
José Molina lleva una década trabajando como operario de aseo en Bogotá.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
Gravitando bajo una garúa de polvo tóxico, en el cielo con el peor aire de la ciudad, José camina sobre la autopista apoyado en un gran cepillo vertical que ocupa una cuarta parte del andén. Arrastra papeles, colillas de cigarrillo y otras basuras de la indiferencia para dejar el lugar lo más limpio posible. No durará, dicen los pocos que se fijan en su labor, mientras él prefiere pensar en el final de su ruta para ignorar la incómoda verdad en el rumor de quienes lo ven, y en el nuevo lamparón de basura que recogerá al día siguiente.
Desde...

Por Miguel Ángel Vivas Tróchez
Periodista egresado de la Universidad Externado de Colombia interesado en Economía, política y coyuntura internacional.juvenalurbino97 mvivas@elespectador.com
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