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Hambre, violencia y barreras de salud: así viven quienes ejercen trabajo sexual en Bogotá

La falta de dinero para comer, las afectaciones emocionales y la violencia marcan la vida de buena parte de quienes ejercen trabajo sexual en Bogotá. Un estudio recogió sus voces y reveló las barreras que enfrentan para acceder a salud y protección.

Censo a trabajadores sexuales en la ciudad de Bogotá
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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Detrás del trabajo sexual en Bogotá aparecen realidades que van mucho más allá de la actividad: dificultades para comprar alimentos, afectaciones emocionales, discriminación, agresiones y barreras para recibir atención médica. Así lo muestra un estudio presentado por la Secretaría Distrital de Salud y la Fundación Foro Cívico, elaborado a partir de 1.074 encuestas y espacios de escucha con personas que realizan actividades sexuales pagadas en diferentes localidades de la capital. Los resultados servirán para actualizar la política pública dirigida a esta población y ajustar los servicios que actualmente presta el Distrito.

El 87,7 % tuvo dificultades para comprar alimentos

Una de las cifras más preocupantes está relacionada con las condiciones económicas. Entre las personas encuestadas, el 87,7 % manifestó que durante el último mes le faltó dinero para comprar alimentos. El estudio también encontró que el 23,9 % presentaba un probable malestar psicológico y el 12,6 % reportó ideación suicida. La afectación fue mayor entre quienes atravesaron situaciones de inseguridad alimentaria: en este grupo, el indicador de malestar psicológico llegó al 25,4 %, frente al 13,4 % entre quienes no enfrentaron esa situación.

“Las actividades sexuales pagadas son una realidad social existente, diversa y compleja y, frente a esa realidad, el Estado no puede ser indiferente”, señaló Gerson Bermont, secretario distrital de Salud.

Migrantes enfrentan mayores barreras

El 16 % de las personas consultadas no estaba afiliado al sistema de salud. Entre quienes nacieron fuera de Colombia, la proporción llegó al 62 %. Además, el 28,3 % no asistió a ninguna consulta médica durante el último año. El estigma, los horarios de atención, las distancias, la falta de continuidad en los tratamientos y el temor frente a las instituciones aparecen entre las principales barreras.

Claudia Cuéllar, subdirectora de Gestión y Evaluación en Políticas Públicas, reconoció que la oferta institucional podría no estar llegando a toda la población. “Esto nos va a permitir generar propuestas, estrategias y mejorar la política pública”, afirmó. La funcionaria agregó que los resultados serán publicados en la página de la Secretaría de Salud y posteriormente estarán disponibles en un tablero de consulta.

Más de la mitad se ha sentido discriminada

Las condiciones cambian dependiendo del lugar donde se ejerce la actividad. El 65,1 % de las personas encuestadas trabajaba en calles o espacios públicos, escenarios en los que pueden aumentar la exposición a agresiones y dificultades para acceder a medidas de protección. El 57,4 % aseguró haberse sentido discriminado y el 38 % reportó algún episodio de violencia. Entre las mujeres transgénero, esta última cifra ascendió al 47 %.

La fuerza pública fue señalada como el segundo actor relacionado con hechos violentos, con una participación del 30,8 % dentro de los reportes. El estudio divulgado no detalla qué tipo de agresiones se denunciaron, cuándo ocurrieron ni cuál fue el primer actor identificado. A pesar de estas condiciones, el 84,6 % manifestó tener mucho o total control sobre su actividad y el 85,3 % aseguró adoptar medidas de seguridad.

En cuanto a la prevención de infecciones de transmisión sexual, el uso inconsistente del condón alcanzó el 38,2 % entre quienes trabajan mediante modalidades virtuales y el 39 % cuando no existe fácil acceso a este elemento.

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“Necesitamos una política que realmente nos sirva”

Kamil ejerce el trabajo sexual en calle desde hace seis años y participó en la investigación como gestora territorial. Su labor consistió en buscar a otras personas, explicarles el objetivo del estudio y acompañarlas durante el proceso. “Estuvimos en casi todas las localidades de Bogotá realizando la investigación para poder crear una política pública que realmente nos interese y sirva para mejorar nuestras condiciones de vida, ocupacionales y de salud emocional, mental y física”, explicó.

Para ella, el trabajo de campo también permitió conocer experiencias distintas a la propia y convertir esas historias en información útil para las decisiones del Distrito. A partir de los resultados, la Secretaría de Salud plantea fortalecer la atención en salud mental, acercar los servicios a los territorios, reducir la discriminación, ampliar el acceso de la población migrante y mejorar las rutas para atender hechos de violencia.

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El desafío será que las cifras no se queden en un diagnóstico. La actualización de la política pública deberá traducir las experiencias recogidas en servicios accesibles, mecanismos de protección y respuestas construidas junto con quienes realizan actividades sexuales pagadas en Bogotá.

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