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Las horas más amargas del alcalde Petro

El alcalde de Bogotá estuvo en la Sala de Crisis de la Alcaldía con todo su gabinete, advirtiéndoles lo que se venía. Sus hijos, su esposa y hasta su papá llegaron al Palacio Liévano a apoyarlo.

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Diana Carolina Durán Núñez
11 de diciembre de 2013 - 07:13 a. m.
Las horas más amargas del alcalde Petro
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Este lunes, la imagen la captaron las cámaras que grababan lo que se suponía iba a ser solamente la intervención de Gustavo Petro en el Foro de Transparencia y Lucha contra la Corrupción promovido por la Veeduría de Bogotá: mientras el alcalde discutía junto al ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez, le entró un mensaje de texto a su celular. El procurador Alejandro Ordóñez acababa de anunciar en rueda de prensa su sanción por cuenta del cambio del esquema de recolección de basuras, y así se lo estaban dejando saber en el mensaje. “He sido destituido con 15 años de inhabilidad”, dijo Petro de inmediato. Sin alzar el tono de la voz. (Lea: ‘El caos de las basuras fue premeditado')

Pasaron seis horas entre ese momento y aquel en que Gustavo Petro Urrego se paró en un balcón del Palacio Liévano a hablarles a los miles de personas que, convocadas por él mismo, arribaron a la Plaza de Bolívar. Posiblemente fueron las seis horas más amargas en su vida política. El Espectador hizo el ejercicio de reconstruirlas. Guillermo Jaramillo, el secretario de Gobierno, se encontraba también con Petro en el foro y, al conocer de la rueda de prensa televisada, fue a buscar dónde verla. Tanto él como otros funcionarios de la Alcaldía se pararon estupefactos frente al televisor mientras escuchaban que, según la Procuraduría, Petro no podía ser más el alcalde de Bogotá.

Una funcionaria de la Alcaldía rompió en llanto mientras Petro, en la tarima, le decía al público que él había sido inhabilitado por 15 años, lo que implicaba que cuando pudiera volver a la arena pública tendría 68 años. “Eso significa una cadena perpetua”, fueron las últimas palabras que Petro alcanzó a pronunciar en el evento. Con parsimonia, y sin mostrar más emociones, dejó el lugar. En menos de una hora, tanto él como quienes estaban en el foro (María Victoria Duque, la secretaria general Susana Muhamad y el secretario Guillermo Jaramillo) estaban de regreso en el Palacio Liévano. En el cuarto piso. En la Sala de Crisis.

La primera reunión fue con al menos tres abogados: Mario Iguarán, quien lo representa ante la Fiscalía por la investigación de las basuras; Julio César Ortiz, su defensor en la Procuraduría, y Daniel Prado, uno de los asesores que manejan el caso que Petro presentó ante el Sistema Interamericano por supuesta persecución ideológica de parte de Alejandro Ordóñez. Luego fue el turno de los secretarios, con quienes se reunió a puerta cerrada. Óscar Sánchez, secretario de Educación, se encontraba en una sala de espera en el aeropuerto y tuvo que devolverse. A todos ellos les dijo entonces parte del discurso que, horas más tarde, retumbaría en la Plaza de Bolívar. Les dijo, además, que el presupuesto recién aprobado por el Concejo —$14 billones— de ninguna manera podía volverse piñata.

A la Sala de Crisis llegaron también 17 de los 20 alcaldes locales que tiene Bogotá. En total, se estima que Petro alcanzó a reunir a unas 40 personas en ese lugar, de las cuales El Espectador habló con seis. Todos aseguraron haber visto al recién destituido mandatario de la capital sereno. Nadie lo vio fuera de sus cabales. Su discurso desde el inicio fue: “Aquí hubo un golpe de Estado”. Petro les explicó que “sólo el pueblo podría hacer que el procurador reconsiderara su medida”. Les advirtió, sin embargo, que de ninguna manera se podía llegar a escenarios violentos. Almorzó, como el resto de la sala, un sándwich y un paquete de papas, que todos pagaron de su bolsillo.

En el transcurso de la tarde fue llegando su familia a respaldarlo. Llegó su esposa, Verónica Alcocer, junto con sus dos hijos. Los mismos que salieron junto a Petro en Canal Capital, visiblemente afectados por lo que estaba ocurriendo. Llegó el hijo mayor del alcalde, Nicolás, abogado. También llegó el padre del mandatario. Nadie vio a Petro tomando agua de valeriana o trago alguno. “El ambiente era de calma total”, afirmaron. Los cálculos políticos, no obstante, estaban a la orden del día: “Estamos entre el juego de Pacho Santos y la reelección de Juan Manuel Santos”, le dijo Petro a su gabinete, confirmando además que extendería todos los plazos legales a los que tiene derecho mientras descifra cómo salir de este laberinto.

Sólo en un momento Petro titubeó. Cuando su calma parecía agotarse, le confesó a su gente: “Reconozco que nunca pensé que el procurador llegaría tan lejos”.


dduran@elespectador.com
@dicaduran

Por Diana Carolina Durán Núñez

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