Alguna vez se ha preguntado ¿por qué sentimos asco? Seguramente no, y es razonable. A diferencia de la alegría, la tristeza o el enojo, esta es una emoción que casi todos prefieren evitar. No obstante, es de gran importancia por el papel que juega: la autoprotección. Ratificarlo es el objetivo de la exposición “¡Guácala!”, que abrió Maloka, para explicar y vivir la ciencia del asco.
Pero ¿cómo esa desagradable sensación puede llegar a ser algo preventivo? Empecemos por su definición: según el museo, “es una sensación física de repugnancia, que se experimenta en respuesta a ciertos estímulos visuales, olfativos, auditivos o táctiles”. Para probarlo, piense en estas escenas: un pedazo de carne en descomposición lleno de larvas blancas, una cucaracha en la empanada que acaba de morder o el olor de una caneca llena basura.
Algunas (o todas) tal vez generan gestos de desaprobación. Entonces, esta sensación es preventiva porque permite “evitar el contacto con sustancias o elementos, que pueden causarle daños o enfermedades”, dicen los guías del museo.
El asco, además, es cultural y varía según el país o la región en la que se esté. Por ejemplo, en los países asiáticos hay un plato que se llama Balut, que es un embrión dentro de un huevo de pato; en Italia se prepara el casu marzu, un queso de cabra que se fermenta con larvas de moscas, y en varias regiones del país comen testículos de toro, huevos de iguana, gusanos mojojoy o algo tan famoso y crocante como las hormigas culonas. No cualquier está preparado para enfrentar estos retos gastronómicos.
>>> Vea: En imágenes, así es la exposición de cosas asquerosas, ¡Guálaca!
Para poner a prueba a los asistentes, la exposición cuenta con varios ejes temáticos, como “Asco 101”, donde los asistentes podrán atreverse a vivir experiencias olfativas, visuales, auditivas y táctiles. Ahí, además, conocerán algunas cosas asquerosas que hacemos los humanos. En la sección de “Biología” se podrán mirar bichos y, de cerca, unos tipos de microbios asquerosos, entre otras actividades.
A estos se suma el eje “Cultura”, en el que se sorprenderá con las cosas que sin saberlo comemos o lo qué pasa cuando unos labios besan a otros, y el eje “Individuo”, donde los curiosos podrán interactuar con un gabinete lleno de sorpresas y encontrarse con peces de tres ojos, tarros con grasa humana, sanguijuelas, uñas largas y un sinfín de cosas repugnantes. Todas las actividades estarán acompañadas con diferentes talleres.
“Queríamos hacer una exposición, por supuesto, para enseñar sobre ciencia, pero que fuera entretenida y causara fascinación en los niños y jóvenes. Por eso, se nos ocurrió este concepto, en el que trabajamos ocho meses. No somos los primeros en hacer una exhibición de este tipo porque, de hecho, en Estados Unidos hay un museo dedicado a esta emoción”, manifestó Adriana Correa, presidente ejecutiva de Maloka.
Si le picó el bicho de la curiosidad, ¡Guácala! estará hasta finales del año en Maloka, al occidente de la ciudad, y luego se irá, junto con todas sus asquerosidades, a recorrer Colombia.
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