30 Dec 2020 - 2:00 a. m.

En lo social, no solo fue Bogotá Solidaria en Casa

La pandemia puso a prueba la capacidad de los sistemas de protección social del Distrito. La violencia intrafamiliar y la pobreza son problemas que la ciudad tendrá que atender durante 2021.

En definitiva, 2020 fue un año de cambios no solo por la forma como ahora se debe vivir, sino por los planes que no pudieron concretarse. Para la Secretaría de Integración Social, en su primer año de gestión bajo el mando de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, las cosas no fueron como se esperaban, pues con la llegada de la pandemia por el COVID-19 tuvieron que asumir, tal vez, uno de los retos más grandes: atender a los bogotanos en medio de una emergencia que no solo se llevó vidas, sino también que generó pérdidas económicas y sociales.

Según Xinia Navarro, secretaria de Integración Social, tenía claro que una de las primeras cosas que quería hacer este año era “transformar” los servicios sociales e, irónicamente, la emergencia por el COVID-19 le ayudó a hacerlo. “La llegada de la pandemia fue nuestra gran oportunidad. Tuvimos que cerrar la atención presencial en algunos servicios, porque obviamente no podíamos trabajar así. Pero hubo otros en los que no pudimos hacerlo y los transformamos”, dijo.

Servicios como los Centros Día y Noche siguieron funcionando presencialmente, pues no podían laborar de manera remota. Lo mismo pasó con centros de protección para adultos mayores, para menores de edad, para personas con discapacidad y para habitantes de calle, quienes corrían un mayor riesgo por estar en condición de vulnerabilidad.

Pero hubo servicios, como las Casas de la Juventud y los comedores comunitarios que sí pudieron desarrollarse de manera virtual, sin generar riesgos de contagio y proporcionando cambios positivos. “Pudimos operar por domicilios e incluso con atención personalizada. También atendimos a todos los niños y niñas de jardines infantiles desde sus casas, con apoyo alimentario y guías pedagógicas. Por eso creo que la pandemia fue una gran oportunidad”, explicó Navarro.

Adicionalmente, otro de los puntos claves fue que la alcaldesa Claudia López comenzó a presidir el Consejo de Política Social, que se enfoca en conocer las necesidades de la ciudad y proponer nuevos programas para desarrollar. Sin embargo, no todo fue bueno, pues la emergencia dejó en evidencia un problema que, pese a que no es nuevo, se visibilizó más en la pandemia: la pobreza.

Esa es una de las grandes preocupaciones del director de Futuros Urbanos, Ómar Oróstegui: “La pandemia puso a prueba los sistemas de protección social de Bogotá y también evidenció un problema en la identificación de beneficiarios. Creíamos que el Sisbén era una buena herramienta, pero ahora se demostró que no es la mejor forma para identificar a las personas en condición de vulnerabilidad o pobreza”, indicó.

Además, algo que le preocupa al director es que no hay datos de “pobreza oculta”, es decir, de aquellas familias que estaban tipificadas en clase media y que tras los estragos de la pandemia están en proceso de empobrecimiento.

Oróstegui agrega que es clave atender los problemas dentro de los hogares. “En temas de programas sociales no solo hay que atender de puertas para afuera, sino también de puertas para adentro. Esto (la pandemia) demostró los problemas que sufren las mujeres, niños y adultos mayores dentro de sus casas, que no son nuevos, sino problemas desatendidos en los últimos años”.

Sin embargo, cree que ante una situación de semejante magnitud como la pandemia, la Secretaría de Integración Social hizo lo que pudo. “No se puede desconocer que se hizo un esfuerzo enorme por tratar de cubrir esa coyuntura con lo que se podía. A diferencia de otras ciudades, Bogotá hizo la tarea. Ahora, con los índices de pobreza, que aumentan la desnutrición, tenemos que analizar en qué fallamos y qué fortalecer”.

¿Y las mujeres?

Si para todos los bogotanos la pandemia fue difícil, para las mujeres fue mucho peor. Con el confinamiento, los casos de violencia intrafamiliar y de género aumentaron. “La pandemia golpeó especialmente a las mujeres. Hay más mujeres desempleadas que ahora están en la informalidad, hay más víctimas de violencia y más sobrecarga en los hogares”, aseveró la secretaria de la Mujer de Bogotá, Diana Rodríguez.

Para brindarles atención durante la emergencia se fortalecieron programas como la Línea Púrpura, para que las mujeres que se sintieran en riesgo de sufrir violencia lo reportaran. También se implementó la estrategia “Espacios Seguros”, que busca que las mujeres violentadas puedan pedir ayuda desde establecimientos comerciales. Además, se ofreció atención domiciliaria, clínica y psicológica para mujeres violentadas o acosadas en sus casas o en el transporte público.

Respecto a esto, Olga Sánchez, coordinadora de la Casa de la Mujer, reconoció el trabajo hecho por la entidad. “Hubo un esfuerzo de la Secretaría de la Mujer para responder de una forma más adecuada no solo las necesidades y expectativas, sino también las necesidades críticas de violencia, de desempleo y de salud mental, pero pensamos que todavía hay una respuesta muy débil, que incluso no depende de la Secretaría, sino de una articulación con el Gobierno Nacional”, explicó.

Para la coordinadora, los retos que tiene la entidad el otro año serán identificar las necesidades de las mujeres y, sobre todo, dónde se encuentran, con el fin de que, en este proceso, se siga fortaleciendo una atención que les permita recibir la ayuda necesaria para soportar no solo los estragos causados por la pandemia, sino los problemas que ya tenían antes de la llegada del COVID-19.

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