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El iraní que tradujo a Gabo

En 2004, Amir Fetanat se atrevió, contraviniendo la prohibición que había en su país, a traducir al farsi el libro del Nobel ‘Memoria de mis putas tristes’.

Pompilio Peña

29 de junio de 2009 - 03:59 p. m.
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En momentos en que los jóvenes de ese país reclaman a la élite conservadora que los gobierna sus derechos individuales, de Irán llegan noticias con sabor a libertad. Porque un hombre proveniente de esas lejanas tierras, quien escogió como su casa la capital colombiana, les regaló hace cinco años a sus paisanos un pedacito de nuestro patio. Mariposas amarillas. Ese arte que llaman muchos “realismo mágico”. Les tradujo, en medio del sigilo propio de lo prohibido, el libro Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez.

Amir Fetanat tiene su corazón dividido en dos, una parte de él está aquí en Colombia y otra en su país, Irán, lugar que hoy vive una situación crítica debido a la represión. Este hecho, a la vez, le recuerda su juventud a finales de los años 60, cuando fue un militante de izquierda y movilizó una huelga estudiantil que le costó tres años de cárcel y que lo obligó, luego, sin papeles, a viajar por países como Afganistán, Siria y Turquía.

En París, mientras vivía como bohemio, entre libros y cafetines, conoció a Patricia Sánchez, una colombiana, alguien que le cambió su percepción del mundo, . “Yo era un hombre con una carga histórica y religiosa muy pesada, y ella, una chica con una espontaneidad que no demoró en fascinarme”. Con ella se casó y tuvo dos hijos. En Colombia entró como traductor para la embajada de su país y luego fue ascendido a encargado de asuntos culturales entre las dos naciones.

Su pasión como lector, asegura, siempre ha sido y será nuestro Gabo. “Cuando salió Memoria de mis putas tristes y lo leí, supe que la nueva generación de Irán no podía privarse de esta obra. Sabía que no iba a ser aceptada, y así fue; no me dieron permiso para publicarla. Decidí entonces sacar plata de mi bolsillo y, bajo todo riesgo, publiqué este libro”.

Poco tiempo después otro traductor hizo el trabajo y le dieron permiso para publicar Memorias en Irán. Esa versión tenía recortada cerca de tres páginas, y las cinco mil copias impresas se agotaron en dos meses. Luego fue prohibido de nuevo. Este hecho desató un movimiento literario en contra del gobierno iraní. “Cuando supe de la situación, puse en mi página web la opción de que la gente bajara mi traducción gratis, y, hasta el momento, lo han hecho 40 mil veces”. De esta forma su traducción hizo eco en todo el mundo. Por este hecho, en 2007, le fue otorgado el premio como Mejor Lingüista, que otorga el portal Intraneta a quienes dan a conocer la importancia de las lenguas.

Ya son más de diez años los que lleva residiendo en Bogotá, “Esta ciudad caótica y llena de belleza”. Hoy en día todos sus esfuerzos están fijos en buscar un editor para un libro propio, Así hablará Judas, que cuenta la vida de un hombre del Oriente Medio en su periplo por el mundo. Amir Se levanta a las 2 de la mañana a escribir y leer. Prepara café espeso. Enciende un cigarrillo tras otro. Medita. Vuelve a su computadora a revisar, siempre envuelto, como afirma él, entre sus libros y el silencio.

Por Pompilio Peña

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