Dos años duró el mayor J. Guzmán, investigador de la Sijin, detrás de alias El Viejo o Misón. Donde decenas de cabecillas y líderes de las bandas más peligrosas asociadas al Tren de Aragua, incluido el temido ‘Satanás’, habían caído uno tras otro, luego de causar terror en Bogotá, el escurridizo Misón había conseguido evadir un importante operativo en 2024 y ocultarse en Ecuador.
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Entre las sombras, este hombre había engendrado la semilla oscura de los ‘pagadiarios’ que luego se convertirían en escenarios de horror y guerra de dos bandas multicrimen que se disputaron durante varios años, aún hoy con reductos, en pleno corazón del suroccidente capitalino.
Inicios en Corabastos
A los nueve años, entre bultos de papa y la dinámica de Corabastos, comenzó la historia de Luis Orlando Osorio Arévalo, hoy de 46. Cuando era joven comenzó a desenvolverse en el oficio de arreglar bicicletas en este popular sector del suroccidente. El mayor que lideró el seguimiento a alias ‘Mison’ reconstruyó cómo comenzó su trayectoria criminal desde oficios informales hasta consolidar una red ilegal en Bogotá.
“Él comenzó como una persona que arreglaba bicicletas, despinchaba en el sector de Abastos, en la localidad de Kennedy”. Con el tiempo, su actividad fue cambiando: “Posteriormente comenzó a trabajar como cotero y luego a comprar y vender pieles. Lo compraba más barato y lo vendía más caro”.
Luego incursionó en actividades ilícitas como la venta de licor adulterado o de contrabando. Más adelante, El Viejo llegó a abrir un establecimiento que se convirtió en bastión de criminalidad: un pagadiario y discoteca llamada Los Potrillos, ubicada en la famosa calle 38 en inmediaciones a barrios como Patio Bonito o El Amparo (por ser caldo de cultivo de comercio informal e ilícito). “Ahí inicia con su primer negocio, que es el establecimiento de Los Potrillos”.
Los Potrillos y la llegada del Tren de Aragua
En la historia del Tren de Aragua en Bogotá, en poco menos de ocho años, se han registrado cruentos episodios de violencia por el control territorial de venta de estupefacientes y control de sitios de acopio del crimen, ollas, zonas de tolerancia. Un germen que la capital ha ido enfrentando, pero aún con vestigios que dan cuenta de la influencia de este grupo delictivo.
Solo hasta enero de este año, las autoridades lograron tomar posesión de los gastrobares regados por Kennedy, Los Mártires, Santa Fe. Entre ellos hay discotecas y pagadiarios que administró por años ‘Mison’, como el llamado ‘Hotel Negro’, La Oficina, Las Pesebreras y Los Potrillos, que, además de estar avaluados en COP 20.000 millones se convirtieron en centros de torturas y franquicias de crimen.
El mayor Guzmán sitúa el año 2018 como el momento en que alias ‘Mison’ -ya con Los Potrillos ubicado en plena área comercial y de expendio-, consolidó su estructura criminal, aprovechando la llegada masiva de migrantes venezolanos. “En el año 2018, con la oleada fuerte de inmigración de venezolanos, comienza a darles trabajos y a enseñarles cómo se daba el trato criminal en Colombia. La hora que pagaban para cometer delitos era mucho menor a la que les pagaban a los colombianos”, agregó.
De acuerdo con la investigación, así fue vinculando a múltiples delitos: “Ellos aprenden tráfico de estupefacientes, tráfico de armas de fuego y todo el tema con mujeres en casas de lenocinio y zonas de tolerancia”. Ese proceso derivó en contactos con estructuras transnacionales:
“Se da el acuerdo con el Tren de Aragua para poder explotar sectores con ellos”.
En una de estas discotecas, alias Misón cometió uno de los dos crímenes por los que es acusado de homicidio. La investigación también lo vincula con un sicariato ocurrido en el contexto de la rumba en Bogotá. “En discotecas de zonas de tolerancia siempre hay tráfico de estupefacientes”.
Sobre el caso específico, las autoridades dieron con que fue el responsable del asesinato de un dj. “El DJ Fox se presentaba en discotecas de Santa Fe y es asesinado. Al parecer estaba vendiendo para otra estructura, lo que ellos llaman contrabando, y toman represalias”.
Música popular y lujos
Detrás de su perfil de “empresario de la rumba”, alias ‘Misón’ sostenía un estilo de vida marcado por el lujo, financiado, según las autoridades, con rentas criminales. De acuerdo con la investigación, el cabecilla obtenía ingresos cercanos a los COP 2.000 millones mensuales provenientes de actividades como el microtráfico, la venta de licor en establecimientos nocturnos y el funcionamiento de pagadiarios.
“Tenía una renta criminal aproximada de 2.000 millones de pesos mensuales”, explicó el mayor que lideró el seguimiento. Ese flujo de dinero se reflejaba en la acumulación de bienes y en gastos ostentosos. Alias ‘Misón’ llegó a reunir un patrimonio avaluado en más de 20.000 millones de pesos.
Además, llevaba una vida de excentricidades: utilizaba joyas de alto valor, como anillos de diamantes, adquiría artículos de lujo incluso para su perro y residía en un penthouse en el centro de Bogotá.
Paralelo a su despegue criminal, Misón era reconocido por un vínculo con la música que iba más allá de anfitrión de fiestas. También apoyó a varios cantantes de música popular. Las autoridades confirmaron que uno de ellos fue el recién fallecido Yeisson Jiménez, también recordado por empezar como cotero en la central de Abastos, en Kennedy.
La relación que tenía con los músicos, según el investigador, iba desde apoyos económicos a intercambio de excéntricos regalos: con Jiménez, por ejemplo, intercambiaron costosos anillos. Entre los archivos de la Sijin, resalta uno con diamantes de más de 140 millones de pesos grabado con el apodo Mison. Encontraron fincas, ‘pagadiarios’, bares, restaurantes, entre otros, esparcidos no solo en Bogotá, sino en todo el país.
Otros objetos que llamaron la atención de las autoridades durante el embargo de sus bienes fueron lujosos automóviles y motocicletas. Pero en particular, fue una curiosa chiva, la que hizo finalmente caer al Misón.
“La consentida”
El segundo crimen por el que se le acusa a Misón, está relacionado con su ruptura con el Tren de Aragua. A pesar de haber permitido que este grupo se consolidara en la capital, en medio de las rencillas entre la misma banda, el cabecilla ordenó el crimen de una mano derecha de ‘Niño Guerrero’, líder máximo del grupo multicrimen venezolano.
Particularmente, esto facilitó la consolidación de ‘Los Maracuchos’, organización de la cual “Mison” es cofundador, y que se fortaleció con exmiembros del tren y nuevos integrantes provenientes de Venezuela que buscaba tomar el control del tráfico. Según el oficial que siguió el caso, el capturado rompió la alianza con el Tren de Aragua en 2021 tras el asesinato de un hombre cercano a Guerrero, hecho que desató una disputa violenta entre ambas estructuras. Desde entonces, se configuró una fractura que derivó en enfrentamientos y reacomodos del control criminal
Entre tanto, para el investigador, era claro que había que atrapar a este delincuente para debilitar ambas bandas y su infraestructura de crimen. Inicialmente, en 2024, hizo parte de la operación Maracuchos II, la cual pretendió desmantelar por completo la banda golpeada anteriormente.
El 31 de octubre de 2024, cuando las autoridades lanzaron la operación contra ‘Los Maracuchos’, el cabecilla logró evadir a los investigadores al abandonar Bogotá días antes. Meses después, el seguimiento lo ubicó en zona rural de Putumayo, en el municipio La Hormiga, donde un elemento inesperado fue clave: una pequeña chiva.
El vehículo típico era propio de ‘Mison’, quien lo había adaptado y conservaba como objeto personal. “Esa chiva era muy particular, la llamaba ‘la consentida’. Cuando la encontramos allá, supimos que él estaba cerca”, relató el oficial. Sin embargo, pese a cercarlo nuevamente, el hombre logró huir en la madrugada tras detectar la operación, cruzando finalmente hacia Ecuador y prolongando su evasión hasta 2026.
Tras casi dos años de seguimiento, alias ‘Mison’ fue finalmente ubicado en Ecuador gracias a labores de inteligencia cibernética, particularmente por el rastreo de sus redes sociales, donde aún mantenía contacto con su círculo en Colombia. ‘Misón’ abrió un local en Ecuador donde pretendió seguir organizando fiestas y contrabandeando drogas. Un video en particular, publicado en TikTok, permitió su localización exacta.
Su captura se concretó mediante cooperación internacional y fue entregado a las autoridades colombianas en el Puente Internacional de Rumichaca. En vista de su historial criminal, un juez de control de garantías legalizó el procedimiento y le impuso medida de aseguramiento intramural.
El señalado cabecilla deberá responder por delitos como concierto para delinquir agravado, homicidio, tráfico de estupefacientes y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego, cargos que consolidan el perfil de uno de los principales dinamizadores de economías criminales en Bogotá.
A rey muerto...
La caída de alias ‘Mison’ representa un golpe significativo a las estructuras criminales que operaban en Bogotá, pero no implica su desaparición. Según el oficial que siguió el caso, aunque la operación de 2024 desarticuló gran parte de ‘Los Maracuchos’ en localidades como Kennedy y Santa Fe, las dinámicas del crimen organizado tienden a recomponerse rápidamente. “En este mundo es ‘rey muerto, rey puesto’”, advirtió, al explicar que ya se mantienen en curso nuevas líneas investigativas para identificar quiénes estarían asumiendo el control de las rentas ilegales que dejó la estructura.
En ese contexto, el Tren de Aragua podría intentar reconfigurar su presencia en la ciudad, especialmente en economías como el microtráfico, la explotación en pagadiarios y el control de entornos de rumba. Aunque la ruptura con alias ‘Mison’ debilitó su articulación en Bogotá, las autoridades advierten que los “coletazos” de su captura podrían traducirse en disputas por el territorio y en el reacomodo de nuevas cabezas dentro del entramado criminal.
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