La lluvia arrecia en la tarde del domingo en Bogotá. En medio de las gruesas gotas que acribillan el asfalto, un grupo de personas corre al recorrido que está a punto de materializarse en uno de los edificios con historia de Bogotá. Su estructura sobresale desde la lejanía por sus líneas blancas y negras horizontales que componen sus 14 pisos y tres sótanos. La estructura es hoy el personaje principal que cuenta una particular historia. Se trata del edificio Florentino Vezga, en el barrio La Alameda, localidad Santa Fe.
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A pesar del nombre oficial, la mayoría de personas lo conoce como el antiguo edificio Telecom, que por 30 años, hizo de edificio central de la histórica empresa de telecomunicaciones, liquidada en 2003.
Actualmente, 23 años después del cierre, el edificio es una fotografía del pasado. Un edificio detenido en el tiempo.
Tan solo asomarse a la entrada, se revela la certeza de que será un viaje a un pasado no tan remoto: carteles, piezas de publicidad guardadas y toda clase de objetos arropados en polvo comienzan a aparecer a medida que se adentra por una puerta de madera y vidrio. Los asistentes al recorrido organizado por Ciudad Sin Brújula son guiados por Stefanía Álvarez, fotógrafa apasionada por la arquitectura que creó el grupo para recorrer los rincones ocultos de Bogotá.
Está ubicado en el costado norte de la esquina de la Calle 23 Nº 13 – 45. Este sector del centro colinda con los barrios Santa Fe, Las Nieves y San Diego. Después de atravesar la reja gris con la que está resguardado el edificio, la lluvia comienza a ser un susurro lejano. El lobby se abre con una amplia luz y un estilo moderno, con acabados en madera, pero un techo descolorido. Todo contrasta con la primera parada del recorrido: los sótanos. Para atravesarlos es necesario encender la linterna del celular.
Caminar allí es como adentrarse a una catacumba o la tumba de un faraón, pero en lugar de objetos valiosos que acompañan el alma del difunto en el más allá, son objetos de marcas comerciales y piezas de construcción, las que permanecen allí. Algunas resaltan a la vista: en los techos del sótano, viejos rociadores contra incendios teñidos de naranja y amarillo, consumidos por la corrosión y el tiempo.
Han pasado 23 años desde el cierre de Telecom. Aunque la guía cuenta que no era un secreto que la empresa se fue quebrando poco a poco, para los empleados el cierre de las instalaciones fue abrupto en el gobierno de Álvaro Uribe Velez. “Los trabajadores cuentan que salieron a almorzar y cuando volvieron estaba todo rodeado por policía. Ese día se armó un caos: cerraron todas las sedes de Telecom del país al mismo tiempo y muchos empleados ni siquiera entendían qué estaba pasando”.
Los primeros pisos, destinados antiguamente a la atención al ciudadano y recepción, parecen intactos, pero resulta casi inimaginable el tránsito de hombres de corbata y mujeres con grandes aretes y vestidos largos y elegantes de la moda ochentera o noventera, en medio de los objetos que se guardan hoy día en el espacio como aprovechamiento de bodega.
El edificio fue pensado para albergar áreas de atención al público, espacios técnicos, oficinas administrativas, vicepresidencias y presidencia, siendo la sede principal de Telecom del país. Fue símbolo de modernidad y avance en estructuración de oficinas en los 80, aspecto que todavía reluce en los botones de los ascensores viejos y los tapizados verdes o azules en las paredes. Allí trabajaban cerca de 5.000 personas, incluyendo operadoras telefónicas que laboraban por turnos en horario continuo.
Los diferentes edificios de Telecom dejaron una huella imborrable en Colombia: si bien en Bogotá hay más huellas arquitectónicas de la empresa, sí es el único que permanece detenido en el tiempo. Por todo el país hay rezagos de las edificaciones que comenzaron a construirse después de 1947. Ese año se fundó oficialmente la empresa de telecomunicaciones, luego de que en 1943, el entonces presidente Alfonso López Pumarejo (1942-1945) nacionalizara las comunicaciones. Así lo detalla el trabajo de tesis Arquitectura de las Telecomunicaciones a mediados del siglo XX en Colombia, Catálogo Telecom (2025), del arquitecto Sebastián Arboleda Orozco de la U. Nacional.
La expansión y el alcance de la empresa estatal se proyectó a través de estructuras que se fueron levantando a lo largo del territorio, trayendo consigo hitos como los teléfonos, la fibra óptica, entre otros avances que cumplían con su función original de conectar al país. Todo se fue haciendo realidad a pesar de que los proyectos comenzaron a verse solo después de los 50 debido al reciente Bogotazo.
En la capital se estructuraron diversas edificaciones: el Telecomunicaciones Chapinero Telecom (ubicado en la av. Caracas # 60A - 63 (1956)); El edificio para la Torre Central, lo terminaron en 1956-57, está ubicado en la manzana en la Carrera 13A N° 22-54, misma en la que después se construyó el Florentino Vezga.
Sumergidos en laberintos de escaleras, a las cuales hay que subir iluminando los pasos con la linterna del celular, permanecen algunos mensajes de señalización y más grafitis en las paredes. Cuentan que fue inaugurado en 1973 en conmemoración a los 30 años de la nacionalización de las telecomunicaciones y lo nombraron Florentino Vezga, conmemorando los 150 años del natalicio del primer director de Correos y Telégrafos.
“Toda esta manzana estaba pensada para Telecom. La idea era que aquí funcionara prácticamente todo el complejo de la empresa: oficinas, servicios y espacios relacionados con las telecomunicaciones. Este edificio era solo una parte de un proyecto más grande que buscaba concentrar aquí el corazón de la compañía en Bogotá. Con el tiempo muchas de esas cosas cambiaron, sobre todo después de la liquidación, y por eso hoy vemos estos espacios vacíos o con otros usos”.
A medida que se asciende por las escaleras blancas con paredes pintadas con señales y uno que otro grafitti, las ventanas de las antiguas oficinas comienzan a exhibir la vista de los atractivos turísticos del barrio.
Ya dejó de llover y el sol se filtra entre las gruesas cortinas. Resaltan a la vista la Iglesia Nuestra Señora de las Angustias, conocida como la iglesia gris. Cuenta la guía que el templo está hoy día administrado por una ex trabajadora de Telecom. Según relata, la mujer quiso seguir cerca del lugar que durante años fue su segundo hogar y decidió dedicarse a administrar la iglesia. “Ella no estuvo en el proceso de liquidación de la empresa porque se pensionó antes”, señaló.
También menciona la plaza de las telecomunicaciones, donde, a las afueras del edificio, se encuentra una estatua del maestro Alejandro Obregón, titulada Lanzando la onda, que hoy está en igualmente deteriorada. Actualmente la plaza en la que está la escultura permanece encerrada. La guía comenta que cerrar una plazoleta resulta contradictorio, pero explica que la decisión se tomó porque, desde que retiraron el cable y el antiguo gabinete de telecomunicaciones que había allí, el sector se volvió más inseguro por problemas de microtráfico.
Toda la historia del lugar se pausa en 2003. Antes de esta fecha, a juzgar por lo que se ven en los pisos superiores del 4to al 7mo piso, se observan los acabados de oficinas de esa época: tapetes, tapizados hasta en las paredes, divisiones en madera o columnas, balcones para fumadores.
A cada paso, los visitantes van dejando las huellas de sus zapatos sobre el polvo, como las que se dejan sobre la nieve en países con estaciones o el granizo bogotano en épocas de fuertes aguaceros.
Otras sedes han sido reutilizadas. Los pasillos de esta evidencian que a pesar de que el edificio pareciera obligado a resistir al paso del tiempo, las telarañas en las esquinas y los trozos de vidrios que se observan sobre los tapetes, las palomas que conviven entre los techos y paredes, son prueba del desgaste de esta fotografía arquitectónica. Menciona la guía, por ejemplo, el antiguo edificio de Telecom de Chapinero, que aunque deteriorado no permaneció en el pasado, y otro en Barranquilla, con una forma arquitectónica similar a una hélice.
A esto se añade que, a diferencia de otros edificios que fueron de Telecom en Colombia, el Florentino Vezga no tiene reconocimiento patrimonial: el Telecom de Cali fue declarado bien de interés cultural con nivel de conservación, mismo caso que el Telecom de Barranquilla, declarado bien de interés cultural en 2005. “En el caso de Bogotá, ninguno de los inmuebles ha sido investigado, valorado o declarado”, señala el estudio de Arboleda Orozco.
Esto, a pesar de que el edificio tiene la firma Obregón, Valenzuela & Cía. Ltda., arquitectos que diseñaron muchos de los edificios que caracterizan la morfología urbana de la capital aún hoy. La guía explica que los arquitectos del edificio también participaron en otros diseños que muchos bogotanos seguramente reconocen. Entre ellos menciona la Torre Colseguros, ubicada en la calle 7 con carrera décima. También participaron en el edificio que pertenecía a Bavaria, el que se ilumina por las noches en el Centro Internacional, y en el edificio de la aseguradora del Valle, entre otros.
Después del cierre, algunos trabajadores continuaron realizando labores pendientes hasta aproximadamente 2008. Telecom había sido liquidada y comprada por Telefónica Movistar, abriendo el mercado privado de las telecomunicaciones. Tras la compra, todas las propiedades de la antigua empresa pasaron automáticamente al privado español, entre ellas la del barrio Alameda. Años después un privado lo compró.
Sin embargo, hoy el edificio no tiene un proyecto definitivo de recuperación. No está oficialmente declarado patrimonio, aunque quienes realizan los recorridos lo consideran parte de la memoria urbana. Se estima que restaurarlo y adecuarlo a las normas actuales costaría más de COP 14.000 millones, ya que habría que actualizar ascensores, sistemas de seguridad y muchas otras instalaciones.
Actualmente el inmueble se usa principalmente como bodega y ha sido arrendado como locación de películas y series. Allí se han grabado producciones como la serie Distrito Salvaje, El robo del siglo, Colmenares, y otros contenidos audiovisuales y videos musicales. Además, parte del edificio se arrienda para almacenar materiales de eventos y ferias de Bogotá.
Hay un piso completamente lleno de estructuras publicitarias, que van desde recreaciones de maravillas del mundo como el Big Ben, el Cristo de Espaldas, faraones egipcios, gárgolas como las que se aprecian en El Jorobado de Notre Dame, escenografías y elementos de marcas como Coca-Cola, muñecos de metro y medio de M&M’s.
Tras más escaleras y linterna en mano, se llega a los pisos 12 y 13: destinados antiguamente para la vicepresidencia y presidencia de la empresa, exhiben el estilo de penthouse ochentero. Una ventana de dos pisos abre otra panorámica envidiable del centro internacional, interrumpida por un enorme grafitti. La luz se cuela con dificultad por entre los trazos negros del dibujo que abarca la mitad de la panorámica. Pero a medida que la vista vuela por el amplio espacio, el centro de atención termina siendo las escaleras rojas de caracol que unen ambos pisos. Lucen intactas y pareciera que condujeran a elegantes oficinas. Al subir, más espacios tapizados y huellas de nieve gris.
El recorrido termina con una subida a la terraza. Allí se sella un pacto con el edificio. La panorámica no sólo deja ver la confrontación, convivencia o diálogo -según la perspectiva desde la que se le mire- de los edificios antiguos y nuevos de la capital. Al costado sur se observa una antena roja con blanco de la primera torre central del soñado complejo de Telecom. La brisa se extiende por el paisaje y en medio de un débil sol, nuevamente, como si cumplieran una cita infaltable, las gotas de lluvia comienzan a caer sobre las raíces y pequeños arbustos del techo, marcando así, de paso, el fin del recorrido.
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