
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
“Me parece que el aviso de los buses no tiene claro para dónde van, qué barrios y carreras cogen. Si un bus va desde Fontibón hasta Lijacá, el letrero debería decir Lijacá y no al contrario. De resto, es muy bueno el sistema. Al menos el conductor no lleva ‘ pato’ para ir charlando y no los dejan hablar por celular”. La voz es de una ciudadana que cuenta cómo le ha ido con el sistema de transporte público de la ciudad, que ya lleva casi dos años desde que comenzó a funcionar en Bogotá.
Luego de estos 22 meses, en la calle la gente ya reconoce los buses, pero todavía tiene complicaciones para comprender las rutas que están señaladas en los letreros de los vehículos, a pesar de las campañas de pedagogía y divulgación. Diariamente se están subiendo a los buses azules, rojos y naranja 625 mil pasajeros en promedio, y a los articulados de Transmilenio unos 2’200.000.
La primera ruta zonal que comenzó a funcionar en el SITP fue la P500, que cubre desde el centro comercial Andino hasta el aeropuerto El Dorado. En ese momento El Espectador hizo un recorrido y la mayoría de ciudadanos no tenían idea siquiera de que el bus sólo hacía su parada en puntos específicos y que necesitaban una tarjeta para pagar el pasaje. Atrás quedaban los días de pedir rebaja y entrar por la puerta de atrás. Ahora la ruta P500 tiene 4.338 abordajes diarios.
Claudia Jiménez es una de las usuarias frecuentes de esta ruta, para ir desde la calle 26 hasta la calle 53. “Me parece que en estos buses rinde más que en los tradicionales, porque no paran en todas partes. El trasbordo a $300 también es una ventaja. Algo bueno ahora es que ya sirven todas las tarjetas (las rojas de Transmilenio), porque antes sólo recibían la verde (Tullave) y uno tenía que ir lejos para conseguirla”, dice.
El tema de conseguir Tullave sigue siendo complicado para algunos ciudadanos, aunque hay más de 3.000 puntos de venta y recarga en toda la ciudad habilitados por Recaudo Bogotá, la empresa encargada de esta tarea. “No me he montado, porque no la tengo. Deberían vender y recargar las tarjetas cerca de los paraderos. Por ejemplo, si uno está en la avenida 68 y ahí está el Cafam Floresta, ahí debería haber un punto de venta y uno entraría a comprarla”, dice la señora Blanca María Artunduaga.
Al preguntarles a los ciudadanos por los servicios, la mayoría coincide en que es muy bueno y hay un poco más de comodidad respecto a los buses del transporte tradicional. Los conductores están algo más calmados, según los ciudadanos, aunque también hay algunos que aceleran demasiado o no paran donde deben hacerlo.
La idea del Distrito es que en agosto hayan salido todos los buses viejos del antiguo modelo de transporte de la capital. Hasta ahora la implementación del SITP va en 66% y no parece tan fácil que Transmilenio y la Secretaría de Movilidad logren su meta. Uno de los principales reparos de los expertos es la competencia de los vehículos con los buses viejos en corredores como la carrera 10ª. De las 508 rutas del Transporte Público Colectivo que deben ser desmontadas, sólo van 179. Sin duda aún falta un largo recorrido.
vtellez@elespectador.com
@VeronicaTellez