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El vía crucis de los rumberos

Más de 20 establecimientos comerciales  tendrán que cerrar durante los próximos tres meses en la Zona Rosa. Algunos empresarios preparan una demanda.

Redacción Bogotá

19 de marzo de 2008 - 02:23 p. m.
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Es viernes por la noche. En algunos puntos de la ciudad el ruido de los carros, el trajinar diario de una Bogotá que trabaja, es reemplazado por la música que sale en oleadas de bares, discotecas y cafés.

La gente cambia la corbata y el maletín, el ceño fruncido y el caminar rápido, por una actitud más relajada. El río humano que se agolpa en los andenes camina predispuesto para divertirse, entregado al goce.

La Zona Rosa de Bogotá es uno de los lugares donde esta escena es la norma los fines de semana. Se encuentra entre las calles 81 y 85, y las carreras 11 y 15. Sin embargo, lo que para unos es diversión y entretenimiento, se convierte para otros en tortura, en largo suplicio.

Edna Ariza es la representante de la Fundación Parque 80, una agrupación de vecinos del barrio El Retiro, quienes interpusieron el 17 de mayo de 2005 una acción popular en contra de la Alcaldía de Chapinero para que ésta controlara la proliferación de bares y discotecas que estaban haciendo un uso inadecuado del suelo que afectaba, con mediciones de niveles de ruido en mano, la tranquilidad de los vecinos.

La Fundación argumenta que existe un uso incorrecto del suelo debido a que hay establecimientos comerciales de alto impacto en zonas que Planeación Distrital, a través de la UPZ 97 (Unidad de Planeación Zonal), ha delineado como residenciales.

El pasado 6 de marzo el Consejo de Estado, luego de tres años de proceso, y como última instancia, le dio la razón a la Fundación. El fallo establece que en el cuadrante que se forma entre las calles 79 y 80, entre las carreras 11 y 15, no puede haber establecimientos comerciales de alto impacto, tales como bares, discotecas, tabernas, salas de masaje, salas de citas y burdeles.

Después de esto se prevé el cierre definitivo de un promedio de 20 establecimientos en los próximos tres meses. Asimismo, la providencia ordena la creación de un comité de verificación, en donde tengan representación tanto los organismos de control como la Fundación, para cumplir a cabalidad lo ordenado por el Consejo de Estado.

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Camilo Ospina, representante de Asobares, asociación que agrupa a los bares y discotecas, explica que acatan el fallo para los negocios que están en situación de cierre inminente, pero que éste sólo se puede hacer efectivo para aquellos que no puedan demostrar que su licencia de construcción es de establecimiento comercial de alto impacto, puesto que “una vez otorgado un derecho, éste no puede ser retirado”, explica Ospina. Y añade: “Este es un mensaje para los empresarios que no saben medirse, que no se autorregulan. Hay que tener responsabilidad, minimizar el impacto del negocio en la comunidad. En últimas, hay que obrar con responsabilidad social”. En resumen, y más allá de las declaraciones de Ospina, serán 20 los establecimientos que deberán ser clausurados.

Métodos de control

¿Por qué se vieron obligados los vecinos a instaurar una acción popular para hacer vales sus derechos, luego de haberle enviado más de 50 cartas a la alcaldía local de Chapinero para que alguien les resolviera sus problemas? La respuesta, en parte al menos, se encuentra en la Ley 232, que regula los establecimientos de comercio. En este punto coinciden la Fundación Parque 80, la alcaldesa de Chapinero, Angélica Lozano Correa, y el representante a la Cámara por Bogotá David Luna.

“Hay en la Ley una serie de zonas grises que permiten que un proceso por mal uso del suelo se demore años y que, al momento de fallar, deba comenzar de nuevo porque resulta que el bar o la discoteca ha cambiado su nombre o ha sido vendida”, afirma la alcaldesa.

Es en este sentido que está orientado el proyecto de ley presentado por el representante Luna. “Lo que se busca es agilizar el proceso y que, una vez abierto éste, el establecimiento no pueda operar, así como cambiar de nombre o ser vendido”.

No pretende abolir las zonas de rumba y entretenimiento. No hay detrás de esto una oscura intención para eliminar el goce de la faz de la ciudad.

Hay, entonces, una necesidad para encontrar una coexistencia, una forma de articular el descanso de unos con la diversión de otros, para que personas como Edna Ariza puedan dormir tranquilamente un viernes por la noche, pero también, para que los empresarios de la noche puedan abrir sus establecimientos para deleite de los bogotanos.

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Por Redacción Bogotá

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