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Pero no estamos hablando del mandatario colombiano, sino del coronel Álvaro Uribe Corredor, actual comandante de la estación de Policía de Chapinero, quien desde hace mes y medio vigila noche y día las calles de la localidad número dos de Bogotá, que incluye la Zona Rosa.
El ser un homónimo de uno de los hombres más controversiales del país en los últimos años, le ha traído confusiones y anécdotas que recuerda con agrado. En una ocasión, estando en el aeropuerto de Medellín, la persona encargada de rectificar los tiquetes le preguntó: “¿El doctor va a viajar?”. La reacción de Uribe fue de ofensa, pues pensó que se trataba de una broma de mal gusto, que lo estaban tratando despectivamente. Cuando escuchó la pregunta de nuevo, se molestó y se vio en la necesidad de mostrar sus documentos, pues el escepticismo del funcionario pudo más que el creer que era una mera coincidencia de nombres.
De padres santandereanos y abuelo policía, Uribe siempre tuvo un interés especial por la disciplina castrense. Estudió en un colegio militar. Cursó administración policial en la Escuela General Santander. Trabajó en Cartagena comandando el área de antinarcóticos. Allí vio la muerte cerca en cinco ocasiones, cuando fue piloto por 11 años. Ha estado en el Amazonas, en Medellín y Buenaventura, trabajando por la seguridad. Después, y durante un año, comandó la policía en la localidad de Bosa.
Es radical, estricto, disciplinado, apasionado, con mano dura y corazón de padre. No sólo se esfuerza porque sus tres hijos no se ‘tuerzan’, sino que al mismo tiempo lucha con la ola delincuencial que en ocasiones intenta apoderarse de la localidad.
Fue criado con rigidez. Con 38 años, le teme a su propia conciencia, que a la vez suele ser su mejor aliada.
En el diario vivir de su trabajo deja ver sin disimulo en el rostro la indignación al encontrar se con casos en los que un menor pierde la inocencia. La frustración lo envuelve cuando las circunstancias ante un delito no le permiten cumplir con su deber y espera, indefinidamente, seguir mostrando su pasión por la institución y lograr uno de sus principales objetivos: hacer de Chapinero una localidad ejemplar.