Una de las primeras impresiones de quienes llegan a Bogotá es su multiplicidad. En la ciudad se despliega un cruce de costumbres y trayectorias que le dan un carácter singular. En esa mezcla, cambiante y por momentos contradictoria, se configuran parte de sus expresiones culturales, con una oferta difícil de agotar: conciertos, teatro, festivales, museos y presentaciones en el espacio público, que hacen que la ciudad esté en permanente actividad. Pero esa intensidad tiene una dimensión menos evidente: su peso en la economía. Detrás de cada evento hay redes de trabajo, circulación de bienes y servicios, y un entramado productivo que, en los últimos años, ha ganado peso en la ciudad.
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El impulso en 2025
Las industrias culturales y creativas se consolidaron en 2025 como uno de los sectores más dinámicos de la economía bogotana. Más de 235.000 personas trabajan hoy en actividades relacionadas con el diseño, los contenidos digitales, la producción audiovisual o las artes, en un sector que ya representa cerca del 5,5 % de la actividad económica de la ciudad. La cifra no es menor si se tiene en cuenta que, por años, desde la institucionalidad la cultura se entendió como algo más cercano a lo simbólico que al mercado.
Sin embargo, en la última década ha ganado peso en el entramado productivo de la capital, al punto de competir con otras actividades que históricamente han liderado el sector. El valor de la economía cultural pasó de casi COP 9,8 billones de en 2014 a COP 19 billones en 2023, lo que refleja una expansión sostenida y un cambio en la escala de estas actividades.
El crecimiento no solo se explica por el aumento en la producción cultural tradicional (música, cine o el sector editorial), sino por la consolidación de actividades vinculadas a la creatividad y a las nuevas tecnologías. El diseño, la publicidad, el software, la animación y la producción de contenidos digitales se han convertido en piezas centrales de un ecosistema que trasciende los límites del sector clásico.
Cultura y mercado
El diagnóstico del ecosistema cultural y creativo de Bogotá, que presentó el Distrito muestra que el sector se ha consolidado en fuente relevante de empleo urbano. Más de 235.000 personas trabajan en actividades relacionadas con la economía creativa, desde artistas y gestores culturales hasta desarrolladores, productores audiovisuales y creadores de contenido.
De acuerdo con el diagnóstico, se trata de un universo diverso en el que conviven emprendimientos independientes, pequeñas empresas y organizaciones más consolidadas. La capital cuenta con más de 25.000 empresas del sector activas y concentra el 60% de la economía creativa del país.
En conjunto, estas dinámicas configuran un entramado productivo que no solo genera ingresos, sino que también articula redes de trabajo, circulación de contenidos y consumo cultural local. El crecimiento del empleo, además, ha sido superior al de otros sectores económicos en los últimos años, lo que sugiere un dinamismo particular dentro del mercado laboral de la ciudad.
El peso de las industrias creativas
Uno de los cambios más significativos en la estructura del sector es el predominio de las llamadas creaciones funcionales. Este grupo, que incluye actividades como el diseño, la publicidad, el software y los contenidos digitales, concentra cerca del 72 % de la economía cultural de la ciudad.
En contraste, las industrias culturales tradicionales —como la música, el audiovisual o el sector editorial— representan alrededor del 15,7 %, mientras que las artes y el patrimonio participan con cerca del 12,3 %. La diferencia no es solo cuantitativa. También refleja una transformación en la forma en que se produce y circula la cultura. Cada vez más, la creatividad está vinculada a procesos digitales, servicios empresariales y productos que se integran a otras cadenas de valor.
Bogotá, centro de la economía cultural
El peso del sector en la ciudad también se explica por su concentración a nivel nacional. Bogotá reúne cerca del 61 % de la economía cultural y creativa de Colombia, lo que la convierte en el principal centro de producción cultural del país. Esa concentración responde a múltiples factores: la presencia de universidades y centros de formación, la infraestructura cultural, la oferta de espacios de circulación artística y un mercado más amplio para bienes y servicios creativos.
Esto ocurre en un entorno urbano ampliamente marcado por expresiones culturales que también se desarrollan por fuera de la promoción institucional. Así, lo que se conoce como cultura “underground” mantiene un espacio relevante en la ciudad y dinamiza nichos como el arte urbano, el hip-hop y diversas corrientes del rock. Nichos que por decisión porpia o por dinámicas del mercado permanecen relegados en relación con el gran ecosistema cultural.
Crecimiento con tensiones y efectos en el entorno
El diagnóstico advierte que buena parte del trabajo cultural sigue marcado por condiciones de informalidad, ingresos inestables y dificultades de acceso a financiamiento. Muchos emprendimientos creativos operan con estructuras precarias, dependen de contratos temporales o enfrentan barreras para acceder a crédito o inversión. Estas condiciones afectan especialmente a los sectores más pequeños o a las prácticas que no están directamente vinculadas al mercado.
A esto se suman desigualdades dentro del propio sector. Mientras algunas actividades, como el diseño o los contenidos digitales, han logrado integrarse con mayor facilidad a dinámicas empresariales, otras —como las artes escénicas o el patrimonio— siguen dependiendo en mayor medida de apoyos públicos.
A estas tensiones se suman impactos menos visibles asociados al crecimiento de la oferta cultural. Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia advierte que el ruido de eventos masivos en la ciudad puede afectar entornos hospitalarios cercanos, al superar los niveles recomendados para zonas de atención en salud.
Mediciones realizadas durante conciertos en el escenario Vive Claro registraron niveles de entre 77 y 82 decibeles en áreas internas del Hospital Universitario Nacional de Colombia, muy por encima del límite nocturno permitido. Según el estudio, esta exposición puede interferir en el sueño de los pacientes, activar respuestas de estrés y afectar tanto los procesos de recuperación como las condiciones de trabajo del personal de salud.
Sin embargo, Ocesa Colombia sostiene que los conciertos en el escenario Vive Claro no generan afectaciones acústicas en zonas clínicas sensibles. En un informe técnico entregado al Distrito, la empresa señala que las mediciones realizadas en espacios como la UCI se mantienen dentro de rangos permitidos y atribuye los picos de ruido a la dinámica interna del hospital.
Bogotá sigue siendo, en esencia, una ciudad que se expresa y se identifica a través de la cultura. En esa multiplicidad que la define conviven tanto su potencia creativa como sus tensiones más profundas. El reto no es menor: sostener el crecimiento de un sector que dinamiza la economía sin perder de vista que, detrás de cada cifra, persisten desigualdades, disputas por el espacio urbano y preguntas abiertas sobre el tipo de ciudad que se está construyendo.
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