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El discreto regreso del zorro perrero a los humedales del norte de Bogotá

Tras el hallazgo, el Distrito anunció un programa para proteger a cinco especies clave, incluyendo al tigrillo lanudo y la comadreja andina.

Redacción Bogotá

05 de abril de 2026 - 06:59 p. m.
Ejemplar de zorro perrero )Cerdocyon thous) avistado en la Reserva Distrital de Humedal Torca-Guaymaral, en el norte de Bogotá.
Foto: Secretaría de Ambiente
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El sistema de humedales del norte de la capital confirmó una de las mejores noticias ambientales de lo que va del año. La Secretaría Distrital de Ambiente confirmó el avistamiento del zorro perrero (Cerdocyon thous) en la Reserva Distrital de Humedal Torca-Guaymaral, en el norte de la ciudad, un hallazgo que certifica que este ecosistema aún mantiene las condiciones de refugio y alimento necesarias para carnívoros de mediano tamaño.

Este cánido silvestre, de hábitos discretos y principalmente nocturnos, es considerado un mesopredador. Su aparición en el monitoreo indica que la red trófica del humedal está activa: para que el zorro sobreviva, el entorno debe garantizar una población estable de pequeños mamíferos, aves, reptiles e insectos que le sirvan de presa.

Un corredor de vida en medio del asfalto

Aunque el zorro perrero es conocido por su capacidad de adaptarse a paisajes intervenidos por el hombre, su presencia en Torca-Guaymaral resalta el valor de las áreas protegidas como nodos funcionales de la estructura ecológica de Bogotá. El registro confirma que, pese a la presión urbana, el humedal sigue ofreciendo la cobertura vegetal suficiente para que la fauna silvestre se desplace y encuentre refugio.

Sin embargo, el zorro no está solo en esta estrategia de conservación. El Distrito anunció que el grupo de monitoreo está diseñando programas de protección integral para otras cuatro especies que habitan o podrían habitar los corredores verdes del norte:

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  • Comadreja cola larga (Neogale frenata)
  • Zarigüeya andina (Didelphis pernigra)
  • Tigrillo lanudo (Leopardus pardinoides)
  • Coatí de montaña (Nasuella olivacea)

El reto de la co-existencia

La presencia de estas cinco especies es un indicador clave de la salud de los ecosistemas periurbanos. Para las autoridades ambientales, este hito científico es el punto de partida para construir, junto a la ciudadanía, estrategias de manejo que permitan que la biodiversidad bogotana conviva con la expansión de la ciudad.

El hallazgo en Torca-Guaymaral no es un hecho aislado, sino una evidencia de que el cinturón verde del norte sigue cumpliendo su función como soporte de vida, permitiendo que interacciones salvajes ocurran a pocos metros de la actividad urbana.

La Autonorte y el debate por la protección de la fauna

El reciente avistamiento del zorro perrero ocurre en un momento de definiciones críticas para el norte de la ciudad. Tras años de debates jurídicos y ambientales, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) dio luz verde a la ampliación de la Autopista Norte, un proyecto que busca corregir el error histórico de 1956, cuando la vía se construyó dividiendo abruptamente los humedales Torca y Guaymaral.

El “blindaje” de la fauna que hoy habita la reserva dependerá de la eficacia de la ingeniería concertada. El nuevo diseño, que destrabó la licencia tras una primera negativa de la ANLA, contempla la instalación de siete sifones o box culverts de concreto armado y la elevación parcial de algunos tramos de la vía. Estas estructuras no solo buscan aumentar la capacidad hidráulica en un 1.200 % para evitar inundaciones, sino que están diseñadas específicamente como pasos de fauna para permitir que especies como el zorro perrero, el tigrillo lanudo y la comadreja puedan cruzar de un lado al otro sin morir en el asfalto.

Dudas sobre la “conectividad rígida”

Sin embargo, el inicio de las obras —proyectado para este semestre— no apaga las alertas de las organizaciones ambientales. Sectores liderados por la Fundación Natura y voces como la de la concejal Heidy Sánchez advierten que estas estructuras rígidas podrían ser insuficientes para reproducir la dinámica natural de un humedal.

El reto para el concesionario y las autoridades ambientales será demostrar que los 113 metros cúbicos por segundo de capacidad hidráulica prometidos son suficientes para que Torca y Guaymaral vuelvan a funcionar como un solo organismo. Con un horizonte de ejecución de cinco a seis años, el seguimiento estricto a la licencia será la única garantía para que la ampliación de la autopista no se convierta en un proyecto que mantenga la deuda ambiental, sino en el ejemplo de cómo la movilidad puede ceder espacio a la biodiversidad que, como el zorro perrero, sigue reclamando su territorio.

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Por Redacción Bogotá

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