Bogotá

25 Sep 2019 - 4:31 p. m.

Habitantes de calle en Bogotá: ¿diáspora sin sentido?

Hace dos meses se intervino el canal Comuneros, que estaba tomando cara de nuevo Bronx, y ya hay denuncias por nuevos asentamientos. Las ONG creen que el trabajo se está quedando corto y el Distrito dice que la atención es integral y planificada.

Felipe García Altamar - @FelipeAltamar (fgarcia@elespectador.com)

Transitar por los alrededores del canal Comuneros, ubicado en la calle 6 con carrera 30, es como tener un déjà vu. Ese lugar fue el gran refugio de los habitantes de calle después de la intervención del Bronx y hoy se encuentra como la extinta “L”, tras su recuperación: hay personal del Distrito y Policía las 24 horas.

Hace dos meses se hizo una intervención al canal, pues cada vez eran más los adictos, jíbaros e indigentes que se concentraban en la zona, que crecían en número tanto como las denuncias de inseguridad. Los primeros días instalaron potentes reflectores y por la zona apenas caminan unos cuantos “sintecho”.

El resultado llevó al Distrito a promocionar hace unas semanas el “éxito” de la operación, divulgando fotos de cómo se veía el caño recuperado. Sin embargo, al recorrer hoy la zona de influencia, se ve cómo poco a poco se están volviendo a armar cambuches en parques aledaños y en el mismo canal, a unos cuantos metros de la zona desalojada.

¿Empieza un nuevo ciclo?

Édgar es un taxista que vive en el barrio Santa Isabel. En un recorrido hacia el sur de la ciudad comentó que muy cerca de su casa se establecieron algunos de los habitantes de calle que habían desalojado del canal Comuneros e incluso se ofreció a hacer un recorrido por el sector para demostrarlo. En efecto, además de su barrio, había otros como Veraguas, Ricaurte y Vergel.

Días después, en una nueva visita a la zona para conocer la opinión de los vecinos tras la intervención, se conocieron más detalles de lo que viven a diario. De entrada es claro que hay dos puntos de vista sobre lo que está pasando: por un lado, el de los propietarios de locales comerciales, como talleres, distribuidores de piezas industriales, restaurantes y misceláneas, que afirman que se sienten más seguros y ven las calles con menos residuos de comida y basura.

Para ellos esto es resultado de la presencia de una veintena de policías que trabajan por turnos para garantizar una vigilancia las 24 horas en la calle 6 entre carreras 24 y 32. Eso sí, advirtieron que ahora los habitantes de calle se refugian bajo los pasos vehiculares que hay hasta el desvío del canal, que desemboca en la calle 3ª.

Por otro lado están los habitantes de edificios y conjuntos residenciales de barrios como Tibana, Galán y Corkidi, quienes aseguran que ya se empiezan a acostumbrar a los habitantes de calle en los parques del sector. Según afirmaron, a partir de las 5:00 p.m. se consolidan los pequeños focos en los que están construyendo improvisados alojamientos. Dicen que, por ahora, no tienen quejas sobre inseguridad, pero denuncian que proliferan los desechos que producen los sintecho.

¿Qué hacer?

Aunque algunos aplauden lo que hizo la administración en el Bronx y recientemente en el caño de la 6ª, para las organizaciones que defienden los derechos y el bienestar de los habitantes de calle, más que buscar cómo atajar una nueva diáspora por la ciudad, lo que impera en este momento es encontrar fórmulas para que el tema no se convierta en una persecución sin sentido de las autoridades.

Resaltan, además, que no solo se dispersaron hacia sectores aledaños al canal Comuneros, sino que están repartidos por el centro de la ciudad. Así lo indica Alberto López de Mesa, columnista de este diario y exhabitante de calle, quien afirma que los vecinos y comerciantes que denuncian la nueva presencia de estos ciudadanos están discriminándolos y no tienen intención de diálogo.

“No hay oferta para ellos. Para gran parte de la sociedad bogotana el asunto es que se los quiten del lado, no importa cómo. Y lo más grave es que, fuera del caño, también se están ubicando en el parque Tercer Milenio, en San Bernardo, en Corabastos, detrás de Paloquemao, por toda la avenida Caracas y sobre las vías de trenes en Puente Aranda y San Façon”.

Por su parte, el sacerdote Gabriel Gutiérrez, de la Fundación Callejeros de la Misericordia, alerta que en todos estos puntos se están reactivando las ollas y considera que los procedimientos empleados son parecidos a una persecución. “Este desplazamiento obligado es un método obsoleto sin ningún sentido social. Nos muestran ese caño ‘limpio’, pero es un juego tonto a lo Trump, de poner vallas para no dejarlos entrar a ningún lado”.

“¿Por qué no hacer las intervenciones con trabajo social y humano? ¿Por qué no ponerlos a trabajar u ofrecerles formación? ¿Por qué hay que encerrarlos en un centro? Es tiempo de empezar a comparar la inversión del Distrito vs. los casos exitosos”, cuestiona “Fray ñero”, como lo bautizaron los habitantes de calle.

También hace un llamado de atención a los candidatos a la Alcaldía de Bogotá, pues considera que ninguno ha dicho nada serio sobre habitabilidad en calle en la ciudad. “Están hablando mucho de cosas ideales, pero nada de lo real. Con la Bogotá real ninguno se quiere comprometer y no hay propuestas serias. Las organizaciones sociales son las únicas que seguimos acompañando a esta población”, agrega.

Otros expertos en el tema, como los miembros de la ONG Temblores, que el año pasado presentó un completo balance sobre la situación de derechos humanos de los sintecho en la última década, consideran que los procesos deben ser menos represivos, pues esto lo único que logra es aumentar en los habitantes de calle la desconfianza en las instituciones. También afirman que las fuerzas policíacas no son las que deben estar al frente de la atención de esta problemática.

“Hay patrones que se repiten en la forma en que son violentados los habitantes de calle, entre ellos las prácticas de desplazamiento, en las que se les niega su derecho a ocupar un espacio en la ciudad. Arrinconarlos hasta un lugar tan repulsivo como un caño es una estrategia cuestionable, y cada vez se acercan más a zonas marginadas”, afirma Sebastián Lanz, uno de los coordinadores de la ONG.

Asimismo, señala que desde la intervención del Bronx se generó un desastre que no se ha podido controlar, “porque una de las fallas es articular las intervenciones desde la Fuerza Pública y no desde la atención social. Sabemos que hay hogares de paso, pero allí tienen una política igual de represiva contra esta población. Hay un prohibicionismo que convierte el problema en un perro que se persigue la cola eternamente”.

“No hay ninguna alerta”

El Distrito, entretanto, está seguro de su trabajo y considera que el fenómeno se está abordando de manera adecuada e interdisciplinar. Las preocupaciones de la comunidad sobre una nueva dispersión de habitantes de calle las justifican desde la localización, pues dicen que tanto Puente Aranda como Los Mártires son zonas en las que tradicionalmente se ha establecido esta población.

Fabián Rico, líder de abordaje en calle de la Secretaría de Integración Social, manifiesta que el censo que hicieron en 2018 evidencia que el fenómeno ha coexistido con las zonas industriales. “Son atractivas para ellos en materia de reciclaje y ayudas. A pesar de que se ha generado una expectativa gigante, no tenemos un reporte que nos genere una alerta de que hay zonas en las que tengamos que estar pendientes. Hay lugares que teníamos previstos que iban a ser nuevos focos, pero no superan los 20 ciudadanos en cada una”.

Por otra parte, Rico asegura que los Ángeles Azules trabajan de forma permanente con un equipo de educación en calle para generar pedagogía con la comunidad. En este proceso hay barrios priorizados, que son los que tienen nuevos focos para atender. “Ese plan de contingencia lo teníamos hace mucho. Sabemos que hay pequeños focos, pero no hay ninguna alerta como para hacer una nueva intervención”, complementa.

Por último, Rico dice que en Kennedy y en el centro hay planes de renovación que van a ser una gran solución a este tema, pero las intervenciones han cambiado las dinámicas de expendios de drogas, que cada vez mutan más a lugares que no tenían contemplados. “Las estrategias de las personas que los instrumentalizan también están cambiando. Es un fenómeno muy móvil, que no se centra en lugares históricos, lo que nos lleva a pensar que las estrategias están sirviendo”.

El alcalde de Los Mártires, Raúl Hernando Esteban, concluye que, debido a estos resultados, desde el Distrito mantendrán los operativos para recuperar el espacio público y el protocolo de atención con Integración Social, con su oferta institucional en los centros de atención. “De 97 cámaras que necesitamos ya hay 91 instaladas y, además, aumentó el número de motos y policías para mayor reacción. También seguiremos la pedagogía para que se denuncien hechos delictivos en la zona y mantendremos vigilancia en los parques aledaños, para que no sean ocupados”.

Tras múltiples intervenciones, operativos y atenciones en los centros de acogida, el fenómeno de habitabilidad en calle parece generar las mismas preocupaciones entre la comunidad. Para el Distrito es evidente la reducción del fenómeno que ha habido desde la intervención del Bronx. No obstante, para las organizaciones sociales aún queda mucho trecho para construir una verdadera solución para brindarles oportunidades a esta población.

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