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Cuestión de comunicación

La renuncia de Daniel García-Peña a la administración y su reclamo a Gustavo Petro por la forma en que aceptó la dimisión de su esposa revelan debilidades organizativas en la Alcaldía.

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Redacción Bogotá
15 de junio de 2012 - 09:10 p. m.
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En algún momento de la tarde del miércoles pasado, cuando ya era inminente que una fuente en la Alcaldía había filtrado los nombres de los secretarios de la administración que dejarían el gabinete una semana y media después de que el alcalde Petro les hubiera pedido la renuncia protocolaria, el secretario privado del alcalde, Jorge Rojas, cogió el teléfono y llamó a los funcionarios salientes:

“La noticia se filtró. Teníamos una rueda de prensa planeada, por eso te llamo para notificarte que el alcalde aceptó tu renuncia”, dijo Rojas.

¿Por qué habían esperado hasta ese preciso momento para comunicarlo? ¿Por qué, de los cuatro secretarios salientes, sólo Jorge Pulecio (Desarrollo Económico) había sido notificado verbalmente por el alcalde? ¿Por qué María Valencia (Hábitat) se enteró del asunto a través de Caracol Radio?

El gesto provocó la perplejidad de Consuelo Ahumada (Integración Social) y de Margarita Flórez (Medio Ambiente), y el profundo malestar de María Valencia y su esposo, Daniel García-Peña, encargado de las relaciones internacionales del Distrito, quien en una sentida y dura carta renunció a su cargo en el Palacio Liévano.

En ella, García-Peña aseguró: “Mi desconcierto no es sólo por tu decisión, sino más que todo por la forma como fue tomada”.
La renuncia de García-Peña y la revelación, vía Caracol Radio, de que su esposa salía del gabinete, sacó a la superficie una realidad que ya se percibía en el interior de la Alcaldía: Petro no ha podido o querido establecer esquemas fluidos y funcionales de comunicación con el gabinete que lidera.

Prueba de ello son las declaraciones de sus secretarios salientes que, libres de la atadura de ser funcionarios públicos y aún comprometidos con el proyecto progresista, reconocieron las difíciles circunstancias en las que debieron trabajar durante estos cinco meses, debido a la falta de esquemas de trabajo y comunicación organizados y sistemáticos.

“El alcalde no mantiene una interrelación tan fluida con los secretarios. Deja trabajar, y esa puede ser una virtud; sin embargo, al mismo tiempo es una expresión de no muy buena gerencia, pues se pierde la cercanía”, asegura Margarita Flórez, exsecretaria de Ambiente.

Con esa apreciación coincide Jorge Pulecio, para quien “no hubo suficiente comunicación personal con el alcalde”. Un asunto que, igual, no debió sorprenderlos, pues, como confiesa Consuelo Ahumada, así sucedió desde la campaña. “Empieza a nombrarlo a uno en los debates, pero nunca hablé con él. Luego me llamó y acepté. Hoy agradezco mucho esta posibilidad, pero me hubiera gustado terminar de una manera menos traumática”, afirma.

Ese mismo trauma, que bien podría augurar futuros problemas para la gerencia del gabinete, pareció revelarse ayer en la misiva de despedida de Daniel García-Peña: “Lo mínimo, por decencia, era tener la valentía de poner la cara, hablar con la persona, agradecerle sus aportes y no permitir que sean informados de sus despidos por los medios masivos de comunicación”.

Por Redacción Bogotá

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