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5 Dec 2021 - 2:00 a. m.

Ingrata, pero valiosa, fue la labor de gestores y grupos de apoyo en las protestas

A la sombra de las protestas hubo actores presentes en los escenarios más álgidos de las marchas: los gestores del distrito y el grupo especial de la personería, trabajo al que pocos se le miden.
GAEPVD
GAEPVD
Foto: El Espectador - Personería de Bogotá

Esmeralda cierra los ojos para recordar. A su memoria llega una escena con precisión: la de un policía que, a pocos metros de ella, cayó al piso cuando un proyectil lo impactó, en medio de los enfrentamientos entre la Fuerza Pública y manifestantes, cerca del Portal Américas. Ocurrió este año, el martes 4 de mayo, cuando recién comenzaba el estallido social en Bogotá y en otras ciudades de Colombia.

Su nombre es Enna Esmeralda Caro Gómez y el diálogo es su bandera. En su haber, esta abogada, filósofa y docente tiene una trayectoria de 20 años como funcionaria de la Personería de Bogotá, de los cuales los últimos cinco ha ejercido como coordinadora del Grupo para el Acompañamiento en Escenarios de Posible Vulneración de Derechos (Gaepvd), cuya función es acompañar las protestas y evitar las confrontaciones.

Según la Personería de Bogotá, su grupo de base está conformado por 14 personas, pero este año, a raíz del paro, se sumaron más de 100 para apoyar su labor, tarea que comparten con otros actores que también ponen cuerpo y alma en la ciudad para abrir los canales de las soluciones pacíficas a los conflictos.

Se trata de los gestores de convivencia, que visten chaquetas rojas y pertenecen a la Secretaría de Seguridad, y de los gestores de diálogo social, con chaquetas blancas y de la Secretaría de Gobierno. Estos grupos están conformados por 300 y 80 personas, respectivamente, y estuvieron en cada marcha, plantón, protesta y manifestación en Bogotá junto a al Gaepv. Una labor que, sin duda, los convierte en personajes del año 2021.

Un trabajo ingrato y para pocos

“La ira de la gente se canaliza en nosotros”, dice resignada Esmeralda Caro cuando se refiere a la compleja posición en la que quedan ella y sus compañeros de la Personería cuando el diálogo no triunfa y la movilización pacífica termina en disturbios. Aun cuando su fin es servir de mediadores entre las partes, su pertenencia a una entidad del Estado los hace blancos de insultos y, en el peor de los casos, de agresiones.

Y es que es un trabajo de alto riesgo. Siete de las 14 personas que integran el Gaepvd resultaron lesionadas en el ejercicio de sus funciones en el paro nacional. Una fue golpeada con un ladrillo en la espalda y otras dos, incluida Caro, fueron agredidas por seis miembros de la Fuerza Disponible de la Policía, en hechos ocurridos en la localidad de Suba y que están bajo investigación.

O como el gestor de convivencia que resultó herido en su rostro cuando le cayó un objeto contundente mientras estaba acompañando una intervención del Esmad sobre la avenida Ciudad de Cali el 28 de abril. “Tú no le puedes pegar a la alcaldesa o al personero, pero ves la chaqueta de la Personería en la calle y dicen: ‘el Esmad está operando y estos desgraciados aquí, pues tome y lleve pa sus dulces’. Nos metemos en la mitad y hacemos una labor en la que nuestra integridad se ve expuesta permanentemente al riesgo”, aseguró Caro.

Entre la ira y la respuesta

Lo claro es que estos funcionarios del Distrito y del Ministerio Público se encuentran en la más compleja de las circunstancias cuando se termina la protesta pacífica y la violencia escala. Por un lado, tienen a un grupo de ciudadanos inconformes, que ven en la rabia una válvula de escape. Por el otro, a la Fuerza Pública, que debe actuar ante los brotes de violencia y vandalismo. Por último, otros ciudadanos, que no participan en las protestas, pero que se ven afectados por las violentas confrontaciones.

Esta circunstancia marca para ellos una delgada línea, para trazar en dónde termina el uso legítimo de la fuerza y cuándo empieza su uso excesivo. Una responsabilidad mayúscula, que no dejará a todos contentos, pero que se toma con una sola premisa: ser un canal de intermediación en el que “hacemos primero un ejercicio de acercamiento entre las partes y nos organizamos con todas las autoridades. Pero hay situaciones en las que recibimos de los manifestantes una voz en el oído: ‘Aquí no hay acuerdo y vamos a hacer que llegue el Esmad para darnos’”, señaló Esmeralda.

Entre el 28 de abril y el 31 de octubre hubo 826 manifestaciones sociales en Bogotá (entre marchas, plantones y tomas) en las que hubo acompañamiento del Gaepvd, en las que 134 terminaron con la intervención de la Fuerza Pública (el 16 %), cuyo máximo pico se presentó entre finales de abril y finales de junio.

La palabra que mejor definiría a estos grupos de apoyo es empatía, una cualidad de la que muchos se ufanan, pero pocos -como los gestores y los grupos de apoyo- aplican. En medio de una crispación social, esta característica se traduce en entender los motivos que llevan a alguien a protestar sin tener nada que perder y en ver que detrás de un traje antimotines y un casco de la Policía hay otro ciudadano igual al que también esperan en su casa y es susceptible a las mismas emociones de su “adversario”.

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