En la historia del Festival Iberoamericano de Teatro hay una imagen que pocos de sus miembros olvidan. Allí está Fanny Mikey, su fundadora, recostada en un arco de la entrada a la Plaza de Toros de Santamaría. Su mirada es triste. Al fondo, la arena de la plaza está inundada. Es el año 2000 y las lluvias la han obligado a cancelar una versión a caballo de Carmen, una de las funciones más especiales de la temporada.
—Estoy que lo ahorco —dijo entonces Mikey al diario El Tiempo, refiriéndose a Jorge Elías González Vázquez, el hombre que aquel día de abril del año 2000 tenía la responsabilidad de espantar las nubes sobre la Plaza de Toros.
Vázquez es el mismo “chamán” —como erróneamente se le llama— que esta semana figura en un informe de la Contraloría Distrital que revela millonarios sobrecostos durante la organización y ejecución del espectáculo de cierre del pasado Mundial de Fútbol Sub-20.
Encantada, indignada, sorprendida, la opinión pública pareció ayer olvidar que la Contraloría denunció que el contrato, ejecutado por la Fundación Teatro Nacional, implica una suma que asciende a los 1.919 millones de pesos. Olvidó que se mencionaron problemas en el proceso de licitación, en la adquisición de luces especiales cuando en realidad, aduce el ente auditor, no se necesitaban.
La atención recayó, en cambio, sobre el nombre de Jorge Elías González Vásquez y los casi cinco millones de pesos (incluidos viáticos) que le cobró a la Fundación —y en consecuencia al Instituto Distrital de Recreación y Deporte— para que en la noche del 20 de agosto de 2011 no lloviera sobre el estadio Nemesio Camacho El Campín.
Pero esta vez, a diferencia de esa noche del año 2000, González cumplió.
Lo curioso es que de este campesino, nacido en Dolores, un pequeño pueblo tolimense a orillas de la reserva natural del Sumapaz, se tenían noticias hace casi 20 años. Es una pieza fundamental de los montajes del Festival Iberoamericano de Teatro, habían salido artículos suyos en cuanto medio de comunicación se tenga conocimiento y no era la primera vez que tenía vínculos con una entidad estatal.
De hecho, fue un investigador de Colcultura, a comienzos de los años noventa, quien, en el marco de una expedición de manifestaciones culturales nacionales, lo encontró en su pueblo original.
Entonces, González llevaba treinta años estudiando el arte de la identificación y manipulación de campos electromagnéticos (desconocía su nombre oficial, “radiestesia”). Lo había aprendido de su padre y de un libro que éste le habría heredado y que usaba para identificar, con péndulos, los lugares en el Tolima donde yacían guacas.
Según recuerda Patricia Carmona, quien entonces coordinaba el programa CREA, el tolimense se vinculó a las giras nacionales que organizaba Colcultura. “No sólo era un experto en radiestesia, sino además un gran narrador oral”, recuerda Carmona.
En una de esas correrías, el equipo de Colcultura llegó a Girardot, en momentos en que se venía por el cielo una horda de nubarrones negros. “Jorge Elías montó su puesto en una esquina del muncipio y comenzó a trabajar. De repente comenzó a llover como nunca sobre buena parte del pueblo, a excepción de donde él estaba”.
—Esta técnica consiste en un péndulo universal programado con siete péndulos sometidos a una misma fuerza y localizados estratégicamente con respecto a la posición del Sol y de la Tierra. Esto hace que los átomos de las nubes no provoquen la lluvia o que por lo menos se disipen rápidamente. Eso sí, todo con la gracia de Dios, que es quien me autoriza para trabajar —le dijo González, hace algunos años, a un reportero del diario El Tiempo.
Mientras que González y Carmona daban vueltas por el país, Fanny Mikey padecía en Bogotá el invierno de abril. De hecho, ya en 1992, una grave inundación la había obligado a cerrar la primera Ciudad Teatro del Festival. Carmona, vieja conocida de Mikey, supo de sus pesares y le recomendó al espantador de lluvias.
Desde entonces, y a excepción de un par de ocasiones, González le garantizó a Fanny Mikey que sus eventos al aire libre —costosos para el Festival y gratuitos para el público— no se verían estropeados por la lluvia. “Fanny creía en todas las energías y respetaba todas las manifestaciones culturales, por eso siempre confió en él”, asegura una fuente del Festival Iberoamericano que pidió no ser nombrado.
Tanto creció su reputación, que el grupo danés de teatro Odin Teatre, participante de una versión del Festival, decidió llevárselo a Copenhague, para que espantara la lluvia durante un festival de teatro callejero. “Cuando llegó a Dinamarca, todos los noticieros pronosticaron lluvia y, sin embargo, ¡no llovió!”, asegura el documentalista Diego García-Moreno, quien incluyó al inquietante campesino en una serie documental para el Canal de Interés Público (antiguo Señal Colombia).
Por años, González ha sido un ingrediente esencial de las actividades organizadas por la Fundación Teatro Nacional. De ahí que su directora, Ana Martha Pizarro, le contestara ayer a un indignado Darío Arizmendi que, “aunque pueda parecer un poco exótico, (González) es parte de la producción de presentaciones masivas y públicas, y es la manera habitual en la que nosotros lo hacemos”.
Para muchos, incluyendo la Contraloría, resulta insólito que se gaste dinero de los ciudadanos para pagarle labores a un profesional esotérico, que dice controlar las energías que afectan el clima. Es el mismo malestar que causó, en su momento que el fiscal general, Mario Iguarán, contratara al síquico Armando Martí como asesor suyo.
Otros, como la misma Patricia Carmona, sostienen que la discusión se salió de proporciones. “Parecen olvidar que el presidente Juan Manuel Santos viajó a la Sierra Nevada con dineros públicos para pedir la bendición de los mamos arhuacos. Son manifestaciones culturales válidas de nuestro país”, asegura.
¿Dónde está ahora Jorge Elías González Vásquez? Probablemente en su finca, en la vereda Picaches, a donde cada dos años lo iba a buscar Fanny Mikey. Los medios no hemos sido capaces de encontrarlo. Quizás porque nadie ha llamado a la emisora comunitaria de Dolores, para que el locutor le mande el recado. Era así como Fanny Mikey solía mandarlo llamar.