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Fiscalía busca esclarecer macabro crimen en Mosquera

El ente acusador pedirá la captura del Luis Geovanni Mosquera, cuya pareja fue encontrada enterrada en la sala de su casa.

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Laura Ardila Arrieta
06 de abril de 2010 - 10:15 p. m.
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Vistiendo prendas blancas y negras, acongojados y llevando en las manos fotos de su sobrino, llegaron el martes al comando de la Policía en Mosquera —municipio vecino a Bogotá— dos de los cinco hermanos de Silene María Acuña, la mujer de 30 años y ocho meses de embarazo que el pasado sábado fue encontrada enterrada en la sala de su casa en el barrio Porvenir Río, uno de los más humildes de esa población.

Tenían una dolorosa petición que hacerles a las autoridades: “Ya mi hermana se murió, ya nada podemos hacer. Lo único que queremos es que el niño aparezca vivo. Lo otro es secundario”. Rodolfo Acuña, de oficio soldador, oriundo de Valledupar, reside en la capital hace cerca de 10 años y desde noviembre pasado no hablaba con su hermana. Está acompañado de su hermano mayor, Wílmar Acuña, quien también llegó a la ciudad hace aproximadamente una década en busca de mejores vientos. “Yo sí hablé con ella hace relativamente poco. El pasado 14 de marzo. No me dijo nada especial”.

Ambos hombres —muy morenos, de hablar musical típico de su tierra, con los ojos lluviosos— exigen saber qué destino corrió Luis Guillermo Cañón Acuña, el niño de 5 años que aparentemente se llevó con rumbo desconocido Luis Geovanny Mosquera, pareja de la mujer y a quien ellos señalan como responsable de su muerte.

El pasado 26 de enero Mosquera llegó de la mano de Silene y Luis Guillermo, quien no es su hijo, a una arruinada casa de dos pisos de color azul, dividida en muchas piezas, en el barrio Porvenir Río. $220.000 mensuales de arriendo acordaron con la dueña del lugar, de nombre Maribel Triana, por un pequeño espacio que da a la calle y tiene un solo ambiente. “A ella ya se le veía su barriguita. Era como callada, dedicada a ser ama de casa”, cuenta la casera.

Los vecinos del sector, que el martes se asomaban a ventanas, puertas y terrazas para averiguar más sobre el escabroso caso, coinciden en que la pareja no se hacía sentir en absoluto. “Eran muy callados. Si acaso una vez me pareció escuchar que discutían”, dice la señora Cecilia La Torre.

Así que todo transcurrió normalmente hasta que se les venció el primer mes de arriendo y le pidieron a Maribel Triana plazo para pagar. “Quedaron en llevarme $100.000 el 15 de marzo y nada. Luis Geovanny me aseguró que su mujer estaba muy enferma y le había tocado hospitalizarla”.

La arrendadora empezó a sospechar de las buenas intenciones de pago de sus inquilinos, por lo que días después se les presentó para cobrarles llevando consigo un celular oculto con el que grabó varias conversaciones. “Quise curarme en salud, por si el señor me hacía groserías. Uno a veces se encarta con inquilinos groseros”.

En dos videos, uno del 28 y otros del 29 de marzo, que El Espectador conoció, se observa a Mosquera envuelto en una toalla rosada en la puerta de la pieza explicándole a la señora Triana el por qué de la demora:

— “Silene sigue enferma. Está en el hospital de Kennedy… Me va a tocar mandarla en avión a Valledupar”.

— “¿Y es que acaso ella no puede hablar? La he estado llamando al celular, pero siempre está apagado”.

Entonces se ve cuando Luis Geovanny Mosquera le entrega a su vecina una maceta —martillo grande— que le había pedido prestada días antes con el argumento de que iba a “arreglar el piso”.

La familia sin la madre, y sin cancelar la deuda, abandonó el lugar, con la dirección calle 14 N° 3-14, el 31 de marzo. Tres días después, la señora Maribel abrió la casa para hacer limpieza y levantar el piso de cemento y arena que el hombre había “arreglado”. De repente Luna, la perra criolla que siempre la acompaña, empezó a escarbar en un lugar en el que después se divisó una lona. Pasadas las 5:00 p.m. llegó la Policía en respuesta al llamado de auxilio. A la medianoche entró en escena el CTI para hacer el levantamiento del cadáver.

Luis Geovanny Mosquera, quien se pasó a vivir a una pieza muy cerca, fue interrogado por el fiscal Miguel Hernández, de turno ese día en la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de Madrid, Cundinamarca, y luego dejado en libertad supuestamente porque aún Medicina Legal no establecía la identidad del cuerpo.

Hoy, la señora Maribel, los vecinos, la misma Policía de manera extraoficial y, principalmente, los hermanos Acuña, se preguntan ¿por qué lo dejaron ir si los indicios lo señalan como sospechoso?

Al respecto, la fiscal Marta Anaya, quien esta martes asumió el caso, le dijo a este diario: “El Fiscal de turno lo dejó ir. Ahora, en una audiencia en Mosquera, pediré la captura del señor y la ubicación del niño”.

“El niño no es su hijo, el niño no es su hijo”, se lamenta por su parte la familia Acuña, quien teme que cada día que pase Mosquera termine por convertirse en un fantasma.

Por Laura Ardila Arrieta

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