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La lógica, a la luz de las movidas de la campaña por la Alcaldía, indicaba que si Antanas Mockus le hacía el guiño a algún candidato sería a Rafael Pardo. Líderes salidos de sus entrañas, como el exsenador y exprecandidato presidencial John Sudarsky o el candidato al Concejo Diego Cancino, por quien el exalcalde ha invitado a votar, anunciaron hace unas semanas su voto por el exministro liberal. La opción se alcanzó a rumorar, pero finalmente la venia fue para Enrique Peñalosa, de quien Mockus se había distanciado hace cuatro años, cuando aquél decidió aceptar el apoyo de Álvaro Uribe. También por eso parecía una opción lejana.
Las heridas, sin embargo, sanaron. Ayer anunciaron desde Nueva York que otra vez miran hacia el mismo lado. Mockus declaró: “Todos estamos buscando ejemplos de paz y reconciliación, y queremos enviar un mensaje en ese sentido. Hacer borrón y cuenta nueva”. Peñalosa complementó: “Tenemos una larga relación de trabajo por Bogotá. Hemos estado juntos y tenido diferencias, pero hemos trabajado sin ningún compromiso distinto que la ciudad”.
Y aunque eso es cierto, el anuncio no cayó muy bien entre ciertos líderes que se han forjado a la sombra de Mockus, bajo el paraguas de los Visionarios, sobre todo después de que la mayoría se había decidido por Pardo o Clara López.
Desde los 90
Mockus y Peñalosa son un símbolo de la Bogotá que dio un salto fundamental como ciudad desde mediados de los 90. Se enfrentaron en la campaña de 1994, cuando ganó Mockus por primera vez y comenzó a aplicar aquella política que le ha dado reconocimiento: la cultura ciudadana. Renunció debido a sus aspiraciones presidenciales y en las siguientes elecciones Peñalosa insistió y ganó. Era 1997. Su legado, esencialmente urbano, es reconocido: Transmilenio, megabibliotecas y parques, por decirlo de forma general. Mockus regresó a la administración en el año 2000, confirmando que la mayoría de votantes de la capital estaba jugada por opciones alternativas a los partidos tradicionales.
Los dos, a pesar de tener distintos énfasis, se han asumido desde entonces como complementarios, incluso a la hora de tomar decisiones impopulares. En una reciente entrevista, Mockus le dijo a la periodista Lariza Pizano: “Si no hubiéramos implementado la sobretasa a la gasolina, ni vendido las acciones de la Empresa de Energía, no habríamos logrado, ni Enrique Peñalosa ni yo, hacer todo lo que hicimos desde la Alcaldía”.
En 2010 quisieron trabajar juntos y, al lado de Sergio Fajardo y Lucho Garzón, impulsaron la Ola Verde, que ese año llevó a Mockus a la segunda vuelta presidencial. Pero el entusiasmo que generó ese movimiento no se ha concretado en un proyecto político sólido, en parte porque sus líderes comenzaron a chocar.
Quizás el mejor ejemplo de eso fue el apoyo que Peñalosa aceptó del expresidente Álvaro Uribe en la campaña por la Alcaldía de 2011. Mockus renunció de inmediato al Partido Verde, en el que ambos militaban, y adhirió a Gina Parody con el fin de enfrentarlos. Perdieron frente a Gustavo Petro. Un año después Peñalosa sorprendió al declarar que, tras esos choques, consideraba que Mockus “no era un buen ser humano”.
Los inconformes
Los Visionarios no lograron cohesionarse para esta campaña. Si hace cuatro años, cuando Mockus estaba metido de lleno en la contienda, él era la figura que los aglutinaba, y estaba claro que la fórmula Peñalosa-Uribe no era una opción, en esta ocasión las cosas cambiaron. El Espectador habló con cuatro políticos mockusistas que confirmaron que, aunque hubo reuniones para definir por quién se inclinarían, no lo hicieron de forma sistemática y terminaron decidiendo por aparte.
Jorge Torres, candidato de la Alianza Verde al Concejo y por quien Mockus ha invitado a votar, admite que la agenda del profesor fue un obstáculo. Ambos, sin embargo, mantuvieron un constante contacto: “En las últimas semanas revisamos con mucho cuidado los planes de gobierno de Enrique y Rafael. Son los dos candidatos que están más cerca al ideario de Visionarios y de la cultura ciudadana, pero el de Peñalosa es más potente”.
Con Pardo está el exsenador Sudarsky, que asegura que Visionarios, como grupo, se acaba. Él no congenia con Peñalosa porque, a su juicio, el apoyo a Uribe dio al traste con un proyecto político con muchas posibilidades. Recuerda incluso que a él y a la representante a la Cámara Ángela Robledo, también del ala de Mockus, los peñalosistas quisieron expulsarlos del Partido Verde. “Tampoco confío en lo que dice y hace Peñalosa”, concluye.
A él se suma Diego Cancino, candidato al Concejo con quien Pardo se comprometió a invertir $500.000 millones en cultura ciudadana. Lamenta que, como Visionarios, no hayan logrado construir una voz unificada, aunque considera positivo que la bandera de la cultura ciudadana se enarbole en las tres campañas más fuertes.
Con Pardo también están otras figuras del ala de Mockus, como la exsecretaria Carmenza Saldías, el economista Salomón Kalmanovitz y el exalcalde (e) Paul Bromberg.
La representante Robledo, que apoya a Clara López, dice que, a pesar del respeto que tiene por Mockus, se encuentra más alineada con la izquierda. No baja a Peñalosa de oportunista y se muestra sorprendida por la decisión de su amigo, pues termina “al lado de Vargas Lleras y de Cambio Radical, un partido tan cuestionado”.
Peñalosa, de todas formas, ha dado un importante golpe de opinión. Aunque es una figura “antipartidos” (a pesar de que se ha servido de ellos), el apoyo de Cambio Radical y de un sector de los conservadores no le daba ese aire de candidato independiente que le conviene, le gusta y soporta en las 200.000 firmas que recogió. Mockus le ayuda a refrescarse, aunque por ahora no llegará al país a hacerle campaña. Está en Columbia dictando una cátedra de cultura ciudadana.
Por Carlos Hernández Osorio
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