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Director de la CAR defiende obras técnicas en ríos para mitigar inundaciones

El director de la corporación, Alfred Ballesteros, pidió abrir un debate nacional “realista y territorial” sobre la gestión del riesgo ante la crisis climática. Su postura contrasta con denuncias de colectivos ambientales y veedurías ciudadanas que cuestionan los impactos ecológicos de la maquinaria pesada en las rondas hídricas.

Redacción Bogotá

04 de junio de 2026 - 08:18 p. m.
El Director de la CAR, Alfred Ballesteros, pidió abrir un debate nacional sobre cómo proteger a millones de personas que viven en zonas históricamente vulnerables a inundaciones y crecientes.
Foto: CAr Cundinamarca
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En medio del debate nacional sobre la viabilidad y conveniencia de intervenir las fuentes hídricas en el país para mitigar los riesgos de desastres, el director general de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), Alfred Ballesteros, defendió la necesidad de ejecutar intervenciones técnicas controladas en los ríos. El funcionario argumentó que estas medidas son indispensables para salvaguardar a millones de personas que, debido a un crecimiento urbano históricamente desordenado, se encuentran asentadas en zonas ribereñas vulnerables a crecientes súbitas e inundaciones por eventos climáticos extremos.

“No podemos condenar a comunidades enteras a vivir bajo el agua o en riesgo permanente simplemente porque durante décadas el país creció alrededor de las fuentes hídricas. Esa es la realidad territorial de Colombia y tenemos que afrontarla con responsabilidad”, manifestó Ballesteros, quien hizo un llamado al Gobierno Nacional, al Ministerio de Ambiente, a las autoridades territoriales, a la academia y a institutos científicos para estructurar una política nacional que articule la protección ecológica con la seguridad de la vida humana.

El directivo lanzó críticas hacia los sectores que rechazan de manera absoluta cualquier tipo de obra en cuerpos de agua, señalando que muchas de estas discusiones carecen de contexto social y geográfico. “Es muy distinto analizar estos fenómenos desde un escritorio en Bogotá que recorrer los municipios, hablar con las comunidades y entender cómo viven miles de familias expuestas al riesgo”, aseveró, enfatizando que la inacción también acarrea consecuencias graves para las poblaciones expuestas.

El antecedente en el río Neusa

Sin embargo, las declaraciones de la dirección de la CAR chocan con la experiencia de diversas comunidades de la región, que han denunciado que este tipo de adecuaciones hidráulicas causan graves afectaciones ambientales. Un caso que ejemplifica las afectaciones, registrado por este diario en agosto de 2024, encendió las alarmas en el municipio de Cogua debido a las intervenciones con maquinaria pesada en el valle aluvial del río Neusa. En su momento, habitantes de las veredas La Plazuela y Patasica denunciaron que la entidad arrasó con la vegetación nativa y transformó un paisaje biodiverso en un paraje desolado de tierra expuesta.

En contexto: Vecinos de Cogua denuncian que intervención de la CAR destruyó ronda del río Neusa

A diferencia del discurso oficial que defiende estas obras para mitigar inundaciones, las veedurías ciudadanas de Cogua señalaron que la remoción de la capa vegetal en las rondas genera un efecto adverso. Miembros de estas organizaciones explicaron que, al despojar al valle aluvial de su vegetación natural, el caudal de los ríos pierde la barrera que amortigua su fuerza, provocando que el agua corra con mayor velocidad y termine afectando a las poblaciones ubicadas aguas abajo, tal como ocurrió en temporadas invernales pasadas.

Asimismo, los defensores del territorio han criticaron en su momento la falta de socialización de los proyectos y el impacto destructivo de las retroexcavadoras sobre especies vulnerables y endémicas, como el cangrejo sabanero y el pez Capitán. Expertos y ambientalistas locales advirteron que, lejos de ser soluciones definitivas, estas intervenciones en el suelo pueden facilitar la propagación de especies invasoras como el retamo espinoso y el crecimiento de acacias. A esto se suma el persistente temor comunitario de que la alteración de los planos aluviales termine favoreciendo polígonos compatibles con actividades de minería de grava y arena, lo que empeoraría su sutación de riesgo.

El balance institucional en el río Bogotá

Pese a los reclamos en las cuencas altas, la CAR insiste en que los enfoques actuales permiten desarrollar alternativas técnicas controladas que se complementan con procesos de restauración ecológica, recuperación de rondas hídricas, manejo de sedimentos y planificación del territorio. Ante la advertencia de que las emergencias por variabilidad climática serán cada vez más recurrentes, Ballesteros insistió en que la solución no puede ser la inacción.

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Como argumento de respaldo a su gestión, la corporación expone los resultados de la adecuación hidráulica realizada entre 2013 y 2017 en aproximadamente 70 kilómetros de la cuenca media del río Bogotá. Dichas obras contemplaron la ampliación del cauce —el cual pasó de 30 a 60 metros de ancho mediante el movimiento y reforzamiento de jarillones— y la adquisición de más de 600 hectáreas para consolidar zonas de meandros y áreas de amortiguación destinadas al almacenamiento temporal de excedentes de agua.

De acuerdo con el balance de la entidad, estos trabajos se han complementado con la extracción de cerca de 1 millón 400 mil metros cúbicos de sedimentos en la cuenca media, sumados a los 12 millones de metros cúbicos retirados previamente en la cuenca alta.

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Según los datos de la entidad, este conjunto de intervenciones en un tramo de 111 kilómetros entre Soacha y Cajicá ha beneficiado a más de 8 millones de habitantes de la capital y municipios aledaños, asegurando que en estas zonas específicas no se han registrado desbordamientos en los últimos 15 años, incluso durante las fuertes temporadas invernales vividas entre 2020 y 2025.

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Por Redacción Bogotá

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