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El 22 % de los hogares en Ciudad Bolívar no pueden acceder a una dieta saludable: FAO

Los condicionantes de ingresos del hogar, el precio de los alimentos, el desconocimiento o la falta de cierre del sistema de abastecimiento marcan qué tanto las familias pueden acceder diariamente a una dieta saludable y mejorar su calidad de vida.

María Angélica García Puerto

11 de mayo de 2026 - 06:03 p. m.
Once alimentos distribuidos en seis grupos: cereales, raíces, tubérculos y plátanos; verduras; frutas; carnes, huevos y lácteos; leguminosas, nueces y semillas; y grasas y aceites, son los alimentos que hacen parte de una dieta saludable, según la Organización FAO.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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Tal vez cuando lee o escucha sobre dietas saludables, lo primero que puede pensar es que sean alimentos costosos e importados que, para la gran mayoría de familias, pueden ser poco asequibles. Sin embargo, la realidad es distinta. Son alimentos altamente nutritivos que pueden encontrarse en cualquier dieta diaria. Aun así, en Colombia, uno de los países de la región con mayor producción de alimentos, paradójicamente el 36 % no consigue costear dietas saludables y 1 de cada 4 personas padece de inseguridad alimentaria, de acuerdo con la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

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El porqué de esta desigualdad varía entre territorios y localidades cuando de Bogotá se trata y está atravesada por el ingreso económico de los hogares, desconocimiento o falta de acceso a los alimentos en sus barrios. ¿Cuánto cuesta comer saludable y qué se está haciendo para que no sea un privilegio? El Espectador conoció el más reciente estudio de la FAO que evaluó el costo de comer saludable en Bogotá y los municipios de Soacha y Zipaquirá, en Cundinamarca.

El costo diario para un hogar

Las localidades escogidas, por ser distantes y profundamente contrastantes en sus realidades socioeconómicas, fueron Ciudad Bolívar y Usaquén. Allí, en orden de tiendas de barrio, de mediana superficie y grandes supermercados, fueron los lugares visitados.

Los resultados, dice Santiago Manzo, líder de proyectos en seguridad alimentaria y nutricional de la Organización, fueron los esperados. Mientras en Usaquén registra el costo más alto de la dieta saludable y solo el 8 % de los hogares no puede permitírsela; en Ciudad Bolívar, el costo diario es menor, pero el porcentaje de hogares que no alcanza el umbral para acceder a esa dieta sube al 22,7 %. Cereales, raíces, tubérculos y plátanos, además de carnes, huevos y lácteos, representaron más de la mitad del costo promedio de la dieta.

Esta brecha, explica Manzo, tiene como raíz los ingresos insuficientes de un hogar para comprar estos alimentos de manera estable, diversa y nutritiva, más allá de si hay los alimentos disponibles. En otras palabras, las familias priorizan los gastos básicos de su hogar, como servicios públicos, arriendo y transporte.

Por ejemplo, un hogar en Soacha conformado por cuatro personas destina el 75 % de sus ingresos para gastos no alimentarios. Lo que significa que dejan un 25% en promedio para compras de alimentos. Necesitarían más o menos de COP 2 millones 100 mil para poder acceder a una dieta saludable y a esas necesidades básicas no alimentarias”, detalló Manzo.

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La profesora Johana Vásquez Velásquez, del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas (FCHE) de la Universidad Nacional, complementa con otras causas como bajo nivel educativo, precariedad laboral, territorios en conflicto, cambio climático o determinantes comerciales. “Tienen que ver con la industria de alimentos y de bebidas, que moldean las preferencias del consumo alimentario de las personas, por ejemplo, con precios bajos, publicidad y mercadeo, sobre todo, de productos no perecederos y ultraprocesados”, comenta Vásquez.

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Menos saludable, más riesgo de enfermedades

De acuerdo con el Proyecto Global de Calidad de la Dieta (Global Diet Quality Project – GDQP; 2022), la calidad de la dieta se entiende como aquella que es adecuada en nutrientes, pero también protectora frente a enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación.

2.300 kilocalorías y once alimentos distribuidos en seis grupos: cereales, raíces, tubérculos y plátanos; verduras; frutas; carnes, huevos y lácteos; leguminosas, nueces y semillas; y grasas y aceites, son los alimentos que hacen parte de una dieta saludable, según la Organización FAO.

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El problema está en que una baja calidad de la dieta contribuye a facilitar la malnutrición y aumentar las enfermedades no transmisibles como la diabetes o las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y el cáncer, según la OMS. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, durante 2025 el exceso de peso en la población adulta en Bogotá alcanzó una proporción del 62%, 3,6 puntos porcentuales más con respecto al año 2024. Mientras que la prevalencia de delgadez se redujo en 3 puntos porcentuales el año pasado (1,6 %).

Que comer saludable no sea un privilegio

Carolina Chica, directora de Economía Rural y Abastecimiento Alimentario de la Secretaría de Desarrollo Económico, señaló que desde hace 2 años adelantan un monitoreo de precios del mercado minorista de alimentos en Bogotá, alcanzando un censo de 4 mil tiendas de barrio en todas las localidades de la ciudad.

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A la fecha, han concluido que el 89% de esos fruver se abastecen de Corabastos, el 9% de distribuidores y solo un 2% de productores directos. El efecto que esta estructura tiene es que las alzas del mercado mayorista tienden a amplificarse en el comercio minorista. Y con otra particularidad, cuando hay reducción de precios, se traduce con rezago (a los minoristas)”. Por ello, para Chica, las brechas de acceso a alimentos saludables no solo deben entenderse desde el precio de los mismos, sino desde los canales de comercialización.

Edwin García, director de Planificación, Gestión y Ejecución de Proyectos de la RAP-E Región Central, complementa. La primera desconexión que tenemos es entre los privados y públicos. Necesitamos un sistema de información que fortalezca la relación entre los actores de la cadena para evitar tantos intermediarios que no generan valor”.

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Para ver un cambio en el plato de los hogares, Chica resalta que debe haber un cambio en el comportamiento del consumidor y lo que consume. Mientras tanto, Diego Díaz, subdirector de la Gestión de Proyectos de la Región Metropolitana, insiste en que hay que sumar el fortalecimiento de la comercialización para que en las tiendas de barrios sí lleguen esos alimentos. “Estamos hablando de familias que compran diariamente y, si no encuentran ese alimento porque el sistema de abastecimiento se rompe en algún momento, va a preferir esa madre comprar una Coca-Cola”.

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Santiago Manzo, líder de proyectos en seguridad alimentaria y nutricional de la FAO, hace un último llamado. Que las decisiones de política pública lleven a mejorar no solo el sistema de abastecimiento, sino a aumentar las capacidades de los hogares para acceder a estas dietas saludables. También invitar a los hogares a no creer que la dieta es exclusiva y solo para un nicho de gente. Al contrario, es el arroz, la papa, el huevo, la zanahoria… Preferir un jugo de guayaba a una gaseosa”.

Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.

Por María Angélica García Puerto

Cubre temas de seguridad, primera infancia, educación, movilidad, derechos humanos y género.@_amariag
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