25 Jun 2021 - 2:00 a. m.

El Portal de las Américas es más que disturbios

Además de ser el eje de la movilidad de habitantes de Kennedy y Bosa, se ha convertido en uno de los puntos donde más se ha visibilizado la organización social en medio del paro. Autoridades enfocan su atención en temas de seguridad y microtráfico.
Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
Paro Nacional - #19M Portal de las Americas
Paro Nacional - #19M Portal de las Americas

Lo último que se puede hacer frente a lo que está pasando en el Portal de las Américas es homogenizar, y esto se puede ver desde que se pone el primer pie en el lugar, donde junto a un cartel de apoyo al paro se ve otro de habitantes de la zona demandando su derecho a la movilización y a la apertura de sus negocios. Pero más allá de eso, lo que ha hecho llamativo este punto es que en los dos meses que completa el paro nacional se han visibilizado tipos de organizaciones locales que muestran diferentes caras de la moneda.

Lo primero es entender su importancia territorial. El Portal de las Américas se encuentra en el suroccidente de Bogotá, sobre la avenida Villavicencio con Ciudad de Cali, eje fundamental no solo para la localidad de Kennedy, sino para la mayor parte de quienes viven en Bosa Occidental. Es por ello que este punto de transporte, de acuerdo con cifras de Transmilenio de febrero, es el que mayor demanda presenta entre todos los portales y estaciones, con aproximadamente 52.894 validaciones (ingresos) diarias.

Tomó relevancia con la descentralización de las manifestaciones. Allí no solamente se comenzaron a congregar las marchas en el sur de la ciudad, sino que se comenzaron a visibilizar diferentes expresiones sociales, políticas y culturales en el marco de paro nacional, así como grandes enfrentamientos con la Fuerza Pública. En medio de estos procesos se ha hecho notorio el papel de la Primera Línea y de las madres de la Primera Línea, al igual que el de otras expresiones, entre ellas la Guardia Comunitaria Indígena, Al calor de la olla y el Espacio Humanitario del Portal, que han desarrollado actividades artísticas y comunales en los últimos dos meses.

No son los únicos. En este momento hay cuatro brigadas de salud, jóvenes que integran más colectivos y habitantes de la zona que se han organizado de un lado y del otro de la protesta. La mayoría, amparados en las solicitudes del paro nacional y en peticiones al Distrito, que se han venido formalizando en medio de comités y participación popular, en las que piden mayor claridad respecto a los proyectos en el sector (fechas de entrega y costos) y otras acciones a corto plazo, en temas de gobierno, Fuerza Pública, educación, cultura, trabajo a largo plazo y medioambiente.

“Han venido a repetirnos la oferta institucional de la ciudad y parte de la gente está en la calle porque la oferta institucional no es eficiente. Por ejemplo, para las denuncias de abuso hay una mesa de derechos humanos con la Policía, pero si funcionara no tendrían que haber tantas organizaciones de derechos humanos aquí. No queremos que nos hablen de lo que ya está en el Plan de Desarrollo. Lo que estamos exigiendo son garantías básicas, como la desmilitarización de la zona, la reparación colectiva e individual de las víctimas y una mesa de garantías donde se puedan establecer otras mesas de diálogo”, señala una de las lideresas del Portal Resistencia.

Para Carolina Cepeda, profesora de movimientos sociales y relaciones internacionales de la Universidad Javeriana, lo que está ocurriendo es que el estallido social no encontró a la gente tan desorganizada, a lo que se suma algo que se dio en 2019, que fue el cambio de la tradicional marcha al centro de la ciudad a movilizaciones entre barrios, que fortalecieron procesos, formas de participación y apropiación del territorio, de la mano de colectivos que mucho antes se han venido fortaleciendo como el barrismo local, la educación popular o los grupos ambientales y artísticos.

“El hecho de que la gente esté demandando cosas inmediatas de su entorno nos demuestra que tienen unas necesidades fuertes. La gestión de esos problemas depende de la respuesta del Estado, no como un ente abstracto, sino con unas instituciones y competencias que tendrán que solucionarlas. Lo que pasa es que esto no se debe tramitar como problemas locales, sino que tocan a toda la ciudad. Será importante el rol del Estado y, sobre todo, de otro tipo de organizaciones sociales que sean capaces de autogestionar algunos problemas cuando el Estado no es capaz de responder”, indica Cepeda.

Por el otro lado, está el tema de seguridad en la zona. El pasado lunes, voceros de Al calor de la olla hablaron de sus procesos, presentaron cifras y acciones frente a casos de abuso y se refirieron a la estigmatización ante los casos de venta de drogas en este espacio, por lo que aseguraron que, además de que agrupaciones de payasos y maromeros han desplegado campañas para desmotivar el consumo, se han hecho otras actividades de concientización para hacerle frente a la situación, pero consideran que no se debe desconocer el papel del Estado y los espacios de venta y consumo que se han establecido desde mucho antes en barrios aledaños al Portal, como Patio Bonito, María Paz, Bosa Brasilia y El Amparo.

Al respecto, Andrés Macías considera que el microtráfico estaría atado al contexto de desorden que se percibe en el portal y las zonas aledañas. “Se aprovechan del escenario, donde hay presencia de masas y donde las autoridades se les hace más difícil entrar y regular. Esto se convierte en un nicho de mercado llamativo para estas organizaciones de tráfico que existen cerca del lugar”.

Sumado a esto, cree que el prolongado descontento social hace que se vaya perdiendo el apoyo de la comunidad y la legitimidad de la protesta, en especial entre quienes no han salido a marchar y se han visto afectados en otros aspectos, como la movilidad. “Al principio hubo un espacio de tolerancia y de apoyo, pero a medida que pasa el tiempo disminuye y se va enfocando más en la seguridad”. Esto ya se ha visto entre comerciantes, que se han organizado, y vecinos que piden la intervención de las autoridades y la salida de los manifestantes del portal, alegando que ahora son sus derechos los que están siendo vulnerados.

Es por ello que en este punto es importante reconocer que en las Américas pasan muchas más cosas que los disturbios que se han registrado en la mayoría de las noches de los últimos dos meses y que son diversas las expresiones pacíficas que se encuentran allí. Estas dinámicas se están repitiendo en otros lugares de la ciudad, como Usme o Suba, y requieren la atención directa del Distrito. Sobre la mesa están peticiones nacionales y otras locales que, indiscutiblemente, requieren de una atención inmediata.

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