Las inundaciones sobre la Autopista Norte, registradas en la madrugada del miércoles, recuerdan los errores y los líos medioambientales en la zona, que impiden un adecuado drenaje de las aguas lluvia, las cuales inundan el corredor cada temporada invernal y generan líos de movilidad. En esta ocasión, tal y como ocurrió a finales de 2024, los aguaceros que cayeron en la noche del martes terminaron por inhabilitar varios tramos del corredor, especialmente entre las calles 215 y 232. Para evitar que vehículos livianos y rutas escolares quedaran atrapadas, las autoridades cerraron el tramo y solo permitieron el tránsito de vehículos pesados, buses y camionetas 4x4. Si bien, la respuesta fue eficiente, de momento, no se ven soluciones cercanas a este problema.
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¿Por qué se inunda la Autopista Norte?
Para entender las imágenes de los carros “nadando” por la autopista, debemos retroceder hasta 1956, época del régimen del general Gustavo Rojas Pinilla, cuando se inauguró la Carrera 13, que con los años pasó a llamarse Autopista Norte. Sin reparo medioambiental, el corredor se construyó pasando por encima del humedal Torca-Guaymaral, lo partió en dos e interrumpió la conexión de los ecosistemas, entre los cerros y el río Bogotá.
Y como es bien sabido, la naturaleza recupera lo que en algún momento fue suyo. Hoy 68 años después seguimos pagando las consecuencias. Esta avenida, que conecta a la capital con los municipios de la sabana y los departamentos del centro del país, presenta el mismo problema: cada que llueve fuerte en el norte y el humedal cumple su función de almacenar el exceso de agua, se desborda. El daño que se causó sobre el humedal dejó la zona sin drenaje natural, lo que hace que el suelo no absorba bien el agua y termine empozada.
A este panorama hay que añadirle un agravante que trajo la modernidad: la inestabilidad y el cambio climático, que ha alargado las temporadas de lluvia, incrementando los volúmenes de agua. Por eso, cada que se repite la escena, es un recordatorio del error de no haber construido una infraestructura vial adaptada a los ecosistemas, así como de la incapacidad de los gobiernos, tanto nacionales como distritales, de emprender soluciones a largo plazo, conciliando el choque medioambiente y desarrollo.
¿Cómo se construyó?
La Autopista Norte fue la primera de su tipo en Colombia y desde su génesis venía con defectos. “En la época en la que se construyó, no había criterios de protección ambiental y la ciudad siguió su expansión al norte. El cemento y los edificios, que fueron poblando la zona, hicieron que estos suelos hoy no puedan absorber agua”, dice Darío Hidalgo, profesor de transporte e ingeniería de la U. Javeriana. En consecuencia, “los sistemas de drenaje y cursos de agua de la avenida nunca se diseñaron para tanta agua”, apuntó el experto. Y es que la Autopista tiene unas estructuras conocidas como ‘box culvert’ o alcantarillas de cajón, que, hoy día, tienen una capacidad baja para contener los fuertes aguaceros en la zona.
Por su parte, la explicación que dio Lagos de Torca (gestor de la urbanización en el borde norte), tras las inundaciones de finales de 2024 sigue vigente: “el principal problema ocurre cuando las aguas llegan al inicio del humedal Torca: se genera una inundación debido a la falta de una conexión adecuada, que permita que el agua continúe su flujo natural. Esto bloquea el flujo y el humedal no tiene la capacidad para amortiguar estos eventos de lluvia extrema, ocasionando la inundación”.
Alcantarillado
Otro lío que se suma es el del alcantarillado, cuya limpieza resulta problemática, por la cantidad de residuos que la gente sigue botando sin reparo. Diego Restrepo, máster en gestión de riesgo de inundaciones, subraya las condiciones de limpieza de las alcantarillas de esta zona: “muchas veces está colmatado, tapado de escombros o sedimentos. Al combinarse ambas cosas, estamos frente a una zona de alto riesgo de inundación, que afecta la autopista. Por eso es clave combinar la gestión del riesgo como el manejo apropiado del humedal, que cumple una tarea importante como la regulación de caudales y disminución de inundaciones”.
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¿Y la ampliación? Un proyecto sin luz verde
En medio de esto, la ampliación de la Autopista Norte, entre las calles 191 y 245, parece una solución, pero sigue siendo otra deuda por saldar, que requiere manejo especial, para que el remedio no vaya a ser peor que la enfermedad. El proyecto lo estructuró en 2020 la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), bajo la figura de una alianza público-privada. En 2023, el concesionario Accesos Norte Fase 2, que ha invertido $217.000 millones en la fase de preconstrucción, se alistaba para ponerlo en marcha. Para avanzar tramitó los permisos ante la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), pero en enero de 2024 archivaron su solicitud, por líos en su estructuración, relacionados con los impactos a los ecosistemas.
En su momento, se explicó así la decisión: “El archivo obedeció a la falta de armonización de diseños con los proyectos del Distrito y a las dudas sobre la capacidad hidráulica de la solución planteada para la ampliación, pues la necesidad de recuperar la conectividad de los humedales sugiere una solución elevada de la Autopista Norte, que permita recuperar la permeabilidad de los flujos de agua”.
Esta visión la respaldan ambientalistas como Sabina Rodríguez Van der Hammen, quien señala la necesidad de realizar la ampliación, pero con lineamiento que contribuyan a la recuperación ambiental. “Esta es la oportunidad de corregir el daño que se hizo al fragmentar el humedal. Seguro será una obra más costosa, al tener vías elevadas que permitan la conectividad de los ecosistemas, pero a largo plazo se evitarían los costos que hoy seguimos pagando”. El proyecto está a la espera del concepto de armonización de diseños con la Alcaldía, para luego radicar de nuevo la solicitud de licencia ante la ANLA. “Es probable que no veamos ninguna intervención hasta 2026. Mientras tanto, si hay lluvias fuertes, las inundaciones seguirán”, concluyó Hidalgo.
El asunto es que, entre más tarden, más compleja será la solución. En especial, por el proyecto de resolución del Ministerio de Ambiente, que busca endurecer las exigencias ambientales a las obras en la zona, para proteger los ecosistemas en la sabana de Bogotá. De aprobarse, los nuevos lineamientos ambientales serán más complejos de cumplir y el proyecto se tendrá que repensar. Por ahora, se mantienen la misma pregunta de hace 68 años: ¿cómo corregir el error? Será momento de buscar una solución definitiva, que concilie el desarrollo y la protección del medioambiente. De no hacer algo pronto, llegará el punto en el que acceder por el norte será más fácil en bote que en carro particular.
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