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La noche del jueves 7 de mayo pudo haber terminado en una tragedia en el noroccidente de Bogotá, de no haber sido por la solidaridad instintiva de varios habitantes del barrio La Gaitana. Alrededor de las 9:00 p. m., la cotidianidad del barrio se quebró con una pavorosa imagen: un niño de apenas dos años colgaba de la terraza de una vivienda, a merced de la gravedad.
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Lo que siguió fue rápida reacción en cadena que salió a flote en medio del desespero. Mientras el menor se aferraba con sus manos a la fachada del cuarto piso, vecinos, transeúntes y tenderos reaccionaron en bloque. Así, entre gritos y miradas que no daban crédito a la escena, en cuestión de minutos improvisaron una red de salvamento con cobijas y chaquetas. Según testigos, el niño resistió suspendido por varios segundos hasta que sus fuerzas cedieron y cayó al vacío.
Por fortuna la acción del vecindario resultó heroica y la “malla” humana surtió efecto. Aunque el menor sufrió algunas laceraciones en la frente durante la caída, el impacto que habría sido fatal fue amortiguado por el llamado solidario de la comunidad. El niño fue trasladado de inmediato a un centro médico donde, según el reporte oficial de la Policía Metropolitana, se confirmó que no presenta diagnósticos de gravedad.
¿Qué pasó?
Como era de esperarse, el rescate no fue el final de la historia. La indignación escaló rápidamente cuando los vecinos notaron la aparente indolencia al interior de la vivienda. Testigos relataron que, tras el incidente, una persona que se asomó por la terraza, presumiblemente familiar del menor, no mostró ninguna reacción de alarma proporcional a la emergencia.
En consecuencia, se generó una protesta espontánea frente al inmueble para exigir respuestas. “El niño se sostenía como podía, primero con las dos manos, luego con una sola”, narró una vecina a Noticias Caracol.
El caso quedó en manos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la unidad de Infancia y Adolescencia, quienes deberán determinar la responsabilidad de los cuidadores y el restablecimiento de los derechos del niño. Entretanto, en La Gaitana queda la sensación de un milagro guiado por el instinto, pero también la pregunta amarga sobre la realidad que vivien puertas a dentro los menores de la ciudad..
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