Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Historia del español bogotano

Un proyecto, ganador de una convocatoria de la Secretaría de Cultura, agrupa cuatro mil términos del lenguaje bogotano desde la capital cachaca hasta la ciudad de hoy.

El Espectador

12 de enero de 2011 - 06:13 p. m.
PUBLICIDAD

Cuando usted busca en el Bogotálogo la expresión “Al peluche”, lo lleva a “Al pelo”, cuya definición dice: “Úsase para aludir a aquello que opera en forma correcta y apropiada, o que se ajusta a la perfección a las necesidades del implicado. A finales de los 80 los creativos de publicidad de cierta firma de productos para el aseo personal emplearon tal expresión como lema de la campaña orientada a salvar las ventas del ya desaparecido Champú Glemo”.

A un par de renglones de distancia se encuentra la definición de la expresión “Ampárame Grisales”, que significa: “Solicitud piadosa de compasión divina, inspirada en la popular actriz y cantante manizaleña Amparo Grisales”. Puede usarla, por ejemplo, en una situación como esta: “¡Huy! ¡Me tiré el año! ¡Ampárame Grisales!”.

El Bogotálogo es una investigación que comenzó a finales de 2009 con la coordinación de Andrés Ospina (ganador de la convocatoria Ciudad y Patrimonio de la Secretaría de Cultura) y que pretende hacer una compilación del lenguaje de los bogotanos desde los comienzos de la ciudad hasta hoy.

No es un diccionario de cachaquismos, sino una suerte de cronología del lenguaje de la capital, una memoria del español hablado en clave bogotana, aquel de las erres pegadas de la capital de sombrero y paraguas, así como el que ha emergido de la televisión, la cultura pop, la tecnología y el crimen. Esas mezclas han generado palabras como “Listerine”, que traduce: “Voz indicativa de disposición y preparación para una actividad a realizar”.

Más que un divertimiento, Ospina concibe el Bogotálogo (que ya cuenta con cuatro mil términos aproximadamente) como un documento contra el olvido, una forma de resistencia de las palabras. “Quería contar la historia de Bogotá a través de las palabras. La idea era dar cuenta no sólo de cómo se habla ahora, sino también de otros tiempos para que no se pierdan en la oralidad una cantidad de palabras que son parte de nuestro patrimonio”.

Read more!

El Bogotálogo pretende desbordar el marco académico de un diccionario convencional, la herramienta de consulta para hacer las tareas escolares y trazar historias a partir del uso generacional de las palabras. La cosa puede comenzar en glaxo, término típico de la Bogotá de antaño (“individuo esmerado en el vestir”), que a su vez tiene sinónimos como lechuguino (“Al parecer se denominó así a los de este tipo por su costumbre de emplear el afamado fijador Lechuga, especie de tónico para amansar cabelleras rebeldes”) y lámina (“individuo de buen ver”), así como tiene antónimos: garra (individuo ramplón y ordinario). También existe el término medio, que vendría siendo un goñero: “Curiosa especie híbrida conformada por quien combina las maneras finas del gomelo con las burdas del ñero”.

Además de los cuatro mil términos (que surgieron después de una investigación bibliográfica y de fuentes orales entre los bogotanos de 90, 80 y 70 años, así como los de 15 o 20 años), el Bogotálogo incluye un refranario. El material, como lo informó este diario el domingo, está disponible en el sitio web www.bogotalogo.com y la idea es que, con la colaboración de usuarios y lectores, el número de palabras siga creciendo. En abril se planea imprimir el total de términos en un volumen que tendrá no menos de 200 páginas, según Ospina, y que será publicado por el Instituto de Patrimonio.

Read more!

Por El Espectador

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.