5 Jun 2018 - 2:00 a. m.

La tormenta que afecta el INEM de Kennedy en Bogotá

Una de las sedes de primaria del colegio público tiene filtraciones en el techo que, además de afectar las clases en días de lluvias, han generado grietas.

-Redacción Bogotá - bogota@elespectador.com

Foto: Cortesía.
Foto: Cortesía.

Los estudiantes de primaria del Instituto Nacional de Enseñanza Media (INEM) Francisco de Paula Santander, en la localidad de Kennedy, saben que estar en el salón no los salva de las inclemencias del tiempo. Si empieza a llover, deben correr y buscar un lugar seco. Un hecho pintoresco que se repite en la temporada invernal. Los niños deben tomar rápidamente sus cosas y alejarse de los chorros que caen debido a las canaletas tapadas. El agua entra con tal fuerza que pareciera que lloviera más adentro que afuera.

Esta es una situación que viven los alumnos de tercero, cuarto y quinto de primaria, así como los de bachillerato que reciben clases de artes, ciencias e industria, es decir, al menos 1.500 alumnos de las dos jornadas educativas de la institución distrital. “Esta situación se debe a que el edificio fue construido hace 50 años y como no tiene cielo raso, el agua se filtra fácilmente por las tejas de eternit e inunda los salones”, cuenta Jaime Bonilla, uno de los representantes de los padres de familia.

Pero no es todo. Al parecer, el desagüe no tiene suficiente capacidad y el agua se filtra entre las paredes, haciendo que los tableros de fórmica se levanten y se presenten daños estructurales, los cuales se evidencian en paredes agrietadas y vidrios que se han ido rompiendo. Es por esto que los padres de los alumnos afectados hicieron un plantón la semana pasada frente a la institución, con una gran pancarta que decía “El INEM se cae”, como protesta, ya que los reclamos no han tenido eco en el Distrito, que no incluyó ese edificio en la reestructuración que se adelanta en colegios de otras zonas.

La historia

El colegio INEM Francisco de Paula Santander fue el primero en Latinoamérica que se construyó en respuesta a la recomendación que le hizo la Unesco a los países en vía de desarrollo de implementar sistemas en los que se les diera una oferta de educación superior complementaria a los estudiantes de bachillerato. Es así como el 6 de abril de 1970 entró en funcionamiento.

A partir del año 2000 se instauraron en la institución los niveles de preescolar y primaria, por lo que se sumó a la infraestructura del colegio la sede educativa Casablanca, integrando todos los cursos de educación básica. Con esto listo, la Nación dejó las instalaciones a cargo de la Secretaría de Educación de Bogotá.

Ante las condiciones de la institución, en 2015 se inició la reestructuración de la sede A, en la que se invirtieron $17.624 millones. Lo que hicieron fue tumbar el edificio antiguo y reconstruirlo. De esta forma se entregaron 42 aulas de clase y se adecuaron los sitios que podían representar un riesgo para los menores. Pero entre las zonas que no se intervinieron está el edificio donde reciben clase la mitad de los estudiantes de primaria, por la que hoy protestan los padres de familia.

Es por esto que en sus solicitudes, además de la intervención inmediata a las goteras, está la renovación de la estructura, pues no hay agua potable en los baños, ni espacios adecuados para los profesores ni para los alumnos, a diferencia de las otras sedes del plantel. “Es como si los de bachillerato estudiaran en un colegio privado y los nuestros en uno que apenas sobrevive”, agrega Bonilla.

Ante esto, el pasado viernes Jhony Padilla, director de construcciones de la Secretaría de Educación, estuvo en una mesa de diálogo con los padres de los menores afectados. Según el funcionario, desde ese día comenzaron las evaluaciones estructurales del edificio y se activó una póliza de emergencia para solucionar los problemas de mayor riesgo. Es decir, el cambio de tejas en los salones y en el baño de maestros, donde se presentaban las filtraciones, así como la reposición de los vidrios en las ventanas rotas.

“Lo que pasó fue que se corrieron unas tejas y eso hizo que entrara el agua, entonces las estamos asegurando y tomando los correctivos necesarios. Es una estructura aporticada (vigas y columnas conectados a través de nudos), con mampostería a la vista, entonces presenta unas fisuras normales dentro de sus asentamientos, pero no evidenciamos muros sueltos”, dijo Padilla.

Ahora, como medida de emergencia, la Secretaría se comprometió a revisar y tomar las acciones necesarias en el edificio durante la temporada vacacional de mitad de año, es decir, a partir del  próximo 16 de junio, que los menores salen de estudiar. Además, “acordamos con ellos unos planes de mejoramiento para definir cuáles son las áreas prioritarias, porque ya se han atendido espacios como el coliseo y los desagües, pero hay que tener en cuenta que el colegio es muy grande, tiene casi tres hectáreas”.

Por lo pronto, los padres esperan que en verdad haya acciones que mejoren las condiciones que sus hijos tienen para estudiar, pues la Secretaría también señaló que parte de estas adecuaciones deben salir del presupuesto del colegio, lo que para ellos implicaría el cierre de programas complementarios como el taekwondo o el grupo de producción audiovisual, que han representado a la ciudad en otros países. “Nosotros queremos que nuestros hijos tengan derecho a una educación, porque su único deber es estudiar y si los vamos a enviar al colegio, queremos que sea en condiciones dignas”, concluye Bonilla.

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