11 Jun 2018 - 2:00 a. m.

Distrito Grafiti, reivindicando el arte urbano en Bogotá

Bogotá le apuesta a los recorridos en bicicleta para incentivar el turismo y la movilidad en la ciudad. La capital quiere convertir los grafitis expuestos en la localidad de Puente Aranda, la calle 26 y La Candelaria en destinos turísticos.

Salua Murad Rodríguez /Twitter: @salua_96

“Bosque fantástico” retrata la creatividad infantil. La pintura esta ubicada en Fontibón.
“Bosque fantástico” retrata la creatividad infantil. La pintura esta ubicada en Fontibón.

El arte urbano, antes asociado al vandalismo y la marginalidad, hoy es una de las principales apuestas en Bogotá para fomentar el turismo y hacer de la capital una galería a cielo abierto para el disfrute de propios y extraños. De ese anhelo nació el proyecto Distrito Grafiti, para reivindicar esta práctica y transformar territorios de la mano de sus comunidades.

Esta iniciativa, que vincula al Distrito y a quienes se dedican a este arte, nació formalmente en 2016. Sin embargo, su génesis se remonta a 2011. Fue en escenarios como el puente de la avenida Boyacá con 116 —hoy engalanado en honor a Diego Felipe Becerra— y la calle 26 donde empezaron a cobrar vida los murales a gran formato. Actualmente, en Bogotá hay 50 de ellos, ideados para el disfrute de cualquier ciudadano, pero son quienes se detienen, se toman el tiempo y los contemplan en su totalidad los que llegan a apreciar su excepcionalidad. Resulta ser el plan ideal para quienes se movilizan a pie o en bicicleta.

Mulato, uno de los primeros artistas urbanos que se unieron al proyecto y quien hoy hace recorridos turísticos por los murales, aseguró que “el artista urbano ha cambiado de mentalidad. Antes se hacían grafitis sin permiso, porque no había un dialogo con la ciudad, pero cuando se da la posibilidad y se brindan los estímulos, el artista se preocupa por hacer pinturas con las que las comunidades se sientan identificadas y reflejen su cultura”.

El primer resultado de la formalización del grafiti en la capital fue la calle 26. Tres años después, mediante el decreto 529 de 2015, se creó el Comité Distrital para la Práctica Responsable del Grafiti, con el que se elige un representante de los artistas urbanos de las 19 mesas locales para dialogar con las instituciones públicas y defender las obras que se quieren pintar en Bogotá.

De acuerdo con la secretaria de Cultura, María Claudia López, se pretende incluir las obras de los artistas urbanos en las guías turísticas para fomentar que los operadores lleven a los extranjeros a estos lugares. “Ya hay varios recorridos organizados por los hoteles de Bogotá. También contamos con viajes en bicicleta para que la gente pueda apreciar de manera más pausada, pues en transporte masivo o carro particular no se valoran de igual manera”.

Se quiere articular la promoción del arte urbano como atractivo turístico con el fomento de la movilidad en dos ruedas. José Andrés Duarte García, director del Instituto de Turismo, argumentó: “Promovemos el uso de la bicicleta para reconocer espacios urbanos turísticos, como Distrito Grafiti de Puente Aranda. A través de estos recorridos continuamos posicionando la ciudad como la capital mundial de la bicicleta”.

El gremio afirma que los grafitis que están pintando no sólo identifican a los artistas sino a las comunidades. Este es el caso de la obra El río de la vida, en el barrio Los Puentes de la localidad de Rafael Uribe Uribe, a donde el grupo encargado de la obra se fue a vivir por un mes, habló con la comunidad y se sumergió en su cotidianidad. Así desarrollaron lo que ellos llaman una gigantografía, en palabras comunes, “el mural más grande de la capital”, en el que se pintaron 213 fachadas de viviendas.

Crix, uno de los líderes de la mesa de Ciudad Bolívar y del colectivo Fenómenos Crew, considera que la resignificación de los lugares públicos es relevante porque hay muchos lugares a los que la gente no va, pues dicen que “allá roban o allá matan”. Sin embargo, proyectos como el de Los Puentes hacen a los barrios más importantes y menos marginales.

De esta manera el arte urbano ha empezado a ser el puente ideal entre la comunidad y la administración. Lo que empezó como Distrito Grafiti, delimitado sólo en Puente Aranda, en el que se invirtieron $180 millones y se intervinieron 50 superficies, se amplió y ahora quiere vestir de colores a Bogotá. Este año, la Secretaría de Cultura invertirá $445 millones en bolsas concursables de artes plásticas y/o visuales y arte urbano, para pintar el corredor de la estación de Transmicable en Ciudad Bolívar.

Sin embargo, los artistas urbanos reclaman una adecuada regulación de sus pinturas, con la que se contemplen las superficies donde se va a llevar a cabo el trabajo, ya que a veces el lugar no es apropiado y se hace en sitios donde hay divisiones en los muros, lo cual genera un costo más alto. Además coinciden en que se le debería dar crédito al creador si su obra va a ser explotada turística o comercialmente, pues usualmente los estímulos se quedan cortos para el número de artistas que hay y sólo recuperan el dinero que invirtieron en el material, pero no hay una utilidad.

Por su parte, la Secretaría de Cultura señala que es imposible evitar que la gente tome fotografías, porque es un espacio público y se convierte en parte de la fachada de un edificio. No obstante, cada vez que la Secretaría hace uso de estas pinturas, le da crédito al artista.

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