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Energía, cultura ciudadana y apoyo europeo: otros retos del metro más allá de los rieles

Con casi el 80 % de avance, el megaproyecto de movilidad busca avanzar en sus apuestas de sostenibilidad y de cultura ciudadana. Desde la alcaldía resaltan que para consolidar la visión ha sido fundamental la cooperación internacional.

Redacción Bogotá

25 de agosto de 2026 - 06:00 p. m.
El Metro de Bogotá solo aumentará en un 0,07 % en el consumo de energía de la ciudad. / Gustavo Torrijos.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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El gerente del Metro de Bogotá, Leonídas Narváez, lleva semanas haciéndole frente a varios reparos alrededor del mayor proyecto de movilidad de la capital: una denuncia por presunta corrupción; la muerte de un trabajador en una de las estaciones; las alertas de la interventoría por retrasos en algunos frentes de obra, y el cumplimiento del plan de manejo ambiental. Todas, dice, se están investigando y atendiendo con celeridad, para cumplirles la promesa a los bogotanos de poner en marcha la primera línea en marzo de 2028.

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Y para mantener el ritmo, la administración del alcalde Carlos Fernando Galán se fijó varios hitos para el cierre de este año, entre ellos, la finalización de tres estaciones y de 17 km de viaducto. De hecho, para finales de mes se espera concluir la unión de las vías sobre las que rodarán los trenes sobre la calle 26 con avenida Caracas, en el centro de la ciudad. “Para enero debemos terminar el viaducto y tres meses después lo relacionado con las vías férreas”, sostiene el alcalde, quien agrega que la meta este año es lograr que lleguen los 30 trenes, de los cuales 17 ya están en la ciudad”.

Pero no son los únicos retos. De manera paralela a las obras, el megaproyecto (con una inversión de COP 29 billones) tiene otros desafíos. El principal es lograr que la gente ya no pierda tanto tiempo al movilizarse por una de las ciudades que, según el TomTom Traffic Index, es hoy una de las más congestionadas y lentas del mundo. Con la entrada en operación del sistema, la promesa es reducir de dos horas a 27 minutos los recorridos desde el sur hasta el norte de la ciudad.

A ojos de Narváez, esta “revolución” abre la puerta para impulsar la sostenibilidad, así como la cultura ciudadana. “El usuario tendrá una nueva experiencia, que le permitirá recuperar horas de su tiempo y, de paso, reducirá las emisiones contaminantes. Para consolidar esta visión hemos contado con aliados, que no solo aportan financiación sino esta visión de ciudad”. La promesa no es menor si se tiene en cuenta que, según la más reciente medición de Bogotá Cómo Vamos, la insatisfacción entre los bogotanos con el sistema de transporte público es del 32 %.

Sostenibilidad con el Metro

Un elemento central en la apuesta es la energía que alimentará al Metro de Bogotá: provendrá del Sistema Interconectado Nacional y, según cifras de la EMB, representará un incremento de apenas 0,07 % en el consumo de energía de la ciudad. “Es un tren muy eficiente. Todo lo relacionado con la iluminación, el aire acondicionado y los demás sistemas tiene un bajo consumo, por lo que no va a generar un desequilibrio para la ciudad”, agrega Narváez.

Entre las otras apuestas, además de la infraestructura, será la construcción de 23 kilómetros de ciclorrutas y de nuevo espacio público, así como la integración en ocho estaciones con las troncales de Transmilenio y el SITP, que contarán con 2.300 buses eléctricos para 2028. Para consolidar esta visión, el gerente de la EMB asegura que dos aliados han sido clave: la Unión Europea y el Banco Europeo de Inversiones (BEI). Su respaldo se ha traducido, en primer lugar, en parte de la financiación para el proyecto. El BEI, la mayor institución financiera multilateral del mundo, mantiene vigentes préstamos por USD 400 millones, de los cuales ya se han desembolsado 180 millones.

Visita al Patio Taller del Metro de Bogotá.
Foto: El Espectador

Pero estos recursos están sujetos a unas condiciones que, en el sistema financiero, se conocen como “salvaguardas”. En términos generales, implican que los proyectos no solo deben cumplir con las obras, sino generar avances en materia ambiental y contribuir a mejorar la calidad de vida de las comunidades. “En el caso del metro, nosotros analizamos cuáles son los aspectos medioambientales y sociales asociados con el proyecto y determinamos cuál es la parte del coste total del proyecto a financiar”, explica Martín Corredera Silván, representante del BEI en América Latina.

Cabe recordar que una de las promesas del Metro es reducir 171.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año al iniciar su operación en 2028. Así, en opinión del embajador de la Unión Europea en Colombia, François Roudié, la financiación garantiza el mejoramiento de la calidad del aire. “Con estos bajaremos la contaminación urbana y es clave, pues cada vez la gente tiene más conciencia de lo que esto implica para su calidad de vida”.

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¿Nueva infraestructura, nueva cultura?

La secretaria de Movilidad de Bogotá, María Fernanda Ortiz, sostiene que la experiencia de viaje que ofrecerá el metro es una oportunidad para mejorar la cultura en la ciudad. “Esa mejora en la calidad de vida, con la reducción de tiempos de desplazamiento, es una puerta para que vuelva el sentido de pertenencia por esta infraestructura que es de todos”. La funcionaria destaca experiencias positivas como el TransMiCable, que registra una satisfacción del 93 % según Bogotá Cómo Vamos.

Para impulsar estos avances, el Distrito se ha volcado en lo que se denomina el “Modo Metro”, una estrategia para promover un buen uso del sistema, con la instauración, por ejemplo, de la cultura de esperar que los pasajeros se bajen de los vagones antes de ingresar, o usar audífonos en los desplazamientos a lo largo del sistema público. En línea con esto, Roudié, de la UE en Colombia, asegura que “el proyecto encarna esa filosofía de sostenibilidad urbana de transporte público, y avanzar en una dimensión fundamental que implica el transporte público en las ciudades, en la que tanto el rico como el pobre se suben al metro para llegar a sus trabajos, a sus casas y sus actividades diarias”.

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Por su parte, el alcalde Carlos Fernando Galán afirma que la coordinación con organismos de cooperación y banca internacional ha sido fundamental para sacar adelante el proyecto. “Nos ha permitido contar con apoyo técnico para tomar decisiones acertadas, enfrentar los retos que han surgido y encontrar soluciones. Creo que esa es la clave y que esta es una experiencia que puede replicarse tanto a nivel nacional como internacional”, afirma el mandatario.

De hecho, en una de las fases destacadas que deberá asumir próximamente el proyecto, como lo es su entrada en operación, se buscará la asistencia técnica de España. “Con la financiación del Banco Interamericano de Desarrollo y la asesoría de consultores del Metro de Barcelona estamos fortaleciendo nuestra estructura organizacional. El objetivo es consolidar durante el próximo año la Gerencia de Operaciones, garantizando así la capacidad técnica requerida para la supervisión y respuesta efectiva una vez inicie la operación comercial”, concluye Narváez, de la EMB.

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Por Redacción Bogotá

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