Cuando los ciudadanos aún no salían del asombro por la noticia de un padre que perdió la vida cuando trató de defender a su hijo de la agresión de un hincha de Millonarios, dos hinchas más fueron asesinados. Las víctimas fueron Carlos Andrés Medellín y Javier ‘El Terco’ Rodríguez’, seguidores del Atlético Nacional. También los responsables señalados fueron hinchas de millonarios. En esto quedó la antesala al partido que se realizaría el martes 24 de septiembre entre el equipo de la capital y Nacional.
"Si no hay paz en los barrios por el fútbol no puede haber espectáculo en el estadio”. Con esta frase el alcalde Gustavo Petro anticipó su decisión de cancelar el partido de fútbol que se disputaría.
Lo que vive la ciudad ha revelado un profundo problema de convivencia y tolerancia. El reprochable asesinato de los jóvenes coincidió con la presentación en Bogotá del informe Decenal de Cultura Ciudadana de la organización Corpovisionarios. Una de las cifras más reveladoras y frustrantes, si se quiere, es que pese a que los homicidios por delincuencia bajaron entre 2011 y 2012, hay un aumento del 7% en los ocurridos por problemas de convivencia.
Esta no es la única alarma. La violencia interpersonal en Bogotá se duplicó entre 2005 y 2011. Los datos fríos de Medicina Legal dicen que los casos pasaron de 388 a 622 por cada 100 mil habitantes. Y como si fuera poco, Corpovisionarios también señala que hoy una riña es 20 veces más peligrosa que un atraco.
Revisar las opiniones que hoy tienen los bogotanos frente a sus justificaciones para ser violentos no resulta más alentador. Y pareciera que detrás de estos problemas de convivencia hay comportamientos que nos resistimos a eliminar. Hoy los bogotanos siguen considerando que el familismo o el honor son razones para ser violentos.
Precisamente, la encuesta de Corpovisionarios también revela que otro de los problemas de la capital es que los más violentos son los hombres porque detrás de ello hay una cultura del ‘macho machito’, que sobrepasa el respeto por la vida de los demás. Más allá de la resistencia que puedan tener algunos frente a argumentos como este por relacionarlos con el feminismo, se trata de una realidad que no sólo se repite en el país sino en América Latina, como lo dice Henry Murraín, director de proyectos de la organización experta en cultura ciudadana.
Para los bogotanos la decisión del alcalde de suspender el partido del martes, debería ser un llamado a reflexionar sobre lo que sucede con las costumbres y la vida cotidiana en términos de convivencia. El ministro del Interior, Aurelio Iragorri, se refirió a los hechos diciendo que “más que leyes se necesitan cambios profundos de comportamiento ciudadano. Un país que busca parar más de 50 años de violencia en La Habana no puede seguir matándose por una camiseta”. Quizá sobre ello valga la pena reflexionar y esta vez, asumir los problemas que cada uno aporta a la inseguridad de la ciudad y no dejar todo en manos de las administraciones o autoridades.