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Aquel día del año 1999 cuando el Hospital San Juan de Dios perdió la batalla contra las empresas de salud privada y tuvo que ser cerrado, un grupo de devotos empleados se resistió a abandonarlo. Enfermeros, asistentes, médicos, estudiantes y hasta algunos pacientes se amarraron a las camas, se escondieron entre las sábanas, forzaron las puertas, en fin, hicieron todo lo que estuvo en sus manos para no permitir que los sacaran de aquel lugar al que le habían entregado sus vidas.
Desde ese entonces han pasado nueve años de abandono, nueve años de lucha por recuperar lo que consideran suyo, nueve años en que las 580 camas del hospital han estado vacías. Durante este tiempo, algunos empleados han seguido habitando aquellos espacios que antes eran de los enfermos. Las "ruinas" de lo que por siglos fue uno de los hospitales más importantes de la ciudad se convirtieron en su hogar y ellos se han encargado de recordarles a los bogotanos que el San Juan de Dios no ha muerto.
Con una comparsa de 50 artistas, el sábado 8 de marzo se rememorarán los 444 años de existencia del hospital. Una historia llena de luchas, adelantos tecnológicos, éxitos y abandono. Con esto, la Localidad Antonio Nariño espera demostrarle a la ciudad la importancia de este centro médico y que pese a los años, "el San Juan de Dios no agacha el dedo".
El hospital fue fundado en el año 1723 cuando Pedro Pablo Villamor inició su construcción al oriente de la ciudad. Aunque la estructura como tal sólo cuenta con 285 años de existencia, se habla de 444 años de historia porque el San Juan de Dios reemplazó lo que antes era el hospital San Pedro, construido en 1605 por la Orden de los Hospitalarios.
La Fundación de San Juan de Dios, como los demás hospitales del orden español, se dedicó a atender a los peregrinos, pobres, enfermos, huérfanos y locos de la ciudad, y así lo hizo durante los años que estuvo en funcionamiento. En un principio fue llamado Hospital de Jesús, María y José, y fue uno de los más significativos para la medicina santafereña del siglo XVIII.
Hacia una muerte lenta
En el año 1994, cuando comenzó a aplicarse la Ley 100, se dio vía libre para que las empresas de salud públicas y privadas compitieran con las mismas condiciones. La ley, a su vez, les quitó a los hospitales públicos los beneficios que éstos otorgaban a las personas de bajos recursos. Con esta revolución, algunos hospitales públicos entraron en un colapso financiero y en muchos casos fueron privatizados. El San Juan de Dios fue una de las víctimas de esta reforma.
Pese a que los empleados dejaron de recibir sus sueldos, el amor a su trabajo y la confidencialidad con los pacientes los hicieron seguir yendo al instituto. Los enfermeros se dedicaron a mantener el orden y el trabajo se siguió haciendo pese a los rumores de que pronto todo por lo que habían trabajado tantos años llegaría a su fin. Debido a su reiterada oposición a abandonar el lugar, el Distrito les cortó la luz y desde ese momento sólo los más fuertes se embarcaron en una lucha por extender la vida del hospital.
En junio del año pasado en el Museo de Bogotá se realizó la exposición "En estado de coma", de la artista María Elvira Escallón. Mediante las instalaciones, fotografías y videos quedó en evidencia el deterioro de la gran planta física del hospital, la notable ausencia de pacientes, el daño que han sufrido los equipos que todavía se encuentran allí y la resistencia sistemática de un grupo de enfermeras que a pesar del tiempo siguen luchando por contrarrestar el abandono y el constante despojo de bienes del que ha sido víctima la institución. Con esta demostración artística quedó en evidencia lo que ya muchos presentían: "El hospital San Juan de Dios es uno de los enfermos más graves que tiene Bogotá".
Cifras En el Hospital San Juan de Dios
1.580 empleados recesivos que aún no han sido liquidados.
Servicio de urgencia con capacidad de hospitalización para 80 pacientes.
Archivo activo con 500 mil historias clínicas.
Cocina con capacidad para despachar 1.200 menúes diarios.
Lavandería central con capacidad de lavar diariamente 1.200 sábanas.