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La pesadilla de conseguir un taxi

En la temporada de fin de año los ciudadanos reclaman mejor trato y servicio en este sistema de transporte.

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Verónica Téllez Oliveros
20 de diciembre de 2011 - 09:04 p. m.
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Hace unos días, Mónica Bernal fue a tomar un taxi. Estaba en la calle 85 con carrera 15 y se dirigía a la calle 116. La carrera, por taxímetro, no debía costarle más de $5.000. Sin embargo, antes de subirse, el conductor del vehículo le notificó: no la llevaría por taxímetro, sino que le cobraría, por tan corto recorrido, $17.000.


Indignada, Bernal registró el episodio en la página de internet Denunciandotaxistas.com, un lugar donde por estos días llega una lluvia de quejas de ciudadanos que, en medio de la escasez de taxis, están denunciando que los taxistas se están aprovechando de la situación para disparar los precios de las carreras y, de paso, obligar a los usuarios desesperados a pagarles la prima navideña, pese a que ésta es voluntaria.


En Bogotá hay poco más de 50.200 taxis registrados. Por cuenta del Pico y Placa, cada día un 20% de ellos se queda en casa, lo que implica que unos 40.000 vehículos deberían recorrer las calles de la ciudad para prestarles el servicio a todos aquellos que no les queda fácil o no quieren utilizar transporte público. Sin embargo, por estos días, parece que se necesitará el doble de la flota para satisfacer una demanda exacerbada por las lluvias, las compras y las novenas navideñas.


Pedir un taxi por teléfono —única manera de garantizar la seguridad del servicio— se ha vuelto una tarea imposible. Solicitar un móvil puede tardar entre 30 y 45 minutos, tiempo tras el cual la mayoría de usuarios desisten y deciden lanzarse a la calle en busca de un carro.


Una vez allí, de contar con suerte y conseguirlo, comenzarán las preguntas: “¿Para dónde va?”, “¿Cuánto me paga por ir hasta allá?”. De repente, como denunció un bogotano en la red social Twitter, “la ruta del pasajero no le sirve al taxista”.


Ante el abuso de los taxistas —tanto por el alza arbitraria de precios como por la negación a prestar el servicio—, la Policía de Tránsito estableció dos líneas telefónicas para recibir las denuncias de los usuarios. Los teléfonos son: 364 9435 y 320 838 4992.


Sin embargo, es poco lo que las autoridades pueden hacer. Una vez reportados ante la Policía, las matrículas de los taxistas son enviadas a las empresas, para que sean éstas las que hagan entrar en cintura a sus afiliados.


Jenny Bernal, supervisora de la empresa Telecoper, reconoce que “en esta época es muy complicado para las operadoras conseguir un carro libre, especialmente en el horario de 2:00 a 8:30 p.m. en sectores como el centro, el Parque de la 93, Plaza de las Américas y Salitre”.


Jaime Vargas, conductor afiliado a la empresa Autolagos, dice que la inseguridad de la ciudad es uno de los motivos por los que a veces los conductores prefieren evitar ir a ciertos sectores. A esto se podría sumar el hecho de que muchos conductores decidan salir sólo en horas pico para asegurar la ‘carrera’ y ahorrar gasolina.


¿Levantar el Pico y Placa y liberar los 10.000 taxis que a diario se quedan guardados? “Imposible”, dice una fuente de la Secretaría de Movilidad. “Si se levantó la polémica por el tema del Pico y Placa de buses, imagínese donde tomáramos esa medida”.


En ese laberinto sin salida algunas personas prefieren esperar en sus lugares de trabajo mientras disminuye un poco la congestión. Otros, como el twittero Juan Manuel Prado, han divulgado su receta: “35 minutos de la 170 con Boyacá a la calle 86 con Autonorte... en bicicleta”.

Por Verónica Téllez Oliveros

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