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30 Jul 2020 - 3:03 a. m.

Cultura ciudadana, el otro frente de atención en Bogotá

Para Henry Murrain, director de Cultura Ciudadana, es importante reconocer qué motiva los comportamientos de los ciudadanos en la emergencia. Asegura que el comportamiento de los habitantes ha sido clave en la atención de la pandemia y se profundizará en temas como el reciclaje.
Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
Henry Murrain fue director ejecutivo de la Corporación Visionarios por Colombia (Corpovisionarios). / Mauricio Alvarado
Henry Murrain fue director ejecutivo de la Corporación Visionarios por Colombia (Corpovisionarios). / Mauricio Alvarado
Foto: Mauricio Alvarado

Las condiciones que atraviesa la ciudad no son fáciles. Tras cuatro meses de confinamiento y ante la llegada del pico de la pandemia, las necesidades son varias. No obstante, más allá de las acciones que tome el Gobierno, lo que pase de aquí en adelante dependerá en gran parte de la apropiación de la ciudadanía de hábitos de autocuidado y el distanciamiento social.

De ahí que el tema de la cultura ciudadana no solo esté en la agenda del debate nacional, sino en el trabajo que se realiza en Bogotá. Esto debido a que Claudia López se comprometió a hacerlo eje fundamental de su paso por la Alcaldía y a su importancia para crear una conciencia en la gente, que permita mitigar los efectos del virus.

Al frente de esta tarea está Henry Murrain, director de Cultura Ciudadana de la Secretaría de Cultura, para quien el tema ahora es de investigación social e innovación pedagógica, que apunte a conocer mejor los comportamientos y las motivaciones de la gente, y de esta manera aplicar estrategias más sutiles, pero eficaces, enfocadas en mantener una conversación que explique lo que se sabe del virus y cómo la ciudad lo espera contener.

¿Qué están haciendo?

Semanalmente hacemos encuestas y conteos en calle, entrevistas sobre qué está pasando, cómo se están sintiendo y cuál es el comportamiento de los ciudadanos para reaccionar rápidamente.

¿En qué lo han aplicado?

Cuando empezó esta crisis hicimos una medición para conocer qué era lo que sabía la gente y qué tenía que hacer ante un signo de alarma. En esta revisión observamos que un gran porcentaje creía que si tenía síntomas debería ir a urgencias. Por eso toda la narrativa del secretario de Salud y la alcaldesa se direccionó insistentemente en que llamaran a la línea 123. En dos semanas cambiamos la idea y se triplicó la atención de la línea de emergencias. Era importante, porque en otros países los centros médicos se convirtieron en puntos de contagio y teníamos que evitarlo.

El éxito también se debe al apoyo ciudadano a la alcaldesa…

Las mediciones nos muestran que se mantiene un respaldo grande. En algún momento este llegó al 90 % y creemos que fue importante el simulacro, porque también es parte de la cultura ciudadana: aprender colectivamente, tanto los ciudadanos como el Distrito, sobre cómo cuidarnos.

¿Han trabajado con la nación?

Tenemos mesas de trabajo permanentes y con diversas organizaciones de empresarios. Con Probogotá y la Andi hemos hecho varias cosas, así como apoyamos, promovemos y reforzamos el trabajo en conjunto.

¿Qué están haciendo en las calles?

A medida que sale más gente, por la reactivación económica, aumentan los riesgos, por lo que estamos haciendo pedagogía, porque nos preocupa que en las mediciones de finales de mayo, el 97 % de la gente usaba el tapabocas, pero a finales de junio, a pesar de que sigue siendo alto, bajó tres puntos.

¿Qué está pasando? ¿Hay menos confianza?

A finales de mayo, 11 % de las personas tenían el tapabocas mal puesto y en junio pasó al 21 %. Nos preocupa el uso inadecuado, por lo que estamos reforzando el tema, ya que científicos han planteado sistemáticamente que el rigor con el uso de la mascarilla es un factor determinante en el manejo de las crisis.

¿Y el distanciamiento?

Es crítico en el comercio ambulante y plazas, por eso diseñamos la estrategia Alas, para hacer pedagogía sobre el tapañatas y la distancia. Nos preocupan los vendedores informales, a los que se acercan cientos de personas al día y les es difícil mantener la distancia, porque la gente se relaja, se baja la mascarilla para preguntar o consumir algún alimento o bebida. En ciudades como Cartagena la tasa de contagios en esta población se disparó.

¿Cómo ser conscientes de la distancia?

No es fácil, porque la subjetividad engaña y hemos visto en las zonas de alto comercio que hacen un tanteo al ojo y esas distancias se van reduciendo. Experimentamos con palos, cintas y otros elementos, y la mejor opción fue la señaletica en el piso. Estamos testeando qué señal es más eficaz. Es un ejercicio de conversación permanente con los ciudadanos.

¿Hay algún otro proyecto en desarrollo?

Con las secretarías de la Mujer y Seguridad trabajamos en la reducción de la violencia de género y en mejorar nuestras prácticas de convivencia en el interior del hogar. Además, sigue trabajando una iniciativa de reciclaje y separación, con Ambiente, Hábitat y la Uaesp, porque una de las reflexiones o más contundentes de la crisis es nuestra relación con el entorno. Este tema es fundamental y estamos desarrollando unos pilotos en una estrategia importante sobre la conciencia de la basura.

¿Hay algo con el alto riesgo en diabéticos y obesos?

Lo principal es dejar claro que no se trata de estigmatizar. Es una realidad que la mayoría de las personas afectadas por el virus tienen alguna de estas comorbilidades, pero la medida no es policiva. Es más de ver los detalles y cumplir con las medidas de cuidado, porque no queremos que estén en riesgo.

¿Cuál es el deber de cada uno?

Esto va a ser largo, debemos prepararnos para estar muchos meses más en una dinámica de contención, y por eso es importante que seamos conscientes de que muchas de las dinámicas se van a demorar en volver. Tendemos a criticarnos mucho, pero tenemos muchas virtudes que otras ciudades envidian y hemos logrado contener el virus mucho más que en otros lugares, por lo que tenemos que seguir siendo rigurosos, no solo por las medidas del Gobierno, sino por la cooperación de la ciudadanía.

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