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3 Mar 2021 - 2:53 p. m.

“En cuatro años le devolvimos el futuro a Maloka”: Adriana Correa, directora saliente

Adriana Correa, quien se desempeñó desde 2017 como presidente ejecutiva de Maloka, fue la encargada de transformar el tradicional museo de ciencia e innovación que, a su llegada, tenía serios problemas económicos. La llave para revertir la situación fue haber conseguido un mayor apoyo del Distrito y el sector privado.
Felipe García Altamar

Felipe García Altamar

Periodista Político.
Adriana Correa, con apoyo de las administraciones de Enrique Peñalosa y Claudia López, logró revertir la situación del museo que se aproximaba al cierre.
Adriana Correa, con apoyo de las administraciones de Enrique Peñalosa y Claudia López, logró revertir la situación del museo que se aproximaba al cierre.
Foto: Cortesía

Adriana Correa llegó hace 17 años a Bogotá desde su natal Medellín. Hace cuatro años asumió un gran reto: dirigir Maloka, el centro de ciencia, tecnología e innovación ubicado en el sector de Ciudad Salitre, en el occidente de la capital, que recibió al borde de la ruina debido a varios problemas económicos, de infraestructura y de contenidos.

Según Correa, esos problemas duraron casi dos décadas y tenían explicación en la poca participación que tenía el Distrito en el museo. La intervención de la administración distrital se limitaba a ocupar uno de los siete puestos de la junta directiva, por haber sido parte de la fundación del espacio, pero eso cambió gracias a un proyecto que aprobó el Concejo de Bogotá en 2017, en el que dio facultades al Distrito para intervenir en el museo y aportar económicamente para su estabilidad.

En muy poco tiempo los resultados se vieron reflejados con varias innovaciones que permitieron atraer nuevos usuarios y pagar las deudas, así que Correa deja la dirección del museo con la satisfacción de haberlo transformado y la necesidad de retornar a su ciudad natal para reencontrarse con su familia. En esta entrevista, la saliente directora explica los cambios que implementó y que derivaron en que Maloka resurgiera como un centro clave para el aprendizaje en la capital.

¿Qué balance hace de su gestión?

Cuando llegué en 2017 Maloka estaba en crisis financiera. Para resumirlo en una frase, lo que hicimos en estos cuatro años fue devolverle el futuro a Maloka. Lo hicimos a través de muchas acciones que tienen que ver con la sostenibilidad, acciones financieras, la renovación de salas y contenidos. Cuando llegué, Maloka llevaba 16 años dando pérdidas. En ese momento ni siquiera le estaban pagando al personal, que es lo último que uno deja de pagar en una empresa, pero en ese momento todo el equipo llevaba tres meses sin salario y los directivos llevaban cinco. Había 166 acreedores vencidos, todos a punto de embargarnos las cuentas. Era una situación de ahogo.

¿Cómo era Maloka cuando llegó?

Era muy complicado. Siendo un museo de ciencia, tecnología e innovación, llevábamos cerca de 17 años sin renovar los contenidos y era muy difícil conectar con historias, narrativas y salas nuevas porque la gente que había ido cuando pequeña, creció y se encontraban con el mismo museo que conocieron, así que teníamos un problema de obsolescencia. Había otra situación muy angustiosa y era que por la falta de recursos, el edificio no estaba cumpliendo muchas normas. Esa era la foto de 2017.

¿Qué hicieron para cambiar ese panorama?

Empezamos a trabajar muy de la mano de la junta directiva y de las alcaldías, porque estuve con dos administraciones distritales de las que recibí mucho apoyo. Hicimos un plan de trabajo y en la primera fase lo que hicimos fue recoger dinero tanto de la empresa publica como privada. A nivel publico nos fuimos al Concejo de Bogotá y presentamos un proyecto de acuerdo para ganarnos un cupo en el presupuesto del distrito. Además, nos aprobaron dos proyectos del sistema de regalías de ciencia, tecnología e innovación que sumaron $15 mil millones y hemos gestionado en estos cuatro años más de $40 mil millones.

¿Fue muy difícil convencer al Concejo?

Algo importante que quisimos demostrar fue que el 83 % de los museos del mundo reciben apoyo permanente del Estado. Teníamos todas las evidencias para soportar eso y hablamos de lo importante que era para una ciudad no perder un espacio así. Después de dos meses de debate nos aprobaron el proyecto de acuerdo y a partir de ahí a Maloka le han entregado recursos públicos. Eso fue histórico y fue el primer quiebre porque a partir de 2018 recibimos esas transferencias que nos llevaron a sacar a Maloka adelante.

¿Cómo invirtieron el dinero?

Teníamos una restricción y es que ese dinero no lo podíamos usar para pagar las deudas, así que ahí empezamos a trabajar con el sector privado. Nos fuimos a conseguir recursos para aliviar parte de esas deudas. En dos años revertimos la historia empezamos a dar resultados netos positivos y empezaos a pagar a los acreedores y empleados. También empezamos a renovar los contenidos, poner la casa a punto, renovar el edificio, los laboratorios y las salas. Así empezamos a pensar en lo que sabemos hacer, que es la creatividad y desarrollo de los contenidos.

Hicimos las inversiones en infraestructura y un proyecto muy bello, derivado de ese acuerdo del Concejo, fue incrementar la atención a la población vulnerable desarrollando un programa de gratuidad para ellos. Atendimos más de 160.000 personas, casi duplicando la cifra de población vulnerable que veníamos atendiendo.

¿Qué nuevos contenidos deja para Maloka?

Inauguramos cinco exposiciones. Una fue la sala evolución con una donación que hizo el doctor Rodolfo Llinás. También inauguramos “La ciencia del amor y el perdón”, “Guácala”, “Cambio climático”, “Migrar es un acto de valor” e inauguramos 10 laboratorios con el proyecto de regalías.

¿Qué proyectos pueden disfrutar hoy los visitantes del museo?

La última exposición que inauguramos fue “Migrar es un acto de valor”. La hicimos como un tribuyo a los migrantes y el diseño de esa exposición se hizo como una caja de escape, entonces las familias y los niños deben ir descifrando pistas que tienen que ver con ponerse en los zapatos de los migrantes. Durante la cuarentena también desarrollamos algo que llamamos ‘recorridos estructurados’, que es una manera de recorrer el museo con visitas guiadas para controlar el aforo.

¿Cómo los trató la cuarentena?

Fue un frenazo. Veníamos con muchos cambios y resultados positivos después de casi dos décadas de resultado negativos y la pandemia fue muy dura pero hicimos varias cosas. Con la junta directiva y la Alcaldía de Bogotá hicimos un plan de acción para reorientar los recursos y se invirtieron parte de esos recursos para el funcionamiento de Maloka y eso nos permitió sortear la pandemia. Lo otro muy importante, y que siento que es la siembra del futuro del nuevo Maloka, es que como todo tuvo que dar saltos en términos de virtualidad y todo lo que teníamos hasta ahora estaba basado en tocar y manipular para aprender, porque es un centro interactivo. Pero con la pandemia el tacto pasó a un segundo plano y nos inventamos dos cosas grandes.

¿Cómo fue el proceso de adaptación a la virtualidad?

Una parte la hicimos de la mano de la secretaria de educación, con el programa que ellos crearon llamado “Aprende en casa”. Nosotros nos sumamos a ellos con el capítulo de ciencia, dispusimos “Aprende en casa con Maloka” y desarrollamos un proyecto muy grande para convertir las casas en laboratorios de aprendizaje virtual. Llegamos a 56.000 familias y a todas les hicimos llegar unas guías pedagógicas que estaban dirigidas a los padres y cuidadores para acompañar a sus hijos en esos procesos de aprendizaje. Sobre el otro programa, teníamos planeado hacer laboratorios de ciencia para niñas, así que rediseñamos el proyecto y lo volvimos 100 % virtual. Hicimos un piloto junto al Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC) con el que atendimos 360 niñas de entre 12 y 15 años con clubes de ciencia para chicas, logrando que se despertara el apetito por estudiar carreras relacionadas con matemáticas, tecnología e ingeniería. Creo que ambos programas serán parte del futuro de Maloka.

¿Cómo describe el trabajo de los empleado de Maloka?

Fueron capaces de trabajar sin salario, solo por hacerla vivir y mantenerla a flote en esas épocas tan duras. Hay un gran conocimiento, trabajo y resiliencia para inventarse programas y cosas nuevas.

¿Se puede decir que la llave de la transformación fue el trabajo con el sector público y privado?

En definitiva. Los museos de ciencia siempre van a necesitar el apoyo de actores públicos. Así funcionan los museos más destacados en el mundo, pero muchas personas tienen el discurso de que los museos de ciencia van a ser autosostenibles y esos es una quimera incluso para los museos más exitosos. Ese apoyo fue, es y seguirá siendo definitivo para la existencia de Maloka. Y en cuanto al sector privado, es uno de los puntos en qué más debemos trabajar para seguir encontrando aliados que nos den la mano y nos den un acompañamiento más frecuente. También es importante el apoyo del sector académico y científico.

¿Qué recuerdos se lleva de este proceso?

El primer día de pago sonaron campanas en Maloka, fue de mis memorias más bellas. Otra escena memorable fue cuando fuimos al Concejo, todos los empleados vieron la sesión como si fuera un partido de fútbol porque de eso dependía la vida de Maloka. Si se hiciera una breve historia en imágenes se encontraría una Maloka muy vieja que ahora está completamente renovada.

Luego de esa reestructuración, ¿qué la motivó a apartarse de la dirección de Maloka?

Fue una decisión personal y de vida. Me devuelvo a mi ciudad, Medellín, tras 17 años viviendo en Bogotá. Muchos en la pandemia tuvimos mucho tiempo de reflexionar sobre las cosas que valoramos y quiero estar cerca de mi familia. Esa es la mayor razón y siento que fue una historia redonda de cuatro años. Me voy contenta y aunque queda mucho por hacer, porque creo que la misión de Maloka nunca ha sido más importante que ahora. La ciencia avanzó de manera exponencial por la forma que encontramos de trabajar colectivamente.

¿Qué proyectos tiene en mente?

Tengo varios. Hay un deseo personal de trabajar en un proyecto de divulgación científica. Hay otros planes que orbitan y personas con las que estamos hablando, pero no hay nada definitivo. Será un tiempo de pausa, para volver a mirar la proyección a futuro y con los oídos atentos a ver qué viene.

¿Qué desafíos va a tener la persona que la suceda en el cargo?

Sin duda, seguir haciendo crecer los programas virtuales que diseñamos que tiene que ver con ‘romper los muros de Maloka’. También fortalecer los clubes de ciencia para niñas y seguir trabajando de la mano de actores como la Secretaría de Educación para los programas de aprendizaje en casa. Por otro lado, será importante seguir manteniendo el relacionamiento y el apoyo financiero tanto del sector privado como del público.

También había varios planes en cuanto a infraestructura. ¿Qué queda pendiente en cuanto a ampliaciones?

Ese es un sueño que tiene Maloka desde que nació. Siempre estuvo en el imaginario hacer una segunda etapa del museo. Tuve algunas visualizaciones de ese sueño pero había otros afanes más presentes como poner la casa a punto y salir de la crisis. Ese proyecto también está presente y esta administración, así como las que vienen, tienen muchas posibilidades de sacar adelante esa segunda etapa.

Felipe García Altamar

Por Felipe García Altamar

Bogotano. Periodista de Uninpahu. Vinculado a El Espectador desde 2014. fgarcia@elespectador.com
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