo rural, y es una realidad a la que no se le está dando el énfasis que merece”.

En Bogotá los amantes del senderismo, al no tener la oportunidad de acceder hace unos años a Monserrate, comenzaron a buscar espacios para esta práctica, lo que los llevó a considerar las quebradas Las Delicias y La Vieja como sus primeras opciones.

Esta última tiene una connotación social llamativa para los interesados en esta actividad, ya que queda en el paso al barrio Los Rosales, una ubicación ideal como ruta en ascenso, dado su fácil acceso y sensación de seguridad que le brinda a los senderistas.

Sin embargo algunos residentes de la zona han conformado asociaciones que ven la conservación de la quebrada como un espacio que se debe mantener sin visitantes.

En ese sentido, el magíster considera que “el hecho de que los visitantes estén dispuestos a donar tiempo abre la posibilidad de construir un programa de voluntariado para conservar la quebrada La Vieja, el cual puede aportar a la solución del conflicto ambiental liberando las tensiones y preocupaciones detectadas en actores clave del territorio”.

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