16 May 2021 - 2:00 a. m.

El trajín de una unidad de cuidados intensivos en el tercer pico del coronavirus en Bogotá

En el hospital de El Tunal, con 103 camas, 90 para COVID-19, ya no hay espacio para más. Este es el panorama y las opciones ante un recrudecimiento de la emergencia en la capital del país, que ha mantenido viva la amenaza del colapso.
Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
Una persona contagiada dura en promedio 15 días en UCI. Aquí, en el Hospital El Tunal.  / Fotos Jose Vargas
Una persona contagiada dura en promedio 15 días en UCI. Aquí, en el Hospital El Tunal.  / Fotos Jose Vargas
Foto: Jose Vargas Esguerra

“Tranquila mamita, que usted se va a recuperar pronto”, le decía una mujer a su mamá a través de la pantalla de un celular que sostenía una auxiliar frente a una mujer de cabello corto, que se encuentra en una unidad de cuidados intensivos (UCI). Es la Unidad 3, que está en el segundo piso del hospital de El Tunal.

La mujer, como otro señor en la sala, está en una cama que tiene un aislamiento de vidrio, al que trasladan a los pacientes que, tras un tiempo prolongado en una UCI, presentan infecciones adicionales al coronavirus, por el uso de corticoides e inmunosupresores. El resto tampoco está muy bien, pues la mayoría presentan complicaciones o requieren diálisis, lo que hace de este espacio uno de los más delicados del hospital.

Primera entrega: El drama de las salas de Urgencias y el miedo de llegar a una UCI en Bogotá

Desde la entrada se ve que antes era una UCI pediátrica, pero dadas las condiciones de la pandemia la de los niños se trasladó a Meissen, mientras que en este espacio ahora se vela por la salud de 14 adultos. En sí, el hospital se transformó y más allá de la sala de urgencia, adentro lo único que se encuentran son 103 camas de cuidados intensivos, de las cuales 90 están destinadas para pacientes COVID-19, de las cuales no hay ninguna disponible.

El ambiente es sombrío. Pese a que la iluminación no falta en ningún espacio, lo único que se escuchan son los 14 monitores sonando al tiempo. Las camas están en los laterales del gran espacio, mientras en el centro permanecen el personal médico asignado. “Está en una de las unidades más grandes del hospital, por lo que están a cargo un especialista, dos médicos generales, dos jefes especialistas, una terapeuta y cinco auxiliares de enfermería”, dice Jhon Édison Parra, coordinador de la UCI.

Las edades varían, pues así como hay abuelos, también hay dos mujeres y un hombre muy jóvenes. Algunos intubados, mientras que a otros les han tenido que hacer traqueostomías, debido a que después de permanecer por más de 15 días en una UCI se busca evitar al máximo las lesiones a la epiglotis, donde están las cuerdas vocales, y con ello generar una obstrucción aérea, lo que podría generar secuelas permanentes.

Pero esto no se controla del todo así, pues muchas de las personas que ingresan a cuidados intensivos por COVID-19 presentan otras afectaciones que terminan con lesiones renales o cardíacas, que perduran o son tan graves que los pacientes luego de superar el contagio terminan nuevamente en los hospitales buscando atención médica. Una de las razones que dio la alcaldesa Claudia López, de por qué la presión en el sistema de salud ha sido tan fuerte en este tercer pico de la pandemia.

Segunda entrega: Teleuci y su apuesta por multiplicar el personal de la salud

En la sala tampoco todos están en la misma posición. A los que están recostados contra la espalda, el personal los baña con jabones secos y cremas para mantener humectada su piel, mientras otros se encargan de limpiarles cabello y cuidadosamente desenredarlo, en el caso de las mujeres que lo tienen más largo. Es un trabajo dispendioso, que se hace a diario y tan fundamental como moverlos cada dos y ocho horas, en busca de evitar úlceras en determinadas partes del cuerpo. A los que las han desarrollado les ponen parches especiales para proteger las zonas afectadas.

Hay otras personas que están bocabajo en posición prono, como medida estratégica. “Lo que hace es que fisiológicamente haga que se equilibre el aire con la sangre y no haya lugares con más de una que de la otra. Entonces, lo que se busca es que el poco aire que llegue se distribuya en las tres zonas del pulmón y así sea mejor la oxigenación”, indica Parra.

Mientras algunos asean a los pacientes, una de las especialistas se dedica a las llamadas. A diario un profesional puede hacer 40, pero al final este puede ser uno de los trabajos más dispendiosos, ya que con la aplicación del protocolo de humanización, lo que se busca es acercar a los familiares, debido a que en medio de las condiciones no se permiten visitas en estas área del hospital.

Lo difícil, además de la carga emocional que hay detrás de una llamada, están las condiciones de los familiares, ya que se presentan casos tan complejos como que todo el núcleo familiar cercano está hospitalizado. Entre otros de los inconvenientes está en que solo se contacta a una persona, debido a la cantidad de pacientes, por lo que entran en juego disputas personales, que no se hablan entre quienes quieren obtener información de su ser querido.

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“Se han creado varias estrategias. Cada unidad tiene un teléfono en donde un auxiliar llama a un familiar para hacer un acercamiento en la mañana y ya en la tarde se comunica a un familiar lo que se observó de la revista, pero pasa que recibe la información quien lo trajo y no da la información al resto de la familia. Ahí vienen las quejas, que es un problema gravísimo a nivel social, que muchas veces hacen visible en redes sociales y nos ven a nosotros como los enemigos”, argumenta Parra.

A los problemas en la humanización se les suman los del personal, pues si bien en El Tunal se ha logrado consolidar en los últimos meses un equipo estable, ha sido difícil mantenerlo por la presión que se origina en cada pico entre los profesionales y los riesgos al contagio, tanto de ellos como de sus familiares, que no dejan de perturbarlos, pese a la vacunación. Por otro lado, ha estado la presión del paro, porque han tenido que doblar sus turnos para suplir la falta de aquellos que no han podido llegar a tiempo o ni siquiera logran salir de sus casas. “El martes me tocó caminar de Venecia hasta Soacha y el viernes no pude venir, porque no había transporte”, afirma uno de los enfermeros.

A parte de los inconvenientes en la movilidad, lo que preocupa al personal de la salud son los efectos que puedan tener las aglomeraciones que se han generado en estos 19 días de paro. Aquí hay versiones encontradas, pues mientras algunos en la sala apoyan las motivaciones de la gente para salir, otros ven con preocupación el fantasma que ha rondado en los últimos días, ante el posible colapso por la alta ocupación de las salas de UCI.

Desde el año pasado ha estado latente la posibilidad, por lo que se tiene claro que en el caso de llegar a tener que hacer un triage ético, para escoger quién ocupa una UCI disponible, se analizarán factores como las escalas de severidad, entre las que están el Apache (que evalúa la mortalidad) o el Sofa, que mide el grado de disfunción de los órganos y que se aplica a los pacientes más críticos. Entre esto no solo se evalúa la edad, sino también entran a cumplir un papel importante las patologías de base, los soportes respiratorios, hemodinámicos y renales.

“Esto no excluye a los pacientes mayores. Están llegando más jóvenes, pero por ahora no hemos llegado a un momento de tener que decidir quién entra o quién sale o a quién dejar morir, que en sí no es eso, sino que se dan unas medidas de confort para que tenga un buen morir. Eso antes se aplicaba en pacientes terminales por otras patologías y en los pacientes muy críticos en UCI, bajo las prioridades que se han establecido”, manifiesta Parra.

Mientras que para algunos expertos no está lejos esa posibilidad, ante las previsiones de la Alcaldía sobre la extensión del tercer pico una semana más, otros alertan con preocupación que la ocupación ya superó el 100 %, debido a que la Secretaría de Salud no incluye dentro de su conteo a los pacientes que se encuentran intubados y a la espera de una cama desde una sala de urgencias. Sobre esto, el ministro de Salud, Fernando Ruiz Gómez, ha mostrado su preocupación, pues según afirmó serían alrededor de 500 pacientes que estarían a la espera de una UCI en la ciudad y desde ya se reportan casos como el de María Hincapié, de 79 años, quien según su hija murió en una sala de urgencias a la espera de una cama en cuidados intensivos.

Al respecto, el secretario de Salud, Alejandro Gómez, ha dicho que el Distrito ha cumplido con la gestión permanente para brindarles atención a los pacientes. “Todos los días llegan solicitudes y todos los días ubicamos pacientes. Este es un proceso dinámico, pero también ya estamos buscando la posibilidad de que estas personas o algunas de ellas sean ubicadas en otros sitios o ciudades donde va bajando el nivel de congestión. Los que están a la espera de una cama no están desatendidos, están en servicios de urgencias u hospitalarios, incluso ventilados”.

Pese al parte de tranquilidad de Gómez, la búsqueda no está fácil, ya que en Cundinamarca la ocupación esta semana se mantuvo por encima del 90 % y en municipios como el de Soacha y Facatativá, donde se encuentran dos de los hospitales más importantes del departamento, se ha alertado que llegaron a su ocupación máxima. Mientras que en Medellín y en todo el departamento de Antioquia solo quedan 29 camas, en Barranquilla, donde en el segundo pico se recibieron pacientes de Bogotá, la situación también es crítica, pues la disponibilidad está por debajo del 10 %, aunque en los últimos días ha registrado un descenso tanto de casos como de fallecimientos.

Por el momento, el Distrito ha intentado alivianar la presión en los servicios de urgencias con la instalación de hospitales de campaña, que algunos privados han replicado, mientras que para atender el área de hospitalización se ha optado por habilitar habitaciones en hoteles, con todos los implementos necesarios para la atención. En cuanto a las UCI, no es mucho lo que queda por hacer, ya que con el aumento acelerado de la ocupación se instalaron en la ciudad 100 camas más, pero en este punto ya no se puede crecer más, debido a que no se cuenta con el suficiente personal, por lo que prácticamente todo depende de cómo siga comportándose la pandemia en medio del paro. La presión ya está y las alternativas cada vez son menos.

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