Bogotá, con un potencial de 6,1 millones de votos (15 % del censo nacional), es una plaza clave en la carrera por la Presidencia y en la lucha por llegar a la Casa de Nariño 2026-2030 se vivirá un cabeza a cabeza en segunda vuelta. Al menos, es lo que permiten interpretar los resultados de la primera vuelta, en la que salieron a votar 4.130.084 bogotanos. Si bien se impuso Iván Cepeda, ratificando que en la capital hay una fuerte base progresista, el preconteo dejó claro el repunte de la derecha. Esta corriente no solo llega a la segunda vuelta con Abelardo de la Espriella, sino que, al sumar los votos de todos sus candidatos, superan a la izquierda, fenómeno que no ocurría en la capital desde 2010.
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En general, la jornada se vivió con calma y arrancó con el llamado del alcalde Carlos Fernando Galán “a respetar los resultados” y abriendo las casi 17.000 mesas de votación, que estuvieron custodiadas por casi 12.000 uniformados de la Policía y 2.500 gestores de diálogo de la Secretaría de Gobierno. Desde tempranas horas hubo una alta afluencia de personas, que acudieron a su cita con la democracia. Desde el Puesto de Mando Unificado (PMU), la administración desarrolló actividades de monitoreo y vigilancia, y concluyó al final que no hubo hechos que alteraran el orden público, salvo algunas denuncias ciudadanas por posibles irregularidades.
Así votó Bogotá y Cundinamarca
En la tarde, la Procuraduría reportó 90 quejas y la Personería de Bogotá otras 27, la mayoría por dificultades en el ejercicio del derecho al voto. El Ministerio del Interior, por su parte, informó que Bogotá fue la ciudad con mayor recepción de quejas (267) y la Misión de Observación Electoral (MOE) habló de 48 reportes ciudadanos, muchos de ellos en Usaquén, Chapinero y Kennedy, por errores en la identificación de votantes, registros equivocados de firmas y huellas, ciudadanos que no aparecían como votantes, formularios presuntamente firmados antes de la llegada del votante, 11 reportes sobre el envío masivo de mensajes de texto promoviendo candidaturas y 8 reportes por presencia de publicidad política dentro de puestos de votación. A las 4:00 p.m. cerraron las urnas sin mayor novedad.
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Los resultados en Bogotá
Tras un rápido escrutinio y con un reporte del 100 % de las mesas, las cifras crudas dejan a Iván Cepeda (quien reunió a todas las fuerzas de izquierda) en el primer puesto con 1.706.249 votos (41,67 % de los sufragios válidos en Bogotá), recogiendo los frutos de un proyecto político que hace 20 años apenas lograba 500.000 votos. Lo que llama la atención es que Cepeda no logró superar a Gustavo Petro, quien en 2022 obtuvo 1.772.001 apoyos en primera, lo que demuestra una pérdida de electores y un posible estancamiento de esta corriente en la capital.
Esta realidad contrasta con la fotografía que muestra la derecha, una vertiente que venía perdiendo seguidores en las presidenciales (pasó de 1,4 millones de votos en 2006 a 833.000 en 2022). Hoy hay optimismo, no solo porque estará presente en segunda vuelta con el candidato Abelardo de la Espriella, quien alcanzó 1.543.517 (casi 162.000 menos que Cepeda), sino porque, al sumar los votos de todos los candidatos que puso en el tarjetón, superan al progresismo con suficiencia. Solo contando con el anunciado apoyo de Paloma Valencia, quien alcanzó el tercer lugar con 372.142 votos, alcanzan 1.915.659, superando por más de 200.000 sufragios a la izquierda.
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En Cundinamarca, la situación fue diferente. De la Espriella se impuso con 724.083 votos, superando por 124.051 sufragios a Iván Cepeda, quien obtuvo 600.032. La ventaja de la derecha en el departamento, de cara a la segunda vuelta, la amplían los 123.140 votos que alcanzó Paloma Valencia.
Ahora, la lucha por liderar la capital, sin duda, se concentrará en cautivar al electorado de centro para la segunda vuelta, prevista para el 21 de junio, representado en los 258.410 votos que obtuvo Sergio Fajardo y 102.440 de Claudia López (los mismos que en 2018, como dupla, sacaron 1.244.477). Ambos en Cundinamarca sumaron 71.750 y 26.925 respectivamente. Además, el reto incluye atraer el voto de los indecisos y los casi 100.000 que votaron en blanco en Bogotá y Cundinamarca.
Así las cosas, de cara al 21 de junio, Bogotá deja de ser el fortín asegurado de la izquierda para convertirse en el gran campo de batalla electoral del país. El progresismo tendrá el desafío de sacudirse el estancamiento y tender puentes, mientras que la derecha buscará capitalizar su resurrección. Con una participación histórica de más de cuatro millones de votantes, el futuro inquilino de la Casa de Nariño dependerá de quién logre interpretar mejor las urgencias de una ciudad que, como demostraron las urnas, ya no le firma cheques en blanco a ningún extremo.
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