
Doña Omaira Piraquive participa en la fiesta desde que tiene memoria. Este año hizo parte del grupo de bailarinas que acompañó el Auto Sacramental
Foto: Daniela Rojas
En enero, cuando Bogotá parece entrar en un estado de reposo tras el ruido de diciembre, hay un barrio que no se repliega y, por el contrario, sube la voz. En las laderas orientales, el barrio Egipto, enclavado en las centenarias calles de La Candelaria, cumple a cabalidad una tradición que se adivina en los rostros de sus vecinos: comenzar el año de otra manera. No con balances ni promesas de turno que rara vez se cumplen, sino con una fiesta que se repite desde que Bogotá era apenas una ciudad en ciernes y que, lejos de agotarse, confirma...
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