17 Apr 2021 - 2:00 a. m.

La memoria también se hace en las calles

Reconocer los rostros de las víctimas en la ciudad es el proyecto que se está cocinando bajo el puente de la autopista Sur con avenida Villavicencio. Detrás está Gustavo Trejos, el papá del grafitero Diego Felipe Becerra, quien busca formas de sanación para las familias afectadas.

Algo se viene preparando bajo el puente de la autopista Sur con avenida Villavicencio. Toda esta semana han estado pintando las columnas de la estructura, donde casi sesenta artistas se reunirán para rendir homenaje a las víctimas en Bogotá. En principio, serán los rostros de los falsos positivos, pero también tendrán un lugar algunas víctimas del abuso policial en la ciudad.

El plan es abrir el segundo museo de la memoria a cielo abierto de “Todas las Vidas Valen”, iniciativa que surgió desde la Fundación Tripido: Diego Felipe Becerra, la cual es liderada por Gustavo Trejos, el padre del joven grafitero, que fue asesinado hace diez años por un policía. “Queremos hacer un llamado a la fuerza pública, porque la mayoría de las víctimas son jóvenes y niños, lo que demuestra que se convirtieron en el enemigo y eso no puede seguir sucediendo. Queremos que la gente sea consciente y reclame para que esto no pase”.

Pero no será lo único. Así como las imágenes llaman la atención de las personas y las motivan a identificar las historias que hay detrás, el fin será dar una voz de apoyo a las familias que han perdido a algún ser querido en su proceso de sanación. Algo como lo que se vivió cuando Maira Páez, esposa de Jaider Fonseca, vio el grafiti que hicieron de él en el puente de la calle 80, donde está la primera galería de víctimas.

Él tenía 17 años, era domiciliario y fue uno de los asesinados el pasado 9 de septiembre, en medio de los disturbios que se desencadenaron en el barrio Verbenal, tras el asesinato de Javier Ordóñez. Ella vio la imagen de cuerpo entero, que quedó plasmada en una de las columnas y lloró. Se acercó sobre un costado para intentar abrazarlo y tomar su mano, la cual no soltó mientras estuvo allí.

“Eso que ocurre es algo indescriptible. Es una mezcla de muchos sentimientos. Esa sensación de verlos reflejados es un sentimiento muy fuerte, porque se logra el objetivo, que es el de preservar la memoria”, indica Trejos. Pero esta no ha sido una tarea fácil. En principio, la fundación le rendía homenaje cada año a Diego Felipe Becerra, con expresiones artísticas, sobre la calle 116, pero en 2019 surgió la idea de pintar los rostros de otros grafiteros asesinados.

“El año pasado, cuando ocurrió la masacre del 9, 10 y 11 de septiembre, decidimos hacerles un homenaje a las víctimas, no en la 116 sino en la calle 80 con avenida Boyacá. Inicialmente nos ganamos la beca de “Festivales al Barrio”, de Idartes, con lo que pintamos el 25 % del puente, pero luego invitamos a la Alta Consejería para las Víctimas para que nos apoyaran, y ahí la condición fue pintar a los líderes sociales asesinados en el marco del proceso de paz”, agregó Trejos.

La idea continuó y en el marco del Día de las Víctimas se decidió hacer esta nueva galería, pero previamente hubo socializaciones, una sembratón y otros encuentros en los que muchos pudieron dejar salir su dolor. “Esa expresión ayuda al consuelo”, asegura Trejos, quien cree que esos encuentros han sido los ambientes propicios para escoger a las víctimas que se dibujarán y elegir a los artistas, como los que han venido trabajando con las madres de Soacha, quienes se encargarán de hacer sus rostros.

Sobre el proyecto, Vladimir Rodríguez, alto consejero para las Víctimas en Bogotá, asegura que “este es un trabajo y un ejercicio que permite recordar para no repetir los hechos sucedidos en el marco del conflicto y también habitar la ciudad desde una estética diferente, que nos recuerde los horrores del conflicto y una resignificación desde el arte, para convertir este territorio en uno de memoria viva”.

Para Trejos, los procesos de las víctimas son complejos, pues además de la impunidad que hay detrás de la mayoría de estos casos (muchas veces víctimas de las fuerzas del Estado), está la impotencia con la que deben vivir todos los días sus familias. “Cada vez que golpean a un muchacho es como si estuvieran asesinando al hijo de uno o de una víctima y eso no lo entiende la gente”.

Él y su esposa han encontrado la sanación en su lucha judicial, primero por limpiar el nombre de Diego Felipe y, segundo, en la búsqueda por el reconocimiento estatal y la condena de quienes cometieron y encubrieron el crimen, pues además de las dificultades en el proceso y la fuga de Wílmer Alarcón (quien disparó contra Becerra), en los últimos años han encontrado que este tipo de crímenes se han normalizado, pese a que el deber ser indica que en ninguna circunstancia deben ocurrir. “Por una amenaza que denunciamos, una fiscal me dijo: ‘Es que si yo investigo a ese policía entonces investiguemos a todos por las denuncias que colocan’. Si un fiscal piensa así, ¿cómo será el resto?”.

Estos días, Trejos y unos grafiteros pintaron de azul el puente como parte de la preparación para que este el lunes comiencen los casi sesenta artistas a pintar los rostros de las víctimas, de tal forma que antes de finalizar la semana esté lista la nueva galería en Bogotá. Pero esta no será la última, pues tienen previstas al menos dos más, para las que pedirán apoyo en la ciudad y así continuar con el proyecto, pero a escala nacional, con las vidas que se han perdido por cuenta del conflicto.

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