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Dos días en Ciudad Bolívar y Soacha

Mientras en el norte de Bogotá, donde queda la redacción del periódico, no había manifestaciones, protestas ni cacerolazos (como siempre), a las cinco de la tarde del miércoles, en el sur las cosas comenzaban a calentarse.

Verónica Téllez Oliveros

30 de agosto de 2013 - 05:40 a. m.
Protestas. / luis Ángel
Foto: LUIS ANGEL
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Cuando llegué a esa hora con mi compañero Luis Ángel, uno de los reporteros gráficos del periódico, no había paso de buses del transporte público ni de ningún vehículo desde el Portal el Tunal hacia el sur por la avenida Boyacá.

Caminamos desde la Boyacá con calle 24 sur con cientos de trabajadores que a esa hora regresaban a su casa y que se demorarían unos 40 minutos como mínimo para llegar a barrios como el Lucero. Eran varias filas de personas que tratábamos de ir más hacia el sur, como en una suerte de peregrinaje, cuando todavía no anochecía.

Al llegar al Hospital de Meissen en la calle 60 sur con Boyacá, la cosa era a otro precio. Al costado occidental de la avenida, desde las casas incrustadas en la montaña, que se han ido armando con la presión de la necesidad y sin ninguna planeación urbana, salían jovencitos de unos 11 años en adelante con piedras y palos en sus manos listos para enfrentarse con la policía que estaba en la zona. Había llantas quemadas en la vía y el humo ni siquiera dejaba ver lo que sucedía del otro lado.

De ese otro lado, parecía que estaban los conductores de volquetas que habían iniciado la protesta reclamando por el precio de las combustible y, supuestamente, por las restricciones al transporte de carga anunciadas por el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Y dio supuestamente porque el alcalde no ha decretado ninguna medida sobre este tema. Apenas la semana pasada dijo que en la calle 13 habría circulación para los camiones de carga durante todo el día.

Sólo había humo de las llantas quemadas y se sentía el gas lacrimógeno que lanzaban los miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios para dispersar la gente. Ahí la protesta contra las supuestas medidas del alcalde no parecía tener ninguna relación. Desde las casas de arriba de la montaña caían piedras como si fueran granizo. En un momento Lucho me dijo que una de ellas me había pasado por el lado.

Bajamos hasta el Hospital de Meissen y salimos. La imagen en la noche del miércoles en este sector de Ciudad Bolívar realmente fue impresionante. No recuerdo haber escuchado una protesta de esa magnitud en este sector. Esa noche hubo saqueos a zona fue militarizada y la Alcaldía ordenó el toque de queda. Pensé que si todo seguía así esa noche las cosas se pondrían peor el jueves, cuando en las redes sociales todo el mundo hablaba de las marchas programadas en Bogotá.

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El jueves muy temprano ya en el municipio de Soacha algunos transportadores bloquearon la Autopista Sur. Había que caminar para ir hasta el punto central de la manifestación en el centro comercial Unisur, porque también había grupos de jovencitos que le tiraban piedras a cualquier carro que intentara cruzar hacia el sur.

También allí la protesta se desvió de su foco. Muchos jóvenes que intentaban tener una protesta pacífica y apoyar el paro agrario, no lograron contener a otros que salían desde las bocacalles de los barrios con palos en sus manos. En realidad, en sectores como Soacha, donde cada día se viven los estragos de la situación del país, cualquier momento de ánimos exacerbados como los de los últimos días, es aprovechado por los más jóvenes quizá para expresar su furia, su inconformismo y desespero.

Claro que también están los infiltrados de grupos al margen de la ley y el pandillismo. Un coctel propicio para aumentar el caos.

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El Esmad apareció hacia el mediodía y comenzaron enfrentamientos que duraron toda la tarde. Todo allí se volvió cruce de piedras y gases. Yo salí de allí alrededor de la 1 de la tarde para ir a la redacción del periódico.

En Soacha los desórdenes disminuyeron en la tarde, pero ni el toque de queda ni la ley seca ordenada por el alcalde municipal lograron detener los enfrentamientos en la zona. La zona tuvo que ser militarizada y hasta las 10:00 p.m. continuaban los ataques contra la estación de Policía.

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Por Verónica Téllez Oliveros

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