El luenes volvió la lluvia, volvieron las nubes y el barro, pero ni el rock ni la energía del público desfallecieron. El grupo mexicano Zoé dejó el alma en el escenario y la banda alternativa originaria de New Orleans Mutemah no fue inferior a su reto de desencadenar adrenalina en los 15 años de Rock al Parque.
8:50 p.m. El parque metropolitano Simón Bolívar no tenía espacio para un alma más. Oe Oe Oe cantaba el público impaciente por la presencia de Andrés Calamaro, quien salió al escenario 10 minutos después de lo planeado. Abrió con el primer sencillo Los divinos, de su nuevo álbum On the Rock, y después vinieron temas del Salmón. Vestido de negro, con gafas de sol y un foulard de calavera calmó las ansias del público que aclamaba su voz. Histeria general. Agradecimiento al público. Vivas al invitado. Loas al rock.
Este año la calidad de las bandas bajó un poco de nivel por el cambio de calendario, teniendo en cuenta que los meses de mayo, junio y julio son el agosto para las agrupaciones musicales, ya que se encuentran agendadas para los festivales de verano americanos y europeos. Sin embargo, esto no impidió que el Festival tuviera grandes invitados, pese a que también fue visitado por la lluvia.
Biohazard, con su hard core, mezcla de trash metal y rap, y Samael con black metal fueron los más destacados del sábado, el día de los sonidos más pesados y oscuros. Es la primera vez que Suiza se presenta en el Festival con este último. Según los asistentes, el grupo le dejó ver a Rock al Parque que el metal puede innovar, estar a la vanguardia y salirse de la estructura clásica, porque el baterista funcionaba como tres músicos en uno. “Se bajaron del escenario y le dieron el micrófono al público metalero, que demostró ser educado y saberse comportar”.
Entre crestas, rastas, tatuajes, taches, piercings, ropa negra y simplemente jeans y camisetas, Rock al Parque se consolidó como un espacio de inclusión y diversidad. “El tema de la convivencia es esencial en la política pública de este evento”, afirmó María Claudia Parias, directora de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, quien estuvo al frente de este encuentro musical.
El domingo, día de fusiones, de punk, de reggae, fue uno de los de mayor afluencia con un poderoso concierto de Ky-Mani Marley, quien revivió el espíritu de su padre cantando los clásicos temas como I shot the sheriff, No woman no cry, Redemption song, entre otros. El jamaiquino le hizo saber a todos que estaba encantado con la buena onda de Bogotá. El cierre del escenario Plaza lo hizo el grupo inglés Asian Dub Foundation, que puso a bailar al público y a temblar la tierra. Ovaciones, máximo respeto, buena energía, felicidad en masa. ¡Que se repita!