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Belén queda a 512 kilómetros de distancia de El Cairo (Egipto), es decir, a unas 105 horas a pie o a unos 80 minutos en avión. Entre Belén y Egipto hay un camino tan antiguo que hasta en las Sagradas Escrituras quedó plasmado: María y José huyeron a Egipto —desde Belén— para evitar que Herodes matara a Jesús.
La relación entre estos dos lugares es tan fuerte que atravesó el Atlántico. Llegó al mundo que habita, según José Vasconcelos, la raza cósmica, esa raza que tiene la combinación de todas las culturas: América Latina.
En Bogotá, Egipto y Belén quedan ubicados en la localidad 17, La Candelaria, al centro-oriente de la ciudad, y son dos de los ocho barrios que la conforman. Esto supone que la distancia entre estos barrios no supera unas cuantas calles, o sea, cinco o seis minutos a pie.
Gozan también de cierta antigüedad, un par de siglos que bastan para llenar de tradición y de historia la memoria bogotana. Pero, como en los lugares que sirvieron de inspiración para nombrar estos pedacitos del corazón de Bogotá, los niños y los más jóvenes tienen que huir para evitar la muerte.
El Herodes de estos barrios no es un rey celoso y ambicioso, es el abandono. El gobierno distrital ofrece la cobertura de servicios, pero no garantiza los derechos fundamentales de los habitantes de estos barrios, quienes ya son considerados población vulnerable.
Proyectos a oscuras
Hace algunos años, en Egipto nació la iniciativa de una escuela de hip-hop para los más jóvenes, con el objetivo de evitar que consumieran drogas o que se unieran a alguna pandilla. La escuela sigue funcionando unas cuadras más abajo de la iglesia de Egipto, pero no fue suficiente para devolverle al barrio la vida que estaba perdiendo debido a la delincuencia.
Hace seis meses se consolidó un proyecto que nació con la administración de la Bogotá Humana y cuyo objetivo era llevar arte y cultura a todos los jóvenes de la ciudad por medio de Juventud Humana y la Secretaría de Integración Social. En Egipto, este proyecto fue apoyado por Colsubsidio para atender personas entre los 14 y los 28 años. Compraron una casa ubicada en la carrera 3 Este # 9-58 que, según los responsables del proyecto, pertenecía al Instituto de Desarrollo Urbano (IDU). Así pasó a ser parte del Distrito y nació la Casa para la Juventud ‘Jaime Garzón’.
Pero el contraste no solo se hace visible en los nombres de los barrios. Hoy, bajo el lema ‘Recuperemos Bogotá’ nadie quiere recuperar la juventud de Egipto o, por lo menos, nadie del gobierno distrital: la Casa para Juventud ‘Jaime Garzón’ funciona sin luz. Los encargados de la casa afirman que pagar este servicio le correspondía al IDU como antiguo propietario de la casa, mientras que esta institución afirma que los responsables del proyecto y actuales dueños de la casa deben pagar todo lo que corresponde para su buen funcionamiento. En otras palabras, en Egipto los funcionarios quieren actuar como Poncio Pilatos, lavándose las manos.
Felipe Enciso es el profesor de música que va todos los fines de semana. Dicta clase de 2:00 a 6:00 de la tarde, hora en la cual se acaba la luz natural. Los sábados generalmente se encuentran cinco estudiantes, entre ellos, Paola, de 14 años, quien está aprendiendo a tocar batería y entre semana estudia inglés.
“Yo espero venir todas las tardes hasta que me gradúe del colegio”, afirma Paola, mientras sus otros cuatro compañeros tocan los acordes de una canción de Calamaro: Flaca.
“La mayoría de los muchachos que vienen viven muy cerquita, a veces vienen chicos de los lados de Las Cruces, pero no son tan disciplinados. Además, intentamos hacer varias cosas con los chicos a los que les gusta el rap, pero ellos son más cerrados, es más difícil tratar de enseñarles algo de teoría musical u otro tipo de música”, cuenta Felipe mientras afina una de las guitarras que hay en la casa.
Para Paola, las clases de música se redujeron a guitarra acústica y a batería, ya que la organeta y los demás instrumentos necesitan luz para poder funcionar; además, las clases de danza se cancelaron y las clases de inglés solo se dictan en horas del día porque, como es obvio para todos —menos para el gobierno distrital— en la oscuridad no se puede enseñar ni aprender.
Casa B de Belén
A tres calles de allí, en Belén (carrera 2 bis # 6D-33) funciona Casa-B, un proyecto independiente que nació hace cuatro años por la iniciativa de dos amigos, Darío y Chucho, quienes compraron una casa vieja y también la casa contigua que se había quemado.
Duraron cinco meses recogiendo los escombros de la casa vecina, arreglaron lo que pudieron de la otra y así comenzó a funcionar Casa-B. Empezaron con un salón en el que se dictaban algunas clases; luego, con la donación de varios libros organizaron la biblioteca Megateca del Dragón. En el gran patio de la casa colonial montaron una panadería donde cada fin de semana se hace pan artesanal para vender.
En la casa hay un pequeño apartamento que se arrienda, y generalmente quien lo toma ayuda con las labores de la casa y del proyecto. El inquilino actual dicta clases de patineta a los niños y les enseña a diseñar las tablas que usan.
En la casa contigua funciona una minihuerta. Las plantas que allí crecen se venden para ayudar a cubrir los gastos; además, en ese mismo espacio funciona un proyector para la cinemateca de la tarde, y cuenta con un techo de guadua que permite la recolección del agua lluvia.
Todas las actividades que se hacen en Casa-B son gratuitas para los habitantes del barrio. Actualmente cuentan con 130 niños carnetizados que tienen acceso a la variedad de servicios del proyecto.
Por otro lado, además de los ingresos que recolectan con el arriendo y las ventas de pan artesanal, plantas y donaciones, el garaje de la casa se utiliza como taller de carpintería, haciendo alusión al nombre del barrio y a la gran tradición carpintera que tiene (sí, como el Belén original). En este taller trabaja Ectario haciendo marcos para cuadros, candelabros, repisas y lo que le pidan los clientes. En el cambio de actividad, los niños generalmente se acercan al carpintero para preguntarle cosas del oficio.
Como vemos, para Belén hay un futuro prometedor, para Egipto solo hay olvido. Mientras María y José huían a Egipto, hoy en la capital colombiana los jóvenes huyen a Belén buscando oportunidades en proyectos como Casa-B.
*Este artículo fue publicado en la revista Directo Bogotá, de la Pontificia Universidad Javeriana.