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3 Dec 2021 - 8:57 p. m.

Bogotá desde la mirada de una persona con discapacidad

Este 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Fecha en la que se promueven los derechos y el bienestar de esta población.
Cristian Camilo Perico Mariño

Cristian Camilo Perico Mariño

Periodista sección Bogotá
De acuerdo con la Secretaría Distrital de Planeación en Bogotá hay alrededor de 458.088 personas con algún tipo de discapacidad.
De acuerdo con la Secretaría Distrital de Planeación en Bogotá hay alrededor de 458.088 personas con algún tipo de discapacidad.
Foto: JOSE VARGAS ESGUERRA

¿Conoce los retos a los que se enfrentan las personas con habilidades diferentes en el día a día? De acuerdo con el pronunciamiento de la Organización Mundial de la Salud, se calcula que más de mil millones de personas -lo que se acerca a un 15% de la población mundial- están aquejadas por alguna forma de discapacidad. Cifra que puede ir aumentando gradualmente, ya que según la ONU, las tasas están incrementando debido al envejecimiento de la población y a la prevalencia de enfermedades crónicas.

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El 3 de diciembre fue declarado en 1992, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, como el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Fecha en la que se conmemoran las vidas con experiencias distintas y, a su vez, se promueven los derechos y el bienestar de esta población en todos los ámbitos de la sociedad y el desarrollo.

De acuerdo con la Secretaría Distrital de Planeación, en Bogotá hay alrededor de 458.088 personas con algún tipo de discapacidad. Por eso, desde El Espectador, quisimos compartir con los lectores la historia de vida de una persona con habilidades diferentes:

No al pesar, sí a la dignidad humana

La sonrisa de inocencia y la felicidad de los primeros años siguen acompañando a Luisa Fernanda Torres, una adolescente de 12 años, que vive con sus padres y su hermano menor, en el barrio San Francisco, al sureste de la localidad de Ciudad Bolívar. Creció en un ambiente amoroso y rodeado de cuidado, en donde Yudy Lorena Castro no solo es madre, también tutora, psicóloga, terapeuta y cuidadora.

A sus 21 años se aventuró en compañía de su pareja a asumir el reto de ser padres. Así es como el 23 de mayo del 2009 recibieron el regalo de su primera hija, una bebé como la habían soñado. Apenas 30 noches de insomnio habían pasado acompañando a su recién nacida, en la Unidad Neonatal del Hospital de Suba, cuando les dieron la noticia. Les notificaron que la pequeña fue diagnosticada con citomegalovirus, un virus común, que le produjo una meningitis, que le dejó como secuela atrofia cerebral, epilepsia no especificada, parálisis de las extremidades inferiores y hemiplejia espástica.

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Han pasado 12 años y miles de jornadas de terapia desde aquel diagnóstico inicial. Sin embargo, ante los ojos de Yudy su hija sigue siendo tan perfecta como cualquier niña. Su amor incondicional le ha permitido acompañarla sin siquiera desear por un segundo cambiar algo de ella. Por el contrario, está agradecida de que llene su vida con alegría y paciencia.

La escasez del civismo en el transporte público

Cada martes y cada jueves de manera sagrada Yudy lleva a su hija a terapia por el sector del Outlet de las Américas. No obstante, una acción aparentemente sencilla para muchos como desplazarse, puede ser en ocasiones toda una misión titánica para personas con discapacidad física y sus cuidadores.

“En los días en los que salgo con ella a terapia o a cita médica es cuando vivo el problema con el transporte público”, explica Castro quien, como de costumbre, a las 6:30 a.m. sale de su casa para emprender el viaje. Hace el recorrido en la ruta ‘Morato’ del SITP, bus que, según relata, “en el último tiempo ha mejorado las condiciones de accesibilidad para personas con movilidad reducida”. A diferencia de otras rutas, en la mayoría de los casos cuenta con las rampas que facilitan el abordaje.

Si bien el autobús cuenta con las condiciones necesarias para movilizar a Luisa Fernanda, en algunas ocasiones sus problemas de movilidad son ocasionados por la falta de cultura y de civismo de los demás usuarios: “Una persona común puede subirse a Transmilenio y meterse en cualquier rincón, pero nosotros tenemos nuestro espacio. La mayoría de los pasajeros no respetan la prioridad, no respetan la asignación de lugares y nos toca hacernos a un lado y esperar a que pase el siguiente”, menciona Castro.

Desde su perspectiva, la pedagogía es una de las herramientas para garantizar el trato digno a las personas en condición de discapacidad. Por ello considera que es necesario adelantar un proceso de formación para que los ciudadanos de a pie entiendan para qué sirven y cómo se deben utilizar los semáforos sonoros, las baldosas podotáctiles y las demás adaptaciones que se vienen adelantando en el espacio público.

“No queremos que nos tengan pesar o lástima. Todas las personas tenemos necesidades. Lo que queremos es que respeten lo que está hecho para nosotros. Las personas en condición de discapacidad también merecen una vida digna y que haya accesibilidad a sitios y espacio públicos”, concluye Yudy.

En video: conozca las reflexiones de expertos y qué se viene adelantando para facilitar su accesibilidad desde la Secretaría Distrital de Movilidad de Bogotá.

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Cristian Camilo Perico Mariño

Por Cristian Camilo Perico Mariño

Estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Manizales. Decimoprimera generación de la Escuela de Periodismo Multimedia El Tiempo. @cristian_pericocperico@elespectador.com
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