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En la calle todo se paga

La Secretaría de Gobierno reveló un estudio sobre los homicidios de estas personas. La venganza y las riñas son las principales causas de muerte. Todas las víctimas son hombres, la mayoría, ente los 26 y los 35 años.

Carolina Gutiérrez Torres

13 de agosto de 2008 - 04:10 p. m.
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En el primer semestre de este año fueron asesinados en Bogotá 37 habitantes de la calle (en todo 2007 fueron 60). Doce murieron por ajustes de cuentas, porque no le pagaron al jíbaro de la zona los $1.500 que cuesta una “bicha” como llaman a las papeletas de basuco, porque se fumaron la mercancía o porque robaron. “En la calle todo se paga”, dice una experta en el tema. Por eso, la venganza es la principal motivación. 

Así lo determinó el Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana, de la Secretaría de Gobierno, en la investigación: “Situación del homicidio de ciudadanos habitantes de la calle”, en el primer semestre del año.

La segunda causa de homicidio son las riñas, básicamente por los mismos motivos. Nueve personas murieron así. Dos fueron asesinadas por intolerancia social. Los investigadores aclaran que en estos  casos los culpables actuaron en defensa propia, porque estaban siendo atacados, robados o violentados por un habitante de la calle. La mayoría de los casos (14) son objeto de estudio.

 “El 63,2% de las víctimas de homicidio habían consumido o se encontraban consumiendo drogas al momento del hecho”, explica la investigación.

Esa es la radiografía de la muerte de las personas que habitan en la calle. Hoy, según la Secretaría de Integración Social, son 5.097, concentrados en parches y cambuches, como los reconoce la Secretaría de Gobierno. El “parche” es el lugar donde se reúnen a conversar, a estar unas horas, a pasar el tiempo. En cambio, los “cambuches” son los espacios donde duermen, descansan, viven e intentan sobrevivir.

Los ciudadanos habitantes de las calles –como el Distrito insiste en que deberían ser llamadas estas personas– se concentran en cuatro lugares: barrio El Amparo (en los límites con Corabastos), La Favorita, Cinco Huecos (barrio La Pepita) y El Bronx (barrio Voto Nacional). Todos, sitios conocidos como “cartuchitos”, donde además de cambuches  hay ventas de drogas y de armas y “otros negocios ilegales”, como reza en el estudio.

En el Bronx, las tres cuadras que albergaron a las personas que habitaban El Cartucho, vive Alejandro. Llegó hace unos años en busca de alguna droga que pudiera inhalar. Vendió una camioneta Ford por dos millones de pesos y se quedó allí. Él conoce bien la vida en el Bronx. Sabe que si por lo menos tuviera $1.500 al día, podría amanecer en alguno de los inquilinatos que rodean la zona. Y si contara con $500 más, podría  conseguir una papeleta de basuco y fumarla dentro de la casa.


Esas casas funcionan también como “sopladeros”. “Allí viven personas de escasos recursos que se ven involucradas en los negocios propios del sector, como una forma de supervivencia”, dice el informe.

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 Seguramente también Alejandro sabe que sólo puede comprar su “bicha” en el expendio de drogas “autorizado” en la zona que él habita. Comprarle a otro jíbaro sería mortal. Según el informe, en el Bronx existen tres expendios principales clasificados por su calidad y distribución territorial: Manguera (cubre el costado norte de la calle 9A, abajo de la carrera 15 BIS), Nacional (carrera 15 BIS, entre las calles 9 y 10), América (costado sur de la calle 9A) y Homero (costado occidental de la calle 9A).

Estos expendios o “ganchos” distribuyen principalmente basuco, pero también venden sustancias más costosas como cocaína, heroína y ácidos. “La diferencia de cada gancho se encuentra en los empaques que utilizan, para de esta manera hacer respetar el territorio, en el que cada uno mantiene el monopolio del negocio”. La cara de Homero, el padre de Los Simpson, es uno de los distintivos.

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Los encargados de hacer respetar la territorialidad son los “sayayines”. Ellos vigilan la zona y supervisan que los habitantes de la calle no se roben la mercancía. Ellos son, también, los autores de asesinatos por venganzas o ajustes de cuentas, pues entre sus facultades está la de “ajusticiar” a aquel que perturbe el orden.

La localidad de Los Mártires, donde está El Bronx, es la zona en la que se concentran más habitantes de la calle. (Según un censo de 2007, son 1.136 las personas que se alojan allí. Esto representa el 1,6% de la población total de la localidad que es de 95.541). Las razones, según el estudio, son: la presencia de centros de acopio de material de reciclaje (como sucede en Cinco Huecos), la cercanía de hogares de paso, las zonas de alto deterioro urbano y la presencia de los expendios de estupefacientes más grandes de toda la ciudad.

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Este año murieron 37 personas que vivían en las calles. Todos eran hombres. El 63,2% tenía entre 26 y 35 años, el 21,1% entre 36 y 45, el 13,2% entre 16 y 25, y el 2,6% era menor de 15 años.

 La mayoría de los cuerpos (84,2%) se encontraron en alguna calle o en un parque, los otros, en potreros, bosques baldíos y ríos. El momento del día predilecto para perpetrar el crimen fueron  las madrugadas. Los que habitan en las calles trabajan por las tardes, consumen por las noches y bajo los efectos de las drogas, protagonizan las riñas. Entre las 2:00 a.m. y las 4:00 a.m. murió la mayoría.  En la mitad de los casos se utilizó arma blanca y la otra parte murió por impacto de bala. La mayoría son enterrados como N.N. En el 86% de los casos no hay detenidos, los hechos siguen en investigación.

Por Carolina Gutiérrez Torres

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