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22 Sep 2021 - 11:00 a. m.

Historia del ‘Palacio del Colesterol’: ¿agoniza la tradición y el sabor bogotano?

Por lo menos 80 familias capitalinas están a puertas de quedarse sin empleo tras el eventual cierre de este punto icónico de la fritanga. Esta es la historia de una de las familias afectadas.
La familia Parra, hace unos 40 años, en su puesto de fritanga en el 'Palacio del Colesterol'. De rojo Carlos Parra.
La familia Parra, hace unos 40 años, en su puesto de fritanga en el 'Palacio del Colesterol'. De rojo Carlos Parra.
Foto: Cortesía

Los Parra, posiblemente, son la familia que más ha gritado goles en su vida. Y no porque uno de ellos sea deportista de élite o porque hayan ido a todos los partidos de fútbol que se han disputado en Bogotá. Si han gritado goles es porque lo han hecho en coro con los más de 36 mil hinchas que le caben al estadio Nemecio Camacho El Campín, que cada jornada futbolera acudían al coloso de la 57 para disfrutar del balompié, mientras ellos afuera, en uno de los 14 puestos del ‘Palacio del Colesterol’, preparaban fritanga y aguardaban a su salida, para que disfrutaran ahí, en una de sus mesas.

Ese centro de acopio del sabor propio bogotano hoy está en juego, porque se enfrenta a la remodelación y ampliación del estadio, proyecto que se realizaría por medio de una alianza público-privada. Aunque no se habla de un cierre definitivo, sí sería algo temporal mientras adelantan las obras y se logra una reubicación, hecho que no solo está poniendo a tambalear el trabajo de más de 80 familias, sino buena parte de la tradición de la capital.

Carlos Parra es apenas una de las tantas voces que se han alzado en defensa de este sitio, no solo porque de allí depende económicamente buena parte de su familia, sino también porque sabe que el ‘Palacio del Colesterol’ es tan clásico, o aún más, que un partido Santa Fe-Millonarios, y por eso no pueden tomarse esas decisiones, cree él, tan a la ligera.

>LEA: Proyecto de remodelación de El Campín cerraría el ‘Palacio del Colesterol’

“Los primeros de mi familia en llegar aquí (al Palacio del Colesterol) fueron mis abuelos. Ellos llegaron de Cáqueza (Cundinamarca) a Bogotá en 1930. Ya para 1958 estaban establecidos en los puntos de ventas de comidas que eran, por ese entonces, en la carrera 24 y la calle 57, ahí había unos puestos que eran de tubería y toldas. Unos cuatro años después el señor alcalde Jorge Gaitán Cortés destinó este sitio para la venta de comida de fritanga. Ha sido la tradición desde 1962”, dijo Carlos Parra.

Si de tradición y buena fritanga se trata, los Parra, junto con otras 39 familias, entre ellas las reconocidas señora Lilia y Eduvina, quienes también fueron fundadoras de ese espacio dedicado a la comida, son los más conocedores porque allí han permanecido desde la apertura del Palacio del Colesterol. Ellos ya hacen parte de la tercera generación que no solo ha crecido allí, sino también ejerce como cocineros.

La preocupación con el cierre, o traslado, de este lugar, además de representar una pérdida económica, que se suma al año y medio de cierre que llevan tras la pandemia, también sería un golpe moral porque saben que esas mesas y esas paredes, que componen el santuario del colesterol, están impregnadas de historia.

“No son solo 40 familias, son más de 80 o hasta 100, porque además de los dueños de los puestos también está la gente que nos colabora, los empleados. En este momento no estamos trabajando y es muy triste ver cómo un sitio que hace parte de la tradición, que es conocido tanto adentro como afuera del país, ahora lo quieran acabar con la justificación que esto es un proyecto que viene firmado desde la alcaldía de Enrique Peñalosa”, agregó Carlos.

Con fogones apagados, rejas cerradas, y los rostros dibujados con una desazón difícil de esconder, los Parra, y todos los afectados, aunque guardan la esperanza de volver a sus puestos, saben que no será tarea fácil mantener su trabajo, y preservar por un par de generaciones más la tradición de preparar fritanga mientras se está a la espera de que los comensales salgan del Campín.

“Yo le hago el llamado a Blanca Durán (directora del Instituto Distrital de Recreación y Deporte), para que nos haga una reunión aquí en el Palacio del Colesterol y que se presente con nosotros. Queremos conocerla. Pero con nosotros no ha hablado. Ella dice que nos ha ofrecido, pero acá nadie nos ha ofrecido nada. No la distinguimos, entonces qué nos va a ofrecer si ni nos conoce”, concluyó Parra.

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