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Con alegres cánticos, provenientes de las voces del coro, la parroquia de San Sebastián recibe, de martes a domingo, cientos de niños, jóvenes y adultos que se acercan hasta este lugar para escuchar la palabra de Dios. A diferencia de las demás iglesias de Bogotá, ésta fue construida bajo tierra, dejando a la vista solamente un par de cruces plateadas que se alzan hasta el cielo, recordándoles a los desprevenidos transeúntes que bajo sus pies se encuentra la casa del Señor.
Como en el siglo primero, cuando el cristianismo era considerado una herejía y los cristianos se escondían bajo tierra, en catacumbas, por temor a ser asesinados por los romanos y judíos, hoy en día, los cientos de habitantes de los 32 conjuntos que componen el barrio Ciudad Tunal acuden a misa en la primera iglesia subterránea con la que cuenta la ciudad.
Construida hace casi 22 años dentro del centro comercial Ciudad Tunal, se convirtió en el principal centro religioso del sector. Tanto así, que en un domingo la parroquia puede llegar a recibir más de 1.000 católicos. Además, es el lugar predilecto de los habitantes de Ciudad Bolívar para llevar a bautizar a sus hijos. "Es impresionante la cantidad de gente que viene hasta acá a bautizar a sus niños, sobre todo en los meses de junio y diciembre", comentó el padre Luis Alfonso Pardo, quien desde hace tres años es el responsable de la parroquia.
Aunque en un principio el lugar había sido destinado para la construcción de uno de los casinos más grandes de América Latina, el Banco Central Hipotecario, dueño del local, al ver que nadie arrendaba el negocio, le cedió temporalmente el espacio a la parroquia mientras conseguía un cliente. En el año 2000, cuando esta entidad bancaria fue liquidada, la Arquidiócesis de Bogotá compró el lugar.
Además de ser subterránea, la parroquia de San Sebastián se caracteriza por ser una de las más animadas. "Nosotros tratamos de hacer una misa para personas jóvenes, para niños, queremos que la nuestra no sea una misa monótona, sino que todo el mundo participe y se la goce", dijo el padre.
Según una de las fieles asistentes a la parroquia, "la misa es muy bonita. Ahí es diferente, le ponen mucha energía". Además, como lo manifestó Gloria Castillo, otra feligresa, "la misa es tan enérgica que a uno no le da sueño".
Uno de los personajes característicos del lugar es Jaime Preciado López, quien desde hace 14 años es el encargado de animar y colaborar en todo lo respectivo a la eucaristía. "Acá cantamos los salmos y esa es nuestra forma de estar con Dios, alabándolo para hacerlo más alegre; así la gente se vincula más". Preciado es también el encargado de vender y distribuir en folletos la palabra de Dios.
Hace unos meses la parroquia adquirió un videobeam con el que se proyectan las letras de las canciones con el fin de que todos los asistentes participen. "Como muchas veces la gente no se sabe las canciones, decidimos proyectar las letras para que la misa sea más dinámica", dijo el padre Luis Alfonso Pardo.
Pese a que la parroquia de San Sebastián no cuenta con grandes cúpulas que se extiendan hasta el cielo o una fachada imponente y visible a los ojos de los habitantes del barrio Ciudad Tunal, se ha convertido en un centro religioso en donde la comunidad rememora aquellos primeros tiempos del cristianismo y comparte en comunidad.
Allí, las voces se escuchan con mayor profundidad y las doctrinas taladran con su eco. A veces no hay luces, la iluminación no se desborda, comentan los vecinos, pero dicen también que la oscuridad y ese sonido agudo y subterráneo que se repite día a día en la catacumba son los que generan misticismo. Como en los tiempos de las persecuciones, "cuando los cristianos éramos carne de león".